La retirada rusa de Siria: ¿nueva estrategia o señal de la decadencia de Moscú en Medio Oriente?

Mientras Rusia evacúa sus bases en Qamishli, la incertidumbre sobre su papel en Siria y sus intereses estratégicos en la región crece día a día

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Por años, Rusia desempeñó un papel protagónico en el conflicto sirio, apuntalando al régimen de Bashar al-Asad con contundencia militar y hegemonía política. Pero los recientes movimientos dentro del noreste sirio, específicamente en Qamishli, revelan un giro significativo: las fuerzas rusas se están retirando progresivamente de posiciones clave en territorios controlados por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lo que podría reconfigurar el tablero geopolítico del conflicto sirio y más allá.

Qamishli: un escenario vaciado

La ciudad de Qamishli, en el noreste de Siria, ha sido un enclave estratégico para Rusia. La base rusa junto al aeropuerto internacional ha sido un reflejo simbólico y práctico del control y la influencia de Moscú en la región. Sin embargo, según testigos locales y combatientes de las FDS, Rusia ha comenzado a evacuar equipos militares y personal desde hace varios días. La base inspeccionada recientemente estaba casi desierta, con solo ropa, suplementos y equipo de gimnasio abandonado como evidencia del pasado reciente.

"Comenzaron a irse hace cinco o seis días. No sabemos si su destino fue Rusia o la base aérea de Hmeimim en la costa", relató Ahmed Ali, miembro de las FDS que ahora resguarda la zona.

Bashar al-Asad: una historia de poder y caída

La situación actual resulta paradójica si se considera que fue precisamente Rusia quien, en 2015, salvó a Bashar al-Asad de una caída casi segura durante lo más álgido de la guerra civil. La intervención rusa cambió el rumbo militar del conflicto, utilizando tácticas de “tierra arrasada” para aplastar la resistencia rebelde y asegurar el control del régimen sobre las principales ciudades.

Hoy, sin embargo, Bashar al-Asad vive en el exilio, refugiado por Moscú tras la ofensiva rebelde de diciembre de 2024. El nuevo líder interino, Ahmad al-Sharaa, surgido de esa misma ofensiva, ha adoptado una postura pragmática respecto a sus relaciones con Rusia, permitiendo su permanencia en las bases costeras, aunque con cambios evidentes en el equilibrio del poder.

¿Adiós a la era de influencia rusa?

La retirada progresiva de Qamishli podría indicar varias cosas:

  • Repliegue estratégico: Rusia estaría consolidando su presencia exclusivamente en las áreas costeras, donde los costos logísticos y la seguridad son más manejables.
  • Redistribución de recursos: Dada la presión creciente en otras áreas —como Ucrania o el Cáucaso— Moscú podría estar reorientando su poder militar hacia frentes más prioritarios.
  • Frágil alianza con Damasco: La salida de Asad y el ascenso de al-Sharaa reconfiguraron la dinámica entre el Kremlin y el nuevo gobierno sirio, que, aunque pragmático, no parece ofrecer las mismas concesiones anteriores.

Según analistas occidentales, este proceso puede marcar el comienzo del “desacoplamiento ruso” en Medio Oriente, una región donde Turquía, Irán y Estados Unidos continúan pujando por espacio geopolítico.

Las FDS, atrapadas en el limbo

Las Fuerzas Democráticas Sirias, una organización encabezada por kurdos pero que también incluye árabes y otros grupos étnicos, luchan ahora por redefinir su papel en medio del vacío de poder que deja Rusia. Tras perder gran parte de su territorio en ofensivas gubernamentales recientes, la FDS enfrenta la disyuntiva de integrarse en el aparato militar nacional bajo los nuevos líderes o sostener su autonomía con apoyo incierto de Occidente.

Un intento reciente de unificar sus fuerzas con el nuevo Gobierno de Damasco acabó en violencia a principio de mes, quebrando las negociaciones. Luego de duros enfrentamientos, ambas partes acordaron una prórroga al cese al fuego por otros 15 días, tratando de evitar un conflicto mayor.

No obstante, el ambiente entre la población civil sigue siendo de temor y resentimiento. “No hemos tenido ni paz ni libertad en más de una década. Y ahora, no sabemos si regresar los soldados rusos o si nos bombardearán de nuevo”, decía un residente local en condición de anonimato.

El poco entusiasmo de Moscú por un nuevo alfil

Pese a la salida de al-Asad, Putin no ha mostrado una postura hostil hacia al-Sharaa. De hecho, el presidente interino sirio tiene programada una visita a Moscú esta misma semana. Esto plantea preguntas críticas: ¿Está Rusia apostando por codiseñar el futuro post-Asad? ¿Acaso ha aprendido a operar con mayor flexibilidad política, incluso sin aliados incondicionales?

Moscú ha demostrado que no está dispuesto a defender incondicionalmente a personajes caídos en desgracia. Ya sucedió anteriormente en otros contextos: Ucrania oriental, Kazajistán y Armenia, donde la intervención rusa ha sido más mesurada de lo que los gobiernos locales esperaban.

Estadísticas de presencia militar rusa en Siria

  • Presencia máxima estimada de tropas rusas entre 2016-2022: 6,000 efectivos (según Defense News).
  • Desde 2023, esa cifra se redujo estimadamente a la mitad, dado el reordenamiento militar tras el conflicto ucraniano.
  • Al menos 3 bases logísticas rusas han cerrado en el interior sirio desde principios de 2024.

¿Y ahora qué?

Aunque todo parece indicar una retirada parcial, Rusia no se está yendo del todo de Siria. Mantiene firme su presencia en la base naval de Tartus y la aérea de Hmeimim, dos pilares para su proyección de poder en el Mediterráneo oriental. Además, las relaciones con Teherán y Ankara seguirán influyendo decisivamente en el modelo de contención regional que Moscú promueve desde la retirada parcial de Estados Unidos bajo la administración Biden.

Como afirmó el analista sirio Jalal Hariri para el medio Al-Monitor: “Lo que vemos en Siria no es un repliegue total, sino una reestructuración para adaptarse a una nueva realidad en la cual Rusia no puede jugar en todos los frentes al mismo tiempo.”

Opinión: La luz que ya no alumbra

Rusia quiso ser faro en el caos sirio, y ahora apenas es una vela que parpadea. La retirada en Qamishli no sólo es un movimiento logístico, es también simbólico: es la aceptación de un nuevo orden, uno donde ni la nostalgia imperial ni la disciplina militar bastan para mantener el control.

¿Significa esto la decadencia definitiva de la influencia de Moscú? No. Significa que, en conflictos cada vez más híbridos, el poder blando, las alianzas diversificadas, y la adaptabilidad táctica son más importantes que nunca. Siria avanza hacia otro ciclo, donde aún hay más preguntas que respuestas. Pero una cosa es segura: el tablero ha cambiado, y Rusia, aunque aún se sienta a la mesa, tiene ahora menos fichas para jugar.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press