México, Cuba y EE.UU.: petróleo, geopolítica y decisiones soberanas en el tablero latinoamericano

La suspensión del envío de crudo mexicano a Cuba abre una nueva etapa en las relaciones trilaterales con Washington presionando, La Habana resistiendo y la administración Sheinbaum caminando sobre una cuerda floja.

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El crudo siempre ha sido más que un recurso económico. En América Latina, el petróleo es también política exterior, soberanía nacional y estrategia geopolítica. La reciente decisión del gobierno mexicano de suspender, al menos temporalmente, los envíos de petróleo a Cuba ha desatado todo un debate político y diplomático que involucra a tres actores clave: México, Cuba y Estados Unidos.

¿Qué hay detrás de esta medida aparentemente técnica y “soberana”? ¿Es realmente una simple fluctuación logística de PEMEX o un movimiento calculado dentro del ajedrez regional? Y más importante aún: ¿puede México seguir afirmando su independencia energética y diplomática mientras evita reacciones adversas desde Washington?

PEMEX, la sangre energética de Cuba

En los últimos años, las exportaciones de petróleo mexicano han jugado un papel crucial para mantener operativa la red energética cubana. De acuerdo con datos de Petróleos Mexicanos, entre enero y septiembre del 2025 se enviaron aproximadamente 20,000 barriles diarios de crudo a la isla caribeña. Esta cifra se redujo drásticamente a unos 7,000 barriles diarios tras la visita del entonces Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, a Ciudad de México en septiembre.

Esto sucede en un contexto de profunda crisis energética en Cuba, acentuada por el colapso definitivo del suministro desde Venezuela. La administración Trump ha aplicado férreas sanciones contra Caracas —y más aún tras la desaparición política de Nicolás Maduro— cerrando la llave de petróleo subsidiado a La Habana.

Así, el petróleo mexicano se había convertido en una suerte de último bastión energético para los cubanos. Hasta que llegó la pausa.

La ambigüedad calculada de Claudia Sheinbaum

El 27 de enero del 2026, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, en su conferencia matutina, respondió a preguntas sobre la interrupción del flujo petrolero desde PEMEX hacia Cuba. “Suspender es una decisión soberana y se toma cuando es necesario”, declaró sin entrar en mayores detalles operativos ni confirmar una futura reanudación de los envíos.

La frase generó titulares. Pero también preguntas. ¿Significa esto una ruptura con La Habana? ¿Se produjo bajo presión de la Casa Blanca? ¿Hay un cambio doctrinario en la política regional de la Cuarta Transformación bajo Sheinbaum?

Por el momento, no existe prueba de una solicitud directa por parte de Washington para cortar el suministro a Cuba. Lo que sí se sabe es que EE.UU. ha aumentado su presión diplomática y económica para lograr un mayor “alineamiento” de México en temas sensibles, como los vínculos de Cuba con regímenes sancionados y el combate al narcotráfico.

Entre la solidaridad y la realpolitik

Históricamente, México ha cultivado una relación de respeto y cooperación con Cuba. Desde los tiempos de Lázaro Cárdenas hasta la era AMLO, ser un puente con La Habana ha sido una fuente de legitimidad regional. En este marco, Sheinbaum ha reiterado su disposición de mantener la solidaridad con el pueblo cubano… aunque todavía no ha aclarado en qué se traducirá esa solidaridad, ahora que el petróleo escasea.

El profesor Jorge Piñón, experto en energía del Energy Institute de la Universidad de Texas, lo explicó así al diario El Financiero: “Sheinbaum camina sobre una cuerda floja. Por un lado, quiere mantener una narrativa de apoyo a Cuba; por otro, tiene que negociar acuerdos clave con Washington mientras EE.UU. endurece sus condiciones en seguridad y comercio.”

De hecho, esta aparente contradicción ya se ha hecho notar con el reciente traslado a EE.UU. de decenas de presuntos miembros de cárteles mexicanos, efectuado sin una orden formal de extradición, lo que ha generado críticas y sospechas sobre el alcance real de la autonomía mexicana frente a la influencia estadounidense.

La política energética como herramienta diplomática

Usar o no usar petróleo como arma diplomática no es nuevo. Venezuela lo hizo por décadas con Petrocaribe. Rusia, hasta antes de la guerra con Ucrania, dominaba el sector energético de Europa del Este a través del gas. En el caso mexicano, la energía ha sido tradicionalmente vista como una herramienta de desarrollo interno más que de negociación externa. Sin embargo, eso podría estar cambiando.

La propia Sheinbaum admitió recientemente que la política exterior energética debe “modernizarse y adaptarse a las nuevas realidades multipolares del hemisferio”. Esto, en idioma diplomático, puede significar que se está abriendo la puerta para replantear alianzas estratégicas en función de variables económicas y presiones geopolíticas globales.

Crisis energética en Cuba: la catástrofe silenciosa

La crisis energética en la isla no es nueva, pero se ha agravado con la salida de petróleo venezolano. Se estima que más del 60% de la energía eléctrica de Cuba depende de derivados del petróleo. Sin subsidios externos y con una infraestructura obsoleta, los apagones son el pan de cada día, afectando desde hospitales hasta la producción alimentaria.

Además, el sistema de refinación cubano no permite flexibilidades: necesita crudos pesados como el mexicano, lo que hace aún más compleja la sustitución. El corte del suministro por parte de PEMEX, temporal o no, supone un golpe estratégico con efectos sociales inmediatos.

La presión del norte: Trump y su visión para el hemisferio

En paralelo, Donald Trump ha dedicado buena parte de su discurso de campaña a rescatar la retórica de la Guerra Fría. Ha declarado que “Cuba está al borde del colapso” y que ningún petróleo debe llegar desde Venezuela ni otros aliados “antiamericanos” como México.

Aunque estas declaraciones no son formalmente vinculantes, sí generan un efecto político. Funcionarios mexicanos admiten en privado que algunas decisiones logísticas tienen que pasar por el filtro de la posibilidad de generar tensiones bilaterales. Y con negociaciones comerciales clave por delante (como la renovación del TMEC en 2026), Sheinbaum no puede permitirse choques frontales con Washington.

¿Qué sigue para Cuba, PEMEX y Sheinbaum?

Hasta ahora, ni el gobierno cubano ni PEMEX han emitido comentarios oficiales detallados. En La Habana, el silencio ha sido interpretado como preocupación. México todavía no ha informado si reanudará los envíos, aumentará otro tipo de ayuda o cambiará su enfoque estratégico de manera definitiva.

Pero el mensaje ya fue enviado: México no es impermeable a las presiones de su entorno, y aunque mantiene un discurso independiente, las circunstancias actuales podrían estar revelando los límites de esa autonomía.

Como dijo el analista geopolítico argentino Juan Gabriel Tokatlian: “En un sistema interamericano donde EE.UU. aún marca las pautas, sostener una política exterior verdaderamente soberana exige más que voluntad: requiere poder económico, diversificación de mercados y una narrativa coherente de política pública.”

Y es en ese sentido que la decisión de Sheinbaum no puede verse como un simple ajuste de PEMEX, sino más bien como el reflejo anticipado de una diplomacia energética cada vez más condicionada entre el pragmatismo económico, la presión hemisférica y la herencia ideológica de sus antecesores.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press