‘No Kings’: Las protestas masivas que desafían el autoritarismo de Trump
El movimiento ‘No Kings’ vuelve esta primavera con la intención de protagonizar la mayor manifestación de la historia estadounidense
Un grito nacional contra el autoritarismo
Este 28 de marzo se espera una nueva ola de movilizaciones sin precedentes bajo la bandera de “No Kings” en Estados Unidos. Lo que comenzó como una respuesta a las medidas draconianas del expresidente Donald Trump ha evolucionado en una de las mayores expresiones de descontento en la historia moderna del país, movilizando a millones en calles, plazas y redes sociales.
Según Ezra Levin, codirector ejecutivo de la organización civil Indivisible, esta tercera ronda de protestas podría ser la más grande hasta la fecha: “Esperamos ver hasta nueve millones de personas participando”. Y no es solo una cuestión de números: hay una causa detrás que prende el fervor en el corazón del país.
Del enfado al activismo: el origen de “No Kings”
El movimiento tuvo su primera gran aparición en junio pasado, con manifestaciones en casi 2.000 localidades en todo el territorio estadounidense. En aquel entonces, las protestas estallaron como respuesta a una serie de redadas migratorias federales y al despliegue de la Guardia Nacional en Los Ángeles por parte del gobierno de Trump, medidas que fueron vistas como excesos autoritarios y militarización de la vida civil.
La tensión alcanzó su punto álgido cuando Trump organizó un desfile militar en Washington D.C. para celebrar el 250º aniversario del Ejército, coincidiendo también con su cumpleaños. Para los organizadores de “No Kings”, aquello fue más una coronación simbólica que una actividad patriótica, reflejando su deseo de consolidar poder personal al estilo de un monarca.
La chispa de Minneapolis: una ciudad que arde
Los planes para la tercera gran ronda de protestas ya estaban en marcha cuando, en febrero, la crisis en Minneapolis estalló nuevamente: dos inmigrantes murieron en enfrentamientos violentos tras una redada de agentes federales. La muerte de Alex Pretti provocó indignación en todo el país.
Levin manifestó que estos hechos han redirigido los focos del movimiento: “Queremos mostrar nuestro apoyo a Minnesota y a todas las comunidades inmigrantes que están siendo asediadas”.
El lenguaje es claro: acusan al gobierno de contar con una “policía secreta” que asesina ciudadanos estadounidenses e infringe derechos constitucionales fundamentales. Para ellos, el escenario se perfila como una lucha crucial por el alma de la democracia estadounidense.
Los antecedentes del movimiento: 2023 y 2024
La segunda oleada de “No Kings” se dio en octubre del año pasado, con protestas en más de 2.700 ciudades. Esta vez, además del tema migratorio, se sumaron factores como:
- Promesas de utilizar el poder federal para influir en las elecciones de medio término.
- Restricciones a la libertad de prensa.
- Represalias contra adversarios políticos.
Para muchos participantes, estas medidas evidencian una deriva autoritaria. En redes sociales, tanto Trump como la Casa Blanca ridiculizaron las protestas con imágenes editadas donde se ve al exmandatario con corona, en una más de sus estrategias de confrontación directa.
¿Qué busca realmente el movimiento?
Más allá del espectáculo mediático de las grandes marchas, los organizadores insisten en que “No Kings” busca algo más profundo: un compromiso cívico sostenido. Mediante capacitaciones, redes locales y acciones intermedias, el objetivo es mantener viva la resistencia a las políticas “antidemocráticas”.
Levin lo resume así: “No se trata de demócratas contra republicanos. Se trata de si tenemos o no una democracia. ¿Qué le diremos a nuestros hijos cuando pregunten qué hicimos en este momento?”
Comparaciones históricas: ecos de otros movimientos masivos
Para entender su magnitud, vale la pena situar “No Kings” en el contexto de otras movilizaciones:
- El Movimiento por los Derechos Civiles en los años 60 movilizó a cientos de miles en Washington.
- Las marchas contra la guerra de Vietnam también reunieron cifras históricas.
- Más recientemente, el movimiento Black Lives Matter alcanzó picos de hasta 26 millones de manifestantes, según el New York Times.
Si se alcanza la estimación de 9 millones de personas manifestándose simultáneamente el 28 de marzo próximo, se trataría de una de las mayores acciones de protesta jamás registradas en Estados Unidos.
Críticas y apoyo en amplios sectores políticos
Algunos sectores conservadores han calificado las protestas como una forma de “odio a América”. Pero también hay republicanos moderados, especialmente a nivel local, que han mostrado preocupación por el uso excesivo de poder federal.
Lo interesante es que “No Kings” ha logrado fomentar una coalición variada: desde activistas progresistas hasta veteranos de guerra, trabajadores sindicalizados e incluso empresarios, todos unidos por la causa de preservar la democracia.
Una mirada al futuro: ¿puede cambiar algo?
Si bien las protestas no cambian inmediatamente políticas, sí elevan el costo político de mantener ciertas medidas. Además, generan visibilidad, cambian narrativas y presionan a cargos públicos de todos los niveles.
Como ejemplo, tras las movilizaciones de octubre, varios alcaldes y gobernadores detuvieron colaboraciones con agencias federales de inmigración. Asimismo, cerca de 48 representantes firmaron una carta exigiendo una auditoría completa de las operaciones migratorias del gobierno.
El poder de ejercer derechos constitucionales
Para Levin y otros organizadores, la clave está en usar las propias herramientas que la Constitución ofrece: la protesta pacífica, la organización local, el acceso a representantes electos y sobre todo, el voto informado.
“La única manera de defender nuestros derechos es ejercerlos”, concluye Levin.
La historia sigue en marcha, y el 28 de marzo promete marcar un nuevo capítulo.