“Sirāt”: Raves, desolación y esperanza en una distopía más real de lo que creemos

La película de Oliver Laxe mezcla guerra, música electrónica y la angustia de un padre en búsqueda, logrando una crítica social tan intensa como visualmente poética

Un viaje distópico que refleja realidades actuales

“Sirāt”, dirigida por Oliver Laxe, se ha convertido en una de las películas más comentadas del año, no solo por su planteamiento distópico cargado de simbolismo, sino por su impacto emocional y su brutal resonancia con la actualidad. Ubicada en un Norte de África azotado por una hipotética Tercera Guerra Mundial, la historia sigue a Luis, un padre que viaja por el desierto con su hijo y su perro en busca de su hija desaparecida. Pero este argumento simple se construye sobre una compleja red de capas estéticas, filosóficas y sociales.

La cinta parece una improbable mezcla entre Mad Max: Fury Road y el espíritu psicodélico de los raves de los años 90. Sin embargo, bajo la estética punk y neón, encontramos una tremenda reflexión: el dolor de la pérdida, la búsqueda incesante y la fragilidad del ser humano frente al caos sociopolítico.

Lo audiovisual como catarsis espiritual

Rodada entre el desierto marroquí y la región española de Teruel, “Sirāt” impresiona desde su fotografía hasta el uso de la música. No es de extrañar que haya ganado el Premio del Jurado, el Premio a la Mejor Banda Sonora Original y hasta el curioso “Palm Dog Jury Prize” en Cannes, por el desempeño de los perros Lupita y Pipa. Pero más allá de los galardones, es una película que recuerda a su espectador que mirar hacia dentro es imprescindible.

“No hacemos ciencia ficción; hablamos del dolor de vivir en este mundo”, comentó el actor Sergi López en una entrevista.

Tal como sugiere su título —sirāt significa “camino” en árabe y en el islam representa el puente que debe cruzarse en el juicio final—, la cinta es una travesía espiritual tanto como geográfica. Luis no solo cruza el desierto, sino también los cabos podridos de su propia alma.

La violencia del presente en el espejo del futuro

Una de las dimensiones más relevantes de “Sirāt” es cómo refleja problemas actuales. Oliver Laxe ha declarado que quiso tomar las referencias del presente —inestabilidad política, desapariciones forzadas, migraciones forzadas— y llevarlas a un contexto futurista para enfatizar sus consecuencias humanas. En México, donde miles de familias buscan a sus desaparecidos sin apoyo oficial, la imagen de un padre que recorre el desierto sin saber si encontrará viva a su hija adquiere un eco desgarrador.

“La desaparición es peor que la muerte; es una muerte eterna”, dice López relatando sus emociones al encarnar al devastado Luis.

Una comunidad rave con conciencia social

Laxe introduce un elemento poco común en la ciencia ficción: el universo rave. Jóvenes con estética punk-psicodélica que vagan por la desolación organizando fiestas electrónicas autosustentables. Y, aunque a primera vista podrían parecer simplemente hedonistas, el actor Sergi López quedó sorprendido al sumergirse en esta subcultura:

“Descubrí un grupo con una brutal conciencia social… Mujeres seguras, respeto mutuo, conexión. Cuando desmontan un rave no dejan ni un papel en el suelo.”

Esto resuena como una crítica indirecta a nuestra sociedad de consumo. En un mundo en ruinas, ellos construyen comunidad desde el ritmo. Vida desde la música.

La actuación: química entre generaciones

El trabajo actoral en “Sirāt” también merece mención especial. Bruno Núñez Arjona, el niño que interpreta a Esteban, hijo del protagonista, deslumbra con una interpretación sobria y conmovedora. La complicidad con López es visible y aporta dimensión emocional a una historia ya cargada de tensión y melancolía.

“Caminábamos juntos entre escenas. Bruno se divertía especialmente cuando había coches en movimiento y explosiones. Era como estar en un parque de atracciones”, recuerda López con ternura.

Otra forma de hablar de familia y resistencia

El concepto de familia en “Sirāt” se redefine radicalmente. No es solo sanguínea. En un mundo errático, lleno de guerras, donde la ley no existe, la “familia” puede ser cualquiera que camine contigo. Ravers, sobrevivientes, perros…

“Así es la vida: intentar seguir adelante con lo que te tocó. Aunque duela, lo haces acompañado —aunque sea por una familia de punks que no conoces”, dice López.

Esta visión alternativa y esperanzadora frente al caos interpela al espectador. En medio de la guerra, aún hay lugar para la bondad, la música y los vínculos humanos más inesperados.

Nominaciones al Óscar y visibilidad internacional

“Sirāt” ha logrado traspasar los límites del circuito europeo. Fue nominada a los Premios Óscar en las categorías de Mejor Película Internacional y Mejor Sonido, reafirmando su potencia tanto narrativa como técnica. La academia parece estar reconociendo no solo los grandes estudios, sino también estas propuestas más indie que trabajan la narrativa desde el corazón.

Oliver Laxe, director francés de ascendencia gallega y con 41 años, consolida con este filme su rol como creador con un discurso propio. Su filmografía, que incluye obras como “Mimosas” (2016) y “Lo que arde” (2019), ya había mostrado su inclinación por el cine espiritual, contemplativo y emocional. “Sirāt” lleva esa propuesta a un nuevo nivel.

Una tendencia hacia el cine con consciencia

El éxito de películas como “Sirāt” demuestra que el público está receptivo a narrativas más densas, introspectivas, alejadas del puro entretenimiento. Como reconocía Sergi López, la industria suele mirar con condescendencia a lo alternativo, pero cuando estos relatos conectan con las emociones más profundas del espectador, no hay superhéroe que compita.

En palabras del actor:

“Uno no puede ver ‘Sirāt’ sin sentirse tocado por las preguntas que lanza: ¿cómo se vive cuando todo lo que amas ha desaparecido? ¿Es posible tener esperanza en medio del horror? ¿Dónde empieza el final y cuándo se convierte en un nuevo comienzo?”

Y eso es lo que hace grande al cine: no responderlo todo, sino dejar que el espectador empiece a hacerse las preguntas correctas.

No ficción disfrazada de futuro

Aunque es una obra de ficción, todo en “Sirāt” tiene un pie en la realidad. En un mundo donde ya hay crisis migratorias, desertificación, guerras por agua y desaparecidos sistemáticos, lo que vemos no es un futuro improbable: es una proyección poética de las noticias de hoy.

Por eso, “Sirāt” no es solo una película más. Es una advertencia. Es una elegía. Y, a su modo insólito, también es un canto a la vida. Una joya cinematográfica que brilla en el polvo ardiente del desierto para recordarnos que, incluso entre ruinas, hay caminos por andar.

“Sirāt” representa, con poesía brutal, el drama universal del duelo, de la búsqueda y del amor incondicional. Es una de esas películas que no se olvidan, que incomodan, que conmueven. Y que, probablemente, necesitábamos más de lo que pensábamos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press