Hawái frente a una política migratoria mortal: ¿Santuario o sumisión?
El asesinato de manifestantes por parte de agentes federales desata un movimiento político en Hawái en defensa de los derechos de los inmigrantes
El estallido de un país en crisis
En un clima político enrarecido, marcado por el temor, la indignación y la represión, Hawái se ha convertido en un foco inesperado de resistencia contra la violencia gubernamental hacia inmigrantes. La reciente muerte de dos manifestantes a manos de agentes federales —Renee Good y Alex Pretti— ha puesto en jaque el espíritu democrático de los Estados Unidos, y ha motivado al gobernador de Hawái, Josh Green, a lanzar una contundente declaración de principios en defensa de los derechos humanos.
El gobernador, respaldado por cientos de ciudadanos que se congregaron en el Capitolio estatal, declaró: “Obviamente, este momento en América es peligroso” y agregó que está a favor de que la legislatura estatal apruebe rápidamente leyes que protejan a los inmigrantes. Palabras que, de inmediato, rebotaron en el ecosistema político local con reacciones encontradas.
De la represión a la acción legislativa: ¿un cambio posible?
Los asesinatos de Pretti y Good no son incidentes aislados, sino el punto álgido de una escalada de persecuciones contra comunidades de inmigrantes a manos de agencias como ICE (Inmigración y Control de Aduanas). Las denuncias por prácticas extrajudiciales, como registros sin órdenes judiciales y detenciones violatorias del debido proceso, han saturado las noticias locales desde inicios de año.
Ante este panorama, emergen dos proyectos legislativos clave en Hawái:
- Un proyecto que prohíbe a la policía local cooperar con agencias migratorias federales, salvo en los casos de delitos graves.
- Una ley para resguardar espacios seguros —hospitales, escuelas, juzgados y bibliotecas— donde los agentes federales no podrán detener ni interrogar a inmigrantes.
Estas iniciativas, que en 2023 quedaron varadas en comités, ahora podrían ganar tracción. Jarrett Keohokalole, senador estatal y candidato al Congreso, expresó intenciones claras: “Solicitaremos que estos proyectos se discutan lo antes posible”.
Ruptura interna: política dividida en Honolulu
Pero las declaraciones de Green tomaron por sorpresa incluso a los legisladores demócratas, quienes no esperaban un giro tan confrontativo frente a la administración federal.
Sean Quinlan, líder de la mayoría demócrata en la Cámara, fue honesto al admitir: “No sabía que el gobernador pensaba en esa dirección”. Por su parte, Lauren Cheape Matsumoto, líder minoritaria republicana, manifestó apoyaría el avance rápido de las propuestas “siempre que se respeten los procesos públicos y se escuche a la ciudadanía”.
Ese mismo desconcierto revela el delicado equilibrio que debe mantener Green: defender los valores locales sin antagonizar abiertamente con Washington, especialmente bajo una posible segunda presidencia de Donald Trump.
El precedente histórico: la protección del aborto como espejo
Hawái ya ha utilizado la vía del “fast-track” legislativo en temas urgentes. En 2023, la legislatura aceleró una ley para proteger el derecho al aborto luego del fallo federal que revocó Roe v. Wade. Ese antecedente refuerza la viabilidad de actuar rápidamente también en el ámbito migratorio, según evaluó Keohokalole.
No obstante, los procedimientos para acelerar legislación son complejos: generalmente requieren que los proyectos pasen por el menor número de comités posible, con pocas enmiendas, para ser luego enviados al gobernador.
ICE: El ‘enemigo interno’
La presencia de ICE en suelo estadounidense ha sido escenario de múltiples controversias. Fundada en 2003, la agencia ha sido objeto de investigación por prácticas que rozan la ilegalidad, como detenciones sin orden judicial y separación familiar en centros de detención.
Según un reporte del American Immigration Council (2023), ICE realizó más de 143,000 arrestos en 2022, de los cuales casi la mitad carecían de cargos criminales. Los abusos no se limitan al arresto: centros de detención han sido señalados por condiciones inhumanas y violaciones sistemáticas de derechos civiles.
En ciudades como Chicago y Minneapolis —consideradas “ciudades santuario”—, ICE ha redoblado su presencia como castigo político, intensificando operativos sin justificación aparente. Y ahora, con asesinatos como los de Pretti y Good, la agencia ha cruzado una nueva línea roja.
El rol del gobernador Green: esperanzas y contradicciones
Green ha expresado su intención de mantener un canal abierto con la administración federal, declarando recientemente: “Es mi trabajo mantener una línea de comunicación sin poner a Hawái en la mira de represalias”. Sin embargo, también ha afirmado que “nunca debemos apuntar a nuestros ciudadanos […], ni a aquellos que viven y trabajan pacíficamente en nuestro país”.
La tensión entre diálogo pragmático y acción decidida será inevitable. Apoyar abiertamente leyes tipo ‘santuario’ podría ganarle enemigos en Washington, pero también convertirlo en héroe en su estado y entre defensores de los derechos civiles a nivel nacional.
Voces desde la comunidad: dolor, exigencia y autodefensa
Las organizaciones de derechos humanos no han dudado en expresar su respaldo a las acciones anunciadas. Sergio Alcubilla, de la ACLU en Hawái, aseguró: “Queríamos que se comprometieran a proteger a Hawái, y lo hicieron”.
Por su parte, Liza Ryan Gill, coordinadora de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes, fue más contundente: “La esperanza no es una estrategia. Necesitamos estar preparados, como si se tratara de un desastre natural”.
Hawái, ¿Estado Santuario?
El término “estado santuario” suele asociarse con protección a inmigrantes frente a medidas federales abusivas. Aunque sin definición legal única, designa a aquellos territorios que limitan su cooperación con ICE y resguardan los derechos básicos de quienes no tienen documentación regularizada.
Ciudades como San Francisco, Los Ángeles y Portland ya han tomado ese camino. Pero enfrentan sistemáticamente recortes federales, etiquetamiento mediático negativo y mayor presión de agencias migratorias.
En este contexto, convertir a Hawái en uno de esos estados implicaría un acto político audaz con implicancias nacionales. Green y los legisladores locales deben considerar el costo de la inacción, en un momento donde la violencia institucional no parece tener límites.
Violencia y derechos: la protección también es prevención
La muerte de Renee Good y Alex Pretti —ambos ciudadanos vinculados con labores esenciales: una madre, un enfermero— ha provocado un punto de inflexión en la percepción pública sobre las acciones de ICE.
Good fue asesinada en su auto durante una parada de tránsito, presuntamente por “resistirse a ser detenida”. Pretti, quien participaba como voluntario médico en una manifestación, fue fatalmente baleado mientras atendía a un manifestante herido. Ninguno de los dos portaba armas.
Sus rostros, elevados al rango de símbolos en pancartas durante la gran manifestación en el Capitolio de Hawái, sirven de llamado a la acción colectiva, tanto al electorado como a los representantes políticos.
Por qué Hawái podría liderar un nuevo paradigma
Hawái es un estado con una profunda historia de migración: japoneses, filipinos, coreanos, polinesios y latinoamericanos han tejido el mosaico cultural que hoy define su identidad. De ahí que las agresiones contra inmigrantes impacten doblemente fuerte en su población.
Además, por su aislamiento geográfico, Hawái suele tener mayor autonomía operativa en políticas públicas e infraestructura legal, lo que le permitiría innovar y liderar un nuevo paradigma legal frente a la represión migratoria federal.
En 2022, el estado reformó de forma independiente su sistema de salud reproductiva tras la caída de Roe v. Wade, extendiendo el acceso a servicios de aborto aún en zonas rurales. ¿Podría hacer lo mismo ahora con las políticas de inmigración?
Un momento de definición
La convergencia de tragedias personales, movilización comunitaria e intenciones políticas ha puesto a Hawái en el centro de una discusión clave en Estados Unidos: ¿puede un estado enfrentarse directamente al aparato federal en defensa de los derechos humanos?
Más que una crisis local, lo que se vive en Hawái es el espejo de un país fracturado entre la seguridad nacional mal entendida y la necesidad urgente de respeto integral a los derechos civiles.
Si las propuestas de ley avanzan, si se convierte en estado santuario o si al menos se consolida una legislación que limite el abuso de poder federal, Hawái podría convertirse en ejemplo para otros estados que hoy callan frente a la represión.
