La ciencia detrás del espectáculo: cómo se prepara el campo para el Super Bowl
Más allá del juego, el verdadero desafío es que el césped esté perfecto para atletas, artistas y millones de espectadores
Por más de un año, el Super Bowl 59 se ha estado jugando… en un campo de cultivo. Aunque parezca exagerado, esa es la realidad del trabajo de Nick Pappas, director de campos de la NFL. Mucho antes de que los jugadores se pongan los cascos, de que el espectáculo del medio tiempo esté montado o que inicien las apuestas, Pappas y su equipo ya están trabajando para que el campo del Levi's Stadium sea digno del evento deportivo más visto en Estados Unidos.
Más que césped: el terreno más codiciado del deporte
El Super Bowl no es solo un partido. Es un fenómeno cultural, deportivo y económico. Mientras que los focos de atención se centran en los equipos finalistas y las estrellas que cantan en el medio tiempo, Pappas lo resume sin rodeos: “Es el terreno más caro del mundo, todos quieren un pedazo de él”.
Controlar ese terreno deseado no es tarea fácil. Desde escoger la granja de césped adecuada hasta calendarizar los ensayos del espectáculo musical y las sesiones de entrenamiento. Todo debe ocurrir en una coreografía precisa, donde el menor error puede traducirse en lesiones, críticas o incluso decisiones cuestionables dentro del campo.
Comienza en una granja... sí, ¡una granja!
Todo inició hace 16 meses cuando Pappas eligió una granja al este de Santa Clara, California. No era la primera vez que trabajaba con ella: también fue responsable del césped para el Super Bowl de Las Vegas y es proveedora habitual del estadio de los San Francisco 49ers.
En los siguientes meses, Pappas visitó la granja regularmente. Analizó tres posibles lotes, evaluando textura, color, resistencia y crecimiento. Finalmente eligió el mejor y en enero comenzó el proceso de instalarlo en Levi's Stadium.
Un trabajo contra reloj: transformar el estadio
Cuando los 49ers terminaron su temporada regular, los trabajos comenzaron al día casi siguiente: el 6 de enero se removió el césped anterior y el 8 ya se estaba instalando el nuevo logrado tras más de un año de cuidados. Como los 49ers aún estaban en playoffs, Pappas tenía un “plan B”: instalar otro campo si el equipo llegaba a la Final de la NFC.
La eliminación de los 49ers despejó el camino y el enfoque se centró en el Super Bowl.
Cuidado quirúrgico para un evento multimillonario
Una vez instalado el nuevo césped, comienza una fase de extrema atención:
- Aireación: para permitir que el aire y nutrientes lleguen a las raíces.
- Top dressing: aplicación de arena o compost para mejorar el drenaje y nivelar la superficie.
- Cortes regulares a medida exacta de juego.
- Aplicación de fertilizantes y uso de grow lights, luces LED rosadas que estimulan el crecimiento.
En naturaleza, enero suele ser un mes lluvioso, pero este año fue particularmente seco, algo que el equipo agradece ya que permite controlar con mayor precisión la humedad en el campo.
¿Puede un robot medir la seguridad de un campo?
Sí. Y se llama BEAST. Este sistema —cuyo nombre completo es Biomechanical Elite Athlete Surface Tester— incluye una pierna robótica equipada con un taco de fútbol americano que emula los movimientos de un jugador real: giros, frenadas, arranques, cambios de dirección.
El objetivo: evitar campos ‘pegajosos’ que aumenten el riesgo de lesiones o ‘resbalosos’ como el Super Bowl de 2023 en Arizona, ampliamente criticado por su mal desempeño y donde hubo múltiples resbalones.
Según Philipe Aldahir, jefe de innovación de Biocore —la empresa detrás del BEAST—, el campo se prueba en 60 lugares diferentes y en distintos días para ver si el comportamiento cambia con el uso.
A esto se suma el STRIKE, otra herramienta de medición que evalúa la firmeza del terreno. Así se evita que el campo esté demasiado duro o blando. Ambas herramientas son usadas oficialmente por la NFL en todos sus estadios, pero especialmente antes de un juego tan importante como el Super Bowl.
La pintura final: arte y precisión
Una vez aprobado por los robots y expertos, llega la fase artística: pintar el campo. Yardas, logos, banderas, emblemas... todo debe verse perfecto tanto en televisión como en el estadio.
Brian Johnson, veterano rugbier y pintor profesional de campos, ha sido el encargado de esta tarea por 30 años. “Pintar el escudo (‘The Shield’) es su bebé”, dice Pappas.
Una vez que se conoce a los finalistas del juego, se pintan los logos específicos en las zonas de anotación. Estos colores también deben resistir pisadas, humedad y los miles de flashes de las cámaras HD que capturan cada centímetro del campo.
Un campo, múltiples propósitos (y demandas)
El césped del Super Bowl no es solo para jugar: debe soportar:
- Ensayos del show de medio tiempo durante varios días.
- Montaje y desmontaje de estructuras pesadas.
- Ruedas de grandes plataformas móviles.
- Entrenamientos especiales antes del partido.
- El propio juego, con más de 120 jugadas de impacto físico intenso.
Eso requiere una estrecha colaboración entre el equipo de campo, la producción del espectáculo y los encargados de logística. “El objetivo de todos es entregar perfección. Ya sea el equipo de césped o los que brindan entretenimiento: todos buscamos que todo salga perfecto”, dice Pappas.
El costo invisible del espectáculo
El costo exacto de este proceso no ha sido divulgado oficialmente, pero expertos de la industria han estimado que el campo del Super Bowl puede costar entre 500,000 y 1 millón de dólares incluyendo cultivo, transporte, instalación, mantenimiento y tecnología de pruebas.
Si esto suena elevado, es porque lo es. Pero también se compara con el retorno de inversión: el Super Bowl genera hasta 7 mil millones de dólares en ingresos publicitarios, turismo, mercadeo y derechos de retransmisión. Cada detalle debe ser perfecto.
Perfección medida al milímetro: tradición desde hace décadas
Desde que el Super Bowl comenzó en 1967, la logística ha evolucionado enormemente. El primer juego fue en el Memorial Coliseum de Los Ángeles con apenas 60,000 espectadores. Hoy, temas como el tipo de semilla de césped y los sensores de presión del suelo forman parte de la ecuación.
A pesar de toda la tecnología, lo que permanece duro como el acero es el estándar: el Super Bowl debe ser un evento sin fisuras. Ningún pase, tackle o touchdown debe ser arruinado por un mal parche de césped.
En palabras del propio Pappas: “Lo que más deseamos es que nadie hable del campo… porque eso significa que hemos hecho un trabajo perfecto”.