La visita de Keir Starmer a China: ¿puede el Reino Unido reinventar su papel en Asia?

El Primer Ministro británico apuesta por reconstruir lazos con Pekín y potenciar el comercio de servicios, en medio de tensiones geopolíticas y desafíos económicos

Keir Starmer, Primer Ministro del Reino Unido, ha emprendido una visita trascendental a China con el objetivo de reconstruir relaciones diplomáticas y abrir nuevas oportunidades comerciales para las empresas británicas dentro de la segunda economía más grande del planeta.

Se trata del primer viaje de un líder británico a Pekín desde 2018, cuando Theresa May ocupaba el cargo. Y llega en un momento en el que las tensiones geopolíticas están lejos de desaparecer: desde las preocupaciones por el espionaje chino, el respaldo de Pekín a Rusia en la guerra de Ucrania, hasta la represión de libertades en Hong Kong, los temas espinosos abundan.

Una relación que necesita reconciliación

La década pasada mostró un deterioro progresivo de las relaciones del Reino Unido con China. A pesar de una “Edad de oro” declarada por David Cameron y Xi Jinping en 2015, la realidad actual es más sombría.

El Reino Unido se ha mostrado escéptico con respecto a inversiones chinas en sectores estratégicos como el 5G y energía nuclear. A eso se suman decisiones controversiales como la creación de una mega-embajada china en Londres, aprobada recientemente a pesar de las críticas por posible espionaje e intimidación de disidentes.

Sin embargo, ambas partes parecen decididas a "buscar puntos en común y gestionar las diferencias", según palabras de Zheng Zeguang, embajador chino en Londres.

El nuevo enfoque: comercio y servicios

Starmer no viaja solo. Lo acompaña una delegación de más de 60 empresarios y líderes culturales británicos que, al igual que el primer ministro, ven en China una oportunidad invaluable.

Shanghai, la capital financiera del país asiático, está entre sus paradas clave. Allí se esperan reuniones de alto nivel con inversores y autoridades chinas.

Según el Consejo de Negocios China-Reino Unido, el momento económico actual presenta enormes posibilidades, especialmente en el sector servicios. Áreas como salud, atención al adulto mayor, consultoría y finanzas encuentran en China un mercado emergente con gran apetito.

Dato clave: Aunque el Reino Unido mantiene un déficit comercial con China en bienes, en servicios registra un superávit.

Como explicaba Wang Yiwei, experto en asuntos europeos de la Universidad de Renmin, “el deseo de China por servicios de calidad y experiencia internacional está creciendo. Es una oportunidad que el Reino Unido debe aprovechar”.

China, ¿sociedad o adversario en potencia?

China continúa cuidando sus relaciones exteriores con atención. A pesar de mostrarse como un contrapeso del poder estadounidense, incluso Pekín reconoce los desafíos de confrontar al gigante del norte directamente.

La visita de Starmer se produce en un contexto aún marcado por la política disruptiva del expresidente Donald Trump. Sus aranceles y amenazas económicas forzaron a múltiples países —entre ellos Gran Bretaña, Canadá y la Unión Europea— a replantear sus prioridades comerciales globales.

Mark Carney, ex gobernador del Banco de Inglaterra y figura clave en la política canadiense, también visitó China recientemente con fines similares.

El gobierno de Starmer, al igual que otros, busca así diversificar sus socios, tanto para reducir riesgos como para ganar posición en un nuevo tablero económico mundial.

¿Hasta dónde llega el pragmatismo?

Una de las preguntas más complejas que enfrenta la diplomacia británica es cómo equilibrar intereses económicos con principios democráticos. Hong Kong —antigua colonia británica— sigue siendo un símbolo clave en esa ecuación.

La reciente condena del empresario y activista Jimmy Lai bajo las leyes de seguridad nacional impuestas por Pekín fue considerada una afrenta directa contra la libertad de prensa y los derechos humanos. Lai además posee ciudadanía británica.

Chris Patten, último gobernador colonial de Hong Kong, instó a Starmer a actuar con firmeza en sus demandas por derechos civiles. “No puede permitirse mirar hacia otro lado cuando hay ciudadanos británicos encarcelados bajo un sistema totalitario”, declaró Patten en declaraciones recientes.

El Primer Ministro británico afirma estar comprometido con estos valores, aunque evita confrontaciones directas durante este delicado viaje con impactos económicos significativos en juego.

El reto de expandir sin dividir

Este delicado equilibrio diplomático no es exclusivo del Reino Unido. India, por ejemplo, también persigue relaciones comerciales con China mientras mantiene tensiones fronterizas vigentes. Y la Unión Europea intenta firmar acuerdos sin comprometer estándares democráticos fundamentales.

La política exterior de Starmer apunta a reconstruir influencia global a través de un enfoque que podría definirse como "realismo constructivo": impulsar la economía nacional, conectar con potencias clave, pero sin ceder en cuestiones estructurales.

Visitando China, espera no solo abrir puertas para empresas de su país, sino enviar una señal de que el Reino Unido aún puede jugar en primera división en el juego global, incluso después del Brexit y con una economía debilitada.

De acuerdo con cifras de la Oficina Nacional de Estadística británica (ONS), el comercio total entre Reino Unido y China alcanzó £93.000 millones en 2025. De ese monto, los bienes representaban £57.000 millones y los servicios £36.000 millones.

Starmer y su diplomacia post-Brexit

Con el Brexit cada vez más alejado del foco principal, Starmer intenta construir una nueva narrativa para el Reino Unido como actor indispensable en el escenario global. Eso requiere apostar por países con poder económico creciente como India, los estados del Golfo y —por supuesto— China.

Pero estas alianzas no son sencillas ni carentes de consecuencias.

Estados Unidos, eterno aliado y socio preferente de Gran Bretaña, observa con reservas este acercamiento con Pekín. El regreso de Trump al centro de poder —o incluso a la presidencia— podría alterar drásticamente el panorama.

Trump ha llegado a amenazar con tarifas del 100% a países que establezcan acuerdos comerciales con China, como hizo recientemente con Canadá.

Esto coloca al Reino Unido en una encrucijada complicada: potenciar su autonomía estratégica sin dañar su relación especial con Washington.

Una apuesta justa… pero arriesgada

La visita de Keir Starmer a China es, en muchos sentidos, una jugada de ajedrez diplomática. Está tomando riesgos calculados para fortalecer a su país económicamente. Pero no todos en Londres, ni en los pasillos del poder global, están convencidos de que sea el momento adecuado o la estrategia correcta.

¿Puede un diálogo efectivo con China impulsar crecimiento sin traicionar valores fundamentales?

¿Hasta qué punto puede expandirse el comercio británico sin provocar tensiones geoestratégicas con sus aliados más cercanos?

En un mundo más fragmentado y polarizado que nunca, las respuestas no son inmediatas ni simples. Pero una cosa parece clara: el Reino Unido, bajo el liderazgo de Starmer, prefiere estar dentro del juego, aunque las reglas cambien constantemente.

Como bien reza un proverbio chino: “Cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros, otros construyen molinos.”

Starmer ha decidido apostar por los molinos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press