Ralph Fiennes transforma la ópera en cine: su poderosa versión de ‘Eugene Onegin’ conquista París
El célebre actor y director británico debuta en la ópera con una visión cinematográfica e íntima de la obra maestra de Tchaikovsky, reviviendo la poesía de Pushkin con una sensibilidad moderna
Una estrella del cine aterriza en la ópera
Ralph Fiennes, reconocido actor británico con tres nominaciones al Oscar y ganador de un Tony, ha dado un salto inesperado pero poderoso al mundo de la ópera. Su debut como director operístico tuvo lugar en uno de los escenarios más majestuosos del mundo: el Palais Garnier de la Ópera de París. La obra elegida para esta hazaña fue ni más ni menos que “Eugene Onegin”, basada en la novela en verso de Alexander Pushkin y musicada por Piotr Ilich Tchaikovsky.
Pero lo que distingue esta versión no es solo la grandiosidad del elenco o el lugar icónico donde se ejecutó: es la estética cinematográfica que Fiennes imprime en cada escena, en cada movimiento, en cada decisión de luz y sombra. Como dijo la mezzosoprano Susan Graham, quien interpreta a Madame Larina: “Sus prioridades son claramente cinematográficas, como si todo estuviera en primer plano”.
Una conexión íntima con Pushkin
La historia de Fiennes y “Eugene Onegin” no comenzó en París, sino años atrás, en su etapa de estudiante de actuación. Un profesor le recomendó leer la novela en inglés y esa lectura marcaría su vida. “Quedé completamente fascinado por el poema y el personaje”, recordó el actor. Esa fascinación lo llevó incluso a interpretar al personaje en una película de 1999 dirigida por su hermana, Martha Fiennes, donde compartió pantalla con Liv Tyler.
La propuesta para dirigir esta ópera vino de Semyon Bychkov, reconocido director designado recientemente como futuro director musical de la Ópera de París a partir de 2028. Bychkov escribió que Fiennes tiene una “profunda conexión con la cultura rusa”. Una decisión arriesgada que ha sido todo un acierto.
Del escenario al cine: una dirección distinta
Para Fiennes, el abordaje fue instintivo y emocional más que racional. Evitó trasladar “Eugene Onegin” a contextos modernos y decidió mantener la acción en los años 1830, respetando la atmósfera original de Pushkin. El resultado: una experiencia visual poderosa, donde la luz y el espacio dirigen la atención del público como una cámara.
El diseño escenográfico de Michael Levine es simple pero efectivo: árboles, hojas secas en el suelo y un fondo que muta desde una finca rural hasta los salones de San Petersburgo. Los vestuarios de Annemarie Woods no son históricamente exactos, pero resaltan con una estética moderna que privilegia la lenguaje corporal contemporáneo.
Actuaciones que cruzan fronteras artísticas
El elenco encabezado por Boris Pinkhasovich como Onegin, Ruzan Mantashyan como Tatyana y Bogdan Volkov como Lensky se sumerge en lo que Fiennes propone: actuar desde la verdad interna, no desde el gesto grandilocuente típico de la ópera.
Una de las escenas más conmovedoras es el aria de Lensky, donde Volkov actúa con lágrimas reales corriendo por su rostro. Mantashyan, por su parte, menciona que leer el texto en prosa durante los ensayos —algo que Fiennes les pidió hacer— “reveló colores nuevos de interpretación”.
Graham también rompió moldes al interpretar su primer rol en ruso a los 65 años. “Ya no estamos en ‘parar y cantar’. Es movimiento humano, real, aunque a veces sí se grita con los brazos extendidos. Así es la ópera”.
El peso emocional de una dirección sensible
Una de las decisiones más reveladoras fue el uso de la iluminación: escenas donde solo un personaje iluminado en primer plano capta nuestra atención —como en un primer plano cinematográfico— mientras el resto del elenco permanece en sombras.
En la escena final, Onegin aparece destrozado, abrazando un chal de Tatyana. Es un detalle que podría parecer mínimo, pero simboliza la circularidad emocional de la historia: ese mismo chal lo había usado ella cuando se conocieron por primera vez.
Una ópera con alma de película
“Eugene Onegin”, desde su estreno en París, agotó todas sus 11 funciones hasta el 27 de febrero, testimonio del impacto que ha tenido esta puesta en escena. La obra podrá verse también en la televisión francesa el próximo 9 de febrero.
Para los amantes de la ópera y del cine, esta propuesta representa una obra maestra de fusión entre géneros. Como dijo Fiennes: “Siguiendo mi instinto, sabía que con el apoyo de Semyon podía lograrlo”. Y vaya que lo logró.
Con esta producción, la Ópera de París no solo abraza a una leyenda de la actuación, sino que demuestra que la ópera puede y debe evolucionar, dialogando con nuevas formas de narrar y conmover.