Violencia sexual como arma: el infierno cotidiano que viven miles en Haití

La crisis de violencia en Haití alcanza niveles críticos, donde las agresiones sexuales masivas se utilizan como método de control por parte de bandas armadas, dejando a sobrevivientes sin recursos ni justicia

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Advertencia de contenido: Este artículo contiene descripciones de violencia sexual que pueden resultar sensibles o perturbadoras para algunos lectores.

El colapso humanitario de una nación sitiada por bandas

Haití, una nación que ha sufrido desastres naturales, inestabilidad política y pobreza extrema, ahora también enfrenta una epidemia de violencia sexual sistemática que se ha intensificado dramáticamente en los últimos cuatro años.

Esta ola de agresiones, motivada por el conflicto entre grupos armados, ha recrudecido el sufrimiento de miles de personas desplazadas en Puerto Príncipe, capital del país caribeño. Según Médecins Sans Frontières (MSF), el número de casos de abuso sexual atendidos en su clínica Pran Men'm se ha triplicado desde 2019. En solo los primeros nueve meses de 2023, atendieron a 2,300 personas, entre ellas más de 350 hombres y niños.

Violaciones masivas: una herramienta de terror

Las cifras proporcionadas por MSF revelan un patrón aterrador: más de 100 personas fueron atacadas por 10 o más violadores a la vez, lo que da un promedio de tres atacantes por cada caso. En muchos de estos incidentes, los sobrevivientes han denunciado ser víctimas de miembros de gangs armados que dominan el 90% del territorio urbano de la capital haitiana.

Los grupos armados están utilizando la violencia sexual para aterrorizar, controlar y subyugar comunidades”, afirmó Diana Manilla Arroyo, jefa de misión de MSF en Haití.

Una mujer de 53 años citada en el informe relata que fue violada por tres hombres jóvenes, quienes además abusaron de su hija. “Me golpearon y me rompieron los dientes. Después de violarme, también la violaron a ella”, contó la sobreviviente.

Transformación del perfil de las víctimas

Más allá del número de casos, ha cambiado el perfil demográfico de las víctimas. Antes de 2022, el 50% de los casos involucraban a menores de 18 años. Hoy, esa cifra ha disminuido al 24%, mientras que los ataques a personas de entre 50 y 80 años se han multiplicado por siete.

Uno de los motivos del aumento de la vulnerabilidad en estos grupos etarios es el desplazamiento forzado. Según datos de la ONU, 1.4 millones de personas han sido desplazadas en Haití en los últimos años debido a la violencia de las bandas. La precariedad y la exposición que implican los campamentos o refugios improvisados terminan convirtiéndose en nuevas zonas de riesgo —especialmente para mujeres, adolescentes y niños.

Estigma, silencio y miedo: los enemigos del auxilio médico

Otro factor que agrava la situación es el miedo a buscar ayuda. La estigmatización, combinada con una total desconfianza en la justicia haitiana y con riesgos reales de represalias si se denuncia, mantiene a muchas víctimas en el silencio.

Desde 2022, el porcentaje de víctimas de agresión sexual que acudieron a la clínica en los tres días posteriores al ataque se ha reducido a la mitad”, señala el informe de MSF. Este retraso tiene consecuencias devastadoras: el 70% de los sobrevivientes no recibió profilaxis post-exposición para prevenir el VIH ni atención médica adecuada para evitar embarazos no deseados.

Vivimos en un “círculo vicioso de revictimización”, según MSF. Los refugios son escasos, muchas veces no aceptan a mujeres embarazadas o con hijos, lo que hace que, tras recibir atención médica, las sobrevivientes deban regresar al mismo entorno que permitió su abuso.

Una misión médica que trata heridas físicas, pero no puede reparar el trauma sin apoyo estatal

Con cerca de 17,000 pacientes atendidos en 10 años, la clínica Pran Men’m es una excepción ante un sistema de salud devastado. Pero por sí sola no puede responder a las necesidades urgentes de población desplazada y traumatizada de forma masiva.

MSF ha exhortado al Estado haitiano y a la comunidad internacional a invertir urgentemente en atención médica gratuita, accesible y con una visión de género. Una de las propuestas inmediatas es implementar una línea directa las 24 horas que conecte a las víctimas con recursos médicos, psicológicos y jurídicos.

Arte y resistencia: sanar desde la cultura

Ante la falta de respuesta institucional, algunas organizaciones locales intentan llenar el vacío desde lo comunitario y cultural. Pascale Solages, coordinadora del colectivo feminista Nègès Mawon, ha estado liderando talleres de arte, teatro y música para sobrevivientes, ayudándolas a reconstruir autoestima y procesar el trauma.

Ellas encuentran una forma creativa y segura de entender su propia realidad”, explica Solages. Estas herramientas no reemplazan los servicios médicos ni la justicia, pero contribuyen a reconstruir el tejido emocional de mujeres devastadas por la violencia.

La impunidad como combustible del horror

El panorama en Haití es una mezcla trágica de negligencia estatal, dominio de bandas armadas, desplazamiento y silencio institucional. Gran parte del drama se alimenta de la impunidad sistemática: los perpetradores raramente enfrentan consecuencias legales y las víctimas difícilmente tienen acceso a un sistema que las escuche y las proteja.

La respuesta internacional ha sido tímida. Si bien algunas agencias de ayuda monitorean la situación, pocas han presionado directamente al Estado haitiano a asumir responsabilidad. Y mientras tanto, las estadísticas continúan agravándose, con cada número representando un drama humano indecible.

Una catástrofe moral e internacional

El uso de la violencia sexual como táctica de guerra en Haití no puede seguir siendo tratado como un asunto doméstico o menor. Estamos ante una catástrofe moral y social con implicaciones internacionales; una violación masiva de los derechos humanos que requiere más que indignación: necesita intervención.

Proteger a las mujeres, niños, hombres y personas LGBTQ+ víctimas de esta barbarie debería ser una prioridad urgente en cualquier agenda diplomática y humanitaria respecto a Haití.

Como lo afirma MSF con una claridad desgarradora en su informe: “Al no poder ofrecer refugio o una opción de reubicación segura, estamos enviando de vuelta a nuestras pacientes al mismo infierno del cual intentan escapar”.

¿Dónde están los líderes?

Hoy, miles de personas en Haití siguen siendo re-victimizadas por bandas, por el abandono institucional y por el silencio del mundo. Cada día que pasa sin una respuesta coordinada y efectiva es una nueva oportunidad para que el horror se repita.

La pregunta es obvia: ¿cuántas violaciones más deben ocurrir antes de que la comunidad internacional actúe con responsabilidad?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press