¿A quién representa la literatura escolar en Texas? La batalla por los libros y la diversidad en las aulas

Controversia en la Junta de Educación de Texas revela tensiones políticas, religiosas y raciales en la selección de libros escolares

En abril próximo, la Junta Estatal de Educación de Texas tendrá que tomar una de las decisiones educativas más relevantes de la última década: aprobar o modificar una lista de casi 300 libros recomendados que se convertirán en lectura obligatoria para todos los grados escolares a partir del ciclo 2030-31. Esta selección, impulsada por una ley estatal aprobada en 2023, ha generado un feroz debate político, social e incluso religioso que pone en entredicho la función de la educación pública en una sociedad plural como la estadounidense.

Una lista polémica desde su concepción

El listado fue elaborado por la Agencia de Educación de Texas (TEA, por sus siglas en inglés), tras encuestar a más de 5,700 docentes y analizar materiales utilizados en otros estados y organizaciones educativas. Según Shannon Trejo, comisionada adjunta de programas escolares, el énfasis se colocó en obras "clásicas" —tanto en literatura infantil como en textos religiosos— al considerar que forman parte de los cánones utilizados en sistemas educativos exitosos.

Entre los títulos seleccionados figuran obras conocidas como The Cat in the Hat de Dr. Seuss y The Outsiders de S.E. Hinton, pero también textos con alto contenido religioso cristiano, como The Parable of the Prodigal Son y The Road to Damascus. Esta inclusión ha provocado un intenso rechazo por considerar que vulnera la Cláusula de Establecimiento de la Constitución de EE.UU., la cual prohíbe al Estado promover o imponer una religión específica.

Religión y diversidad: ¿incompatibles en las aulas?

Para muchos miembros demócratas de la junta y ciudadanos que testificaron durante la discusión, el problema no es solo teológico, sino también representativo. Texas es un estado donde los estudiantes hispanos y afroamericanos constituyen la mayoría en las escuelas públicas, y sin embargo, el listado está “centrado en visiones europeas y cristianas”, como lamentó la miembro de la junta Tiffany Clark.

Marisa B. Pérez-Díaz, otra miembro demócrata de origen hispano, se conmovió profundamente al recordar su infancia y la falta de referencias culturales propias en su formación escolar. “Pensaba en la pequeña Marisa en la escuela y en cómo nunca me vi reflejada en la literatura que leía”, expresó entre lágrimas.

La falta de representación también fue criticada por estudiantes como Aziel Quezada, quien denunció que el listado pone énfasis en discursos políticos, relatos bíblicos y figuras blancas históricas, sin dar lugar a autores latinos, asiáticos ni LGBTQ+. “¿Dónde se ven reflejados nuestros estudiantes en esos textos?”, preguntó durante su intervención.

La tensión política detrás del currículo

Este debate se inscribe en una disputa mayor sobre el rumbo de la educación pública texana. El Procurador General de Texas, Ken Paxton, ha respaldado públicamente la inclusión de literatura cristiana, llegando incluso a emitir una opinión formal en la que asegura que la junta puede incluir textos religiosos en el currículo escolar. Paxton también lidera esfuerzos legales para requerir la exhibición de los Diez Mandamientos en las aulas.

Por otro lado, la composición del equipo de expertos responsables de revisar los estándares educativos refuerza la vocación conservadora del proceso: de los nombrados por la junta, solo uno trabaja actualmente en un distrito escolar público texano, y al menos tres están vinculados con movimientos activistas conservadores. Ninguno de ellos es afroamericano.

En 2022, una mayoría estrecha de la junta aprobó un currículo opcional elaborado por el estado que incluye referencias religiosas y presenta una narrativa considerada por muchos como minimizadora del racismo y la esclavitud en la historia estadounidense. A pesar de ser opcional, este currículo se enseña en distritos escolares que suman cerca de 400,000 estudiantes.

¿Clásicos para todos? El debate sobre el canon literario

Los defensores del listado, como el republicano Brandon Hall, señalan que los textos seleccionados han “superado la prueba del tiempo”. “¿Qué tiene que ver la raza o el género del autor con la calidad de la literatura?”, planteó Hall. Esta visión, que valora lo universal sobre lo identitario, ha sido ampliamente discutida en el ámbito académico.

La literatura clásica, como Shakespeare o Mark Twain, sigue siendo valiosa, pero décadas de estudios pedagógicos han demostrado que una educación culturalmente relevante —aquella en la que los alumnos se ven reflejados en los contenidos— tiene efectos positivos en la motivación y el rendimiento estudiantil. Así lo indican investigaciones del National Education Association y de universidades como Harvard y Stanford.

Además, los textos clásicos no están exentos de cuestionamiento. Obras como The Adventures of Huckleberry Finn han sido objeto de debate por su lenguaje racial y visión histórica. Incluir una variedad de perspectivas no implica excluir a los autores clásicos, sino enriquecer el repertorio permitido.

Una educación para el siglo XXI

Los estudiantes texanos de hoy no se parecen a los de hace 50 años. En el año escolar 2022-23, el 52% eran hispanos, el 13% afroamericanos y casi el 5% asiáticos, según el Texas Education Agency. Además, el número de estudiantes que se identifican como parte de la comunidad LGBTQ+ va en aumento. Esta diversidad exige que la educación refleje esa realidad, no solo en nombres y fechas, sino en relatos, luchas y esperanzas.

Una reforma literaria no debería centrarse únicamente en resaltar valores morales a través de parábolas bíblicas, sino también en impulsar la empatía, la comprensión cultural y la justicia histórica. ¿Por qué no incluir a autores como Sandra Cisneros, James Baldwin o Ocean Vuong, que permiten explorar distintos ángulos de la experiencia estadounidense?

El peso de lo obligatorio

Mientras que el currículo aprobado en 2022 era opcional, el nuevo listado de libros será obligatorio para todas las escuelas públicas, lo que pone en aprietos a los padres y alumnos que no se sienten representados. Aunque los padres podrán excluir a sus hijos de ciertas lecturas, el mismo Estado ha reconocido que los estudiantes podrán ser evaluados en contenidos que no hayan leído, lo cual representa una injusticia pedagógica.

Además, la medida dificulta la labor de los docentes, quienes no podrán adaptar las lecturas al contexto social, emocional y académico de sus alumnos. Varios educadores ya han expresado su preocupación por tener menos flexibilidad que antes, a pesar de que la lista presenta menos títulos que los que actualmente se utilizan en las aulas.

¿Hacia dónde va Texas?

Texas, como laboratorio nacional de políticas públicas, se encuentra en una encrucijada que trasciende las aulas: ¿Formar ciudadanos capaces de comprender y respetar la diversidad o perpetuar una narrativa única, excluyente y desactualizada?

La educación literaria es mucho más que lectura: es identidad, memoria, futuro. Y en ese sentido, la decisión que tome la Junta de Educación de Texas no solo impactará a millones de niños y niñas en ese estado, sino también al modelo de educación pública de toda una nación.

Como dijo bellamente uno de los docentes durante la audiencia: “los libros son espejos y ventanas: espejos en los que nos vemos, ventanas desde donde vemos el mundo”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press