¿Deben prohibirse los celulares en las escuelas? El debate que crece en EE. UU.

Con distracciones, ansiedad y menor rendimiento escolar en juego, legisladores y educadores promueven políticas para limitar los móviles en el aula

En una era dominada por la tecnología móvil, las escuelas de Estados Unidos están replanteando cómo equilibrar su uso mientras preservan un ambiente propicio para el aprendizaje. La legislatura del estado de Misisipi ha retomado el debate sobre restringir el uso de celulares en el horario escolar, tras años de intentos fallidos. Esta vez, todo indica que podrían tener éxito.

Una respuesta a la crisis de salud mental juvenil

“No se puede ignorar la relación entre el aumento de problemas de salud mental en adolescentes y el uso excesivo de smartphones”, afirmó el representante Sam Creekmore, autor de una propuesta de ley que busca obligar a las escuelas públicas del estado a implementar limitaciones al uso del celular durante la jornada escolar. Tanto la Cámara de Representantes como el Senado de Misisipi han mostrado apoyo transversal a esta iniciativa.

Los datos respaldan esa preocupación. Según los estudios del Pew Research Center, el uso intensivo de redes sociales se vincula a mayores niveles de ansiedad, depresión y ciberacoso, especialmente entre los adolescentes. El problema se agudizó desde la popularización de los smartphones en la década de 2010, momento en que los índices de salud mental comenzaron a deteriorarse notablemente.

Las cifras detrás del cambio: ¿funcionan las políticas restrictivas?

El distrito escolar de Marshall County, ubicado al norte de Misisipi, fue uno de los primeros en implementar una política estricta contra los celulares: los estudiantes deben guardarlos en fundas bloqueables al ingresar al colegio. Los resultados no se hicieron esperar: 88% de los docentes reportaron mayor concentración en clase, según datos del periódico Northeast Mississippi Daily Journal.

Otro ejemplo contundente es el de Florida, que fue el primer estado en impulsar, en 2023, una ley de alcance estatal que prohíbe el uso de celulares en las aulas. Un estudio conducido por David Figlio, profesor de economía en la Universidad de Rochester, demostró que tras la entrada en vigor de la política:

  • mejoraron los resultados en los exámenes estandarizados, especialmente en escuelas con alto uso de dispositivos;
  • aumentó la asistencia escolar;
  • y bajaron los niveles de distracción en clase.

“Hasta como adultos es difícil ignorar el zumbido de un teléfono. Imaginen para un joven de 14 años”, explicó Figlio, quien reconoció que al principio subieron los incidentes disciplinarios por resistencia al cambio, pero estos luego disminuyeron.

Una tendencia a nivel nacional

La legislación no es aislada. Según la revista Education Week, al menos 33 estados y el Distrito de Columbia ya han ordenado establecer restricciones o prohibiciones del uso del celular en escuelas públicas. Con la iniciativa de Misisipi en marcha, esa lista sigue creciendo.

Jackson, la capital del estado, también se sumó al esfuerzo con una política drástica: los celulares deben estar fuera de la vista y del alcance de los alumnos durante el horario escolar. Desde que se implementó la normativa, ha habido:

  • menos infracciones de disciplina relacionadas con tecnología,
  • mejor transición entre clases,
  • más interacción maestro-estudiante,
  • y mayor concentración en clase.

“No se trata de eliminar la tecnología completamente, sino de establecer límites que prioricen el aprendizaje”, comentó Sherwin Johnson, vocero del Distrito Escolar de Jackson.

Resistencia parental: miedo al aislamiento

Una de las mayores resistencias a estas políticas viene de los padres de familia. En sesiones comunitarias en Jackson, muchos expresaron su temor a perder contacto con sus hijos, sobre todo durante emergencias escolares.

Una encuesta del Pew Research Center de 2023 mostró que la mayoría de los adultos en EE. UU. apoyan las restricciones a dispositivos móviles en clase. Pero entre los padres que se oponen, la principal preocupación es la comunicación segura y directa con sus hijos.

Un cambio cultural impulsado por la evidencia

“La escuela debe ser un lugar de seguridad, desarrollo y aprendizaje”, aseguró Brigette Whaley, profesora en West Texas A&M University, quien ha estudiado las consecuencias de políticas libres de celulares en escuelas de todo Estados Unidos.

En una secundaria rural de Texas donde se implementó la restricción completa durante 2024-25, los resultados fueron claros:

  • mayor participación estudiantil,
  • menor presencia de conflictos entre alumnos (menos “dramas”),
  • reducción de la ansiedad escolar y del ciberacoso.

“Los docentes están reencontrándose con su vocación: construir comunidad dentro del aula. Y eso solo es posible cuando quitamos la barrera digital que representa el celular”, dijo Whaley.

Repercusiones pedagógicas y sociales a largo plazo

Estudios como los de Whaley proyectan que, además de mejorar el rendimiento académico y las relaciones interpersonales dentro del aula, las políticas de restricción de celulares podrían contribuir a disminuir la violencia escolar, al reestablecer un entorno de atención, seguridad y vínculos humanos.

En palabras de Whaley: “Estamos viendo que las relaciones cara a cara, tan necesarias para el desarrollo socioemocional, han pasado años deteriorándose. Ahora, las aulas vuelven a ser laboratorios de convivencia y escucha”.

Mientras tanto, legisladores como Creekmore continúan defendiendo su postura con firmeza: “Este año estamos preparados para aprobar la ley. Es hora de que el aula vuelva a ser un espacio de concentración, crecimiento y contacto humano, no de distracción digital.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press