“Un Poeta”: la tragicomedia colombiana que desafía las reglas del éxito artístico
La ópera prima de Simón Mesa Soto brilla en Cannes con una sátira mordaz sobre la poesía, el fracaso y la autenticidad en el mundo creativo
En el panorama actual del cine iberoamericano, donde la narrativa muchas veces se alinea hacia los tópicos del crimen, la violencia o los dramas sociales profundos, llega una cinta que se atreve a ser diferente. “Un Poeta”, del director colombiano Simón Mesa Soto, es una comedia amarga que se disfraza de retrato existencialista, con el poder suficiente de reírse —y hacer reflexionar— sobre la gloria y el fracaso en el arte.
Oscár Restrepo: el antihéroe perfecto
Interpretado por Ubeimar Ríos, Oscár Restrepo es un poeta venido a menos que ha perdido prácticamente todo: empleo, reputación, matrimonio, aplomo. Vive con su madre en Medellín, pelea con su hermana y, en una escena que define su situación, llega a pedirle prestado dinero a su hija adolescente. Sobre su chimenea cuelga una foto de José Asunción Silva, ícono de la literatura colombiana que se suicidó con 30 años, juventud que según Oscár le habría dado mayor relieve a su propia carrera.
Oscár no es un genio incomprendido. Él mismo se sabotea. Como dice Efraín (interpretado por Guillermo Cardona), un amigo más exitoso: “Eres un problema caminando”. Y también suelta una frase lapidaria: “Eres un poema. Uno bastante triste.”
Un actor no profesional que brilla más que muchos profesionales
Uno de los mayores logros del filme es el casting. Ubeimar Ríos, actor no profesional, se mimetiza con Oscár de manera casi documental. Su cuerpo encorvado, su mirada tras unas gafas de miope, su hablar lento y sus manos sin ritmo configuran a un personaje cercano, humano, patético y entrañable a la vez. Es esa mezcla de tragedia y comedia que logran en su esplendor autores como Woody Allen o Alexander Payne.
¿Qué es ser artista en la Colombia de hoy?
Ambientada en el corazón urbano de Medellín, alejada de los clichés de narcotráfico, la película reflexiona sobre la posición del arte y de quienes lo crean cuando no logran adaptarse a los códigos del éxito moderno. Oscár encuentra una luz cuando consigue un trabajo como profesor de literatura en un colegio, donde conoce a Yurlady (Rebeca Andrade), una joven reservada que escribe poemas sencillos, confesionales.
Oscár, convencido de haber hallado una promesa que puede redimir su propio fracaso, decide apadrinarla y guiarla hacia el Poetry Viva, un taller literario élite coordinado por Efraín. Pero aquí es donde el filme da un giro incisivo: Efraín le sugiere a Yurlady que no envíe sus poemas personales, sino que redacte uno que hable de racismo o pobreza, temas que seguramente conmoverán a los jueces europeos organizadores.
La sátira del sistema cultural y el éxito enlatado
Con este contrapunto entre la honestidad ingenua de Yurlady, la manipulación calculadora de Efraín, y el idealismo arruinado de Oscár, Simón Mesa Soto construye una aguda alegoría sobre el arte y la hipocresía. ¿Debe la poesía (o cualquier arte) ajustarse a lo que es “vendible” o debe obedecer sólo a su verdad íntima?
La crítica a instituciones, academias y mercados literarios no es gratuita. El propio director ha comentado en entrevistas que el cine colombiano es valorado fuera sólo cuando toca temáticas “esperadas”. Como ironía, en lugar de presentar una historia de narcos, nos ofrece una farsa introspectiva filmada en 16 mm con estética desgastada, como si el celuloide mismo hubiese sido usado como pañuelo por Oscár.
Una película canónica desde su imperfección
“Un Poeta” se aleja radicalmente de las fórmulas. Su humor es seco, muchas veces incómodo. Las escenas más hilarantes no involucran carcajadas sino una continua incomodidad social. Cuando Oscár, alcoholizado, se sube a un escenario para recitar un poema y “educar” a los jóvenes sobre qué es la poesía, nos reímos con vergüenza. Cuando trata de convencer a Yurlady de la nobleza de la escritura, sentimos esa desesperación de quien intenta redimirse a través de otro.
La cinta fue premiada en la sección “Un Certain Regard” del Festival de Cannes y eso no es sorpresa: mezcla de melodrama, crítica cultural, humanismo y ridiculez, “Un Poeta” es lo más cercano que el cine latinoamericano ha tenido a una tragicomedia existencialista en años recientes.
La mirada femenina: Yurlady, ¿musa o víctima?
Rebeca Andrade interpreta a una Yurlady silente, aparentemente pasiva, pero con una carga emocional que desorienta constantemente nuestras interpretaciones. Si bien Oscár la busca como una alumna a la que moldear, la cinta deja en claro que Yurlady no está interesada en ser “descubierta”. Ella escribe para sí misma, sin mayores pretensiones, lo que la hace un personaje fuerte en su resistencia pasiva al sistema discursivo del arte como vehículo de fama.
La línea de fuerza de la película no recae sólo sobre Oscár, sino en la tensión entre su necesidad de justificar su vida con el hallazgo de un talento genuino y la indiferencia de ese talento ante cualquier validación.
Efraín y el cinismo profesional
Si Oscár es el artista derrotado que insiste en el romanticismo, Efraín es el profesional del arte que entiende cómo funciona la maquinaria cultural. Es quien da conferencias, organiza talleres, usa palabras como “inclusividad” y “decolonialidad” con tono ensayístico, pero vacío, y que ve en cada joven escritor una estadística más. No lo mueve la pasión sino la estrategia. Su interpretación por parte de Guillermo Cardona es magistral: afable pero calculador, progresa a punta de doble moral.
Un espejo incómodo para el espectador latinoamericano
“Un Poeta” no sólo critica el sistema europeo o gringo que califica como arte a lo que confirma sus prejuicios sobre América Latina, sino que también se vuelve espejo para el espectador regional. ¿Cuántos renunciamos a nuestras convicciones por encajar? ¿Cuántos Oscáres hemos visto en nuestras familias, universidades, calles?
El filme también pone sobre la mesa la dificultad de envejecer en el mundo artístico. Oscár no sólo está perdido ante los nuevos tiempos, sino que tampoco quiere entenderlos. El resultado es una vida llena de pequeños fracasos y grandes ilusiones sin aterrizar.
El veredicto: arte sobre el arte
Al final, Simón Mesa Soto nos regala no sólo una película, sino una reflexión: el valor de crear sin concesiones. Si bien “Un Poeta” carece de épica o sentimentalismo comercial, lo compensa con una honestidad brutal, actuaciones crudas, humor sutil y una sensibilidad estéticamente coherente con el desorden emocional que narra.
Con 124 minutos de duración, subtitulada al inglés para su distribución internacional, esta es una cinta que no busca complacer, sino retratar, retratar feo, con todos los pelos y errores, el rostro de un hombre enamorado de una utopía llamada poesía.
Cinéfilos, literatos frustrados, profesores malpagados y soñadores sin red: este film es para ustedes.
Estrellas: ★★★★ (4 de 5)
“Un Poeta” está disponible en salas selectas y próximamente en plataformas de streaming internacionales.
