Benita Fitzgerald Mosley: La Ingeniera Olímpica que Quiere Salvar el Deporte Estadounidense

La medallista de oro en 100 metros vallas toma el timón del Centro SafeSport enfrentando el reto más difícil de su carrera: proteger a los atletas de abusos mientras reforma una institución en crisis.

Benita Fitzgerald Mosley no es una desconocida en los círculos del deporte olímpico. Con una medalla de oro en los Juegos de Los Ángeles 1984 y una sólida carrera profesional en el liderazgo organizacional, su nuevo reto como directora ejecutiva del Centro de Estados Unidos para SafeSport representa, quizás, el más complejo e importante de toda su vida.

"Es un trabajo difícil", reconoció en una entrevista reciente. Y no exagera. Desde su fundación en 2017, SafeSport ha sido blanco de críticas por su lentitud, su gestión opaca de denuncias de abuso y su aparente falta de independencia respecto a las organizaciones que debería supervisar. La llegada de Fitzgerald Mosley promete un cambio real.

Un inicio brillante: de la ingeniería al oro olímpico

Nacida en Estados Unidos y egresada en ingeniería industrial de la Universidad de Tennessee, Fitzgerald Mosley demostró desde joven que podía destacar tanto en la pista como en los estudios. En 1984 hizo historia al convertirse en la primera mujer afroamericana en ganar el oro olímpico en 100 metros vallas.

Pero más allá del triunfo deportivo, su formación como ingeniera define su forma de pensar: estructurada, analítica y enfocada en procesos. Tal como explica el también exatleta olímpico y líder deportivo Edwin Moses:

“Ese bagaje de ingeniería te hace ver una institución como un sistema y descomponerla parte por parte. Si hay fallas, ella las va a detectar. Si se necesita rediseño o más financiación, lo va a decir.”

Una crisis llamada SafeSport

SafeSport fue creado como respuesta a diversos escándalos de abuso sexual y maltrato en el entorno olímpico. El más notorio, el del médico Larry Nassar, destapó décadas de negligencia institucional y abuso sistemático en la gimnasia estadounidense.

Sin embargo, a casi una década de su creación, SafeSport no ha estado libre de polémica. Su tasa de respuesta y la cantidad de casos sin resolver han sido objeto de duras críticas. Tan solo en el año 2024, la organización recibió más de 8,000 reportes de abuso potencial. Muchos ven a esta institución como desbordada, mal gestionada y desconectada de las necesidades reales de los atletas.

Tarea titánica, enfoque quirúrgico

"¿Cuánto se tarda en hacer virar un barco de este tamaño?" se pregunta Fitzgerald Mosley. "¿Tres meses, seis? No puede tardar 18 años".

Su primer objetivo no es revolucionar sin diagnóstico. Antes de intervenir, ha encargado a terceros una auditoría completa que recoja la percepción y las sugerencias tanto de los trabajadores del centro como de quienes han interactuado con él: atletas denunciantes, familiares, entrenadores, etc.

La estrategia será: escuchar, entender, analizar e implementar. En esto, su experiencia ejecutiva previa será clave. En USA Track and Field, ayudó a pasar de 23 a 29 medallas olímpicas entre Beijing 2008 y Londres 2012. Posteriormente lideró procesos de mejora organizacional en el Comité Olímpico de EE.UU. y en la fundación Laureus Sports for Good.

¿Cómo arreglar un sistema roto?

Una de las posibles soluciones que han surgido a raíz de una revisión del Congreso, en la cual la propia Fitzgerald Mosley participó, es delegar parte de las competencias a estructuras regionalizadas. Esto permitiría atender los casos desde la base —el deporte amateur y juvenil— antes de que escalen o queden sin atender por saturación del sistema central.

El problema no es pequeño. SafeSport tiene jurisdicción potencial sobre 11 millones de atletas, desde aspirantes a olímpicos hasta niños que juegan en ligas locales. Y aunque fue creado para ser imparcial, su modelo de financiamiento —en gran parte dependiente del Comité Olímpico de EE.UU. y las federaciones nacionales— genera un evidente conflicto de intereses.

La línea fina entre proteger y juzgar

Una de las tensiones más grandes que debe gestionar SafeSport es la de garantizar estricta privacidad y protección a las víctimas, sin por ello negar procesos justos a los acusados. Cualquier desequilibrio puede minar la credibilidad de la institución.

Fitzgerald Mosley ha sido muy clara en esto: quiere una cultura que ponga en el centro a los atletas y su bienestar, pero que al mismo tiempo mantenga los principios del debido proceso.

El espíritu olímpico como brújula moral

A lo largo de su carrera, una combinación de disciplina, fe personal y sentido del deber ha marcado su trayectoria. Ahora aspira a transformar esa fuerza interior en una nueva cultura deportiva en Estados Unidos, donde el enfoque no esté solo en ganar a cualquier costo, sino en formar atletas seguros, protegidos y con apoyo institucional real.

Sentí que este trabajo era un llamado”, comentó. “Cuanto más pasaba por el proceso de entrevistas, más sentía que debía hacerlo. Esto soy yo”.

¿Un futuro diferente para SafeSport?

Con una estructura institucional aún joven pero muy criticada, y con una base de confianza pública desgastada, el camino para redimir el nombre de SafeSport no será corto. Sin embargo, las prioridades de Fitzgerald Mosley —visión estratégica, respeto por los procesos, enfoque holístico— colocan por primera vez en mucho tiempo una esperanza concreta sobre la mesa.

Si algo ha demostrado esta ingeniera olímpica es que sabe trabajar desde la base, respetando el rigor del análisis, pero guiada por una visión humana. El reloj ya comenzó a correr. Y como dijo ella misma: "No tenemos 18 años para arreglar esto".

Para más información sobre el trabajo del Centro SafeSport, visita: https://uscenterforsafesport.org/

Este artículo fue redactado con información de Associated Press