Costa Rica en la encrucijada: ¿Puede el modelo de mano dura de Rodrigo Chaves sostenerse con Laura Fernández?
Entre récords de homicidios, vínculos con Bukele y una oposición fragmentada, el país centroamericano define su futuro político con la posible elección de la sucesora del polémico presidente
Rodrigo Chaves ha sido una figura política atípica en Costa Rica y, a pesar de los altos índices de criminalidad durante su mandato, su retórica dura y su estilo confrontacional han logrado mantener un sorprendente respaldo popular. Ahora, en 2026, el pueblo costarricense se enfrenta a una elección crucial: ¿dar el relevo a su protegida Laura Fernández o buscar una ruta alternativa?
De paraíso verde a campo de batalla: el ascenso de la inseguridad en Costa Rica
Costa Rica, históricamente percibido como un oasis de paz y estabilidad en Centroamérica, ha experimentado un alarmante incremento de la violencia en los últimos años. En 2023, el país alcanzó un récord de 907 homicidios. Aunque la cifra descendió a 880 en 2024 y bajó levemente a 877 en 2025, la percepción de seguridad sigue siendo un tema central en la agenda electoral.
¿Por qué un país reconocido por su enfoque ambiental y su relativo orden institucional ha sido golpeado por esta ola de violencia? Según múltiples informes, la principal causa es la disputa territorial de grupos de narcotráfico que operan tanto para abastecer el consumo local como para convertir al país en un punto estratégico de tránsito hacia Europa y Estados Unidos.
Rodrigo Chaves: ¿luchador antisistema o demagogo con suerte?
Rodrigo Chaves llegó al poder con una feroz crítica hacia la clase política tradicional costarricense. Su discurso contra la corrupción, sumado a una estrategia populista que apela al "pueblo decente", ha calado hondo en un electorado decepcionado con los anteriores gobiernos. Su estilo, similar al practicado por Nayib Bukele en El Salvador, ha combinado el discurso de orden con ataques sistemáticos a la prensa, el poder judicial y los partidos opositores.
Chaves ha sabido desligarse del aumento de la violencia culpando de forma constante a factores externos: una judicatura "permisiva", una oposición corrupta y un sistema legal anquilosado. Muchos costarricenses, cansados de la politiquería, han preferido ver a Chaves como un salvador que, en palabras de algunos simpatizantes, “vino a abrir los ojos del país”.
Laura Fernández: el rostro femenino del chavismo tico
Fernández ha sido parte del círculo íntimo de Chaves, sirviendo como Ministra de Planificación Nacional y luego como Ministra de la Presidencia. Su candidatura por el Partido Pueblo Soberano, fundado por Chaves, ha sido impulsada abiertamente por el presidente saliente, a pesar de que la ley costarricense prohíbe que los mandatarios hagan campaña electoral mientras estén en funciones. Intentos por retirarle la inmunidad para procesarlo penalmente por estas acciones han fracasado en la Asamblea Legislativa.
Las encuestas más recientes sugieren que Fernández roza el 40% necesario para ganar en primera vuelta. En segunda posición aparece Álvaro Ramos, del tradicional Partido Liberación Nacional, con apenas un 10% de apoyo. La arquitecta y ex primera dama Claudia Dobles, otra figura destacada, también lucha por mantenerse relevante, pero con poco éxito.
La clave para Fernández está en mantener ese clima de adhesión ciudadana que logró Chaves. Para ello, ha enfatizado la necesidad de contar con una mayoría legislativa para no ser obstruida por una oposición “obsoleta”. Entre los votantes, la narrativa se repite: “hay que apoyar a doña Laura para que no le hagan la vida imposible en la Asamblea”.
Inspirado por Bukele, ¿el modelo de seguridad puede trasladarse?
El presidente Chaves ha cultivado una relación simbólica con Nayib Bukele al invitarlo a la inauguración de una nueva cárcel en Costa Rica, inspirada en la megacárcel salvadoreña que ha sido centro de la polémica internacional. Esto, junto con la reiterada admiración por el estilo autoritario pero eficaz de Bukele, forma parte del capital político que nutre la candidatura de Fernández.
No obstante, los expertos advierten que la estrategia "mano dura" aplicada sin un sustento de políticas públicas integrales podría agudizar problemas como la criminalización de jóvenes en zonas vulnerables, el hacinamiento carcelario, y la erosión del Estado de derecho.
“Exportar el modelo Bukele sin una institucionalidad sólida como la de Costa Rica no solo es imprudente, sino peligroso”, comenta la politóloga Fanny Ramírez.
La oposición: hundida en su legado
Quizás el mayor aliado de Fernández no sea su carisma personal, sino la inoperancia de sus rivales. El Partido Liberación Nacional, antaño fuerza dominante, sufre un profundo descrédito por escándalos de corrupción y falta de renovación. La Coalición Agenda Ciudadana, encabezada por Claudia Dobles, carga con el peso del desprestigio de la gestión de su esposo, el expresidente Carlos Alvarado.
Mientras tanto, la suma de indecisos —cerca de un 30% del padrón electoral— sigue siendo una variable volátil. Algunos analistas creen que ese segmento no necesariamente busca evitar que Fernández gane, sino más bien desea ver quién puede enfrentarla con mayor fuerza en una eventual segunda vuelta.
El Congreso, clave para el próximo gobierno
Además de la presidencia, los costarricenses elegirán a los 57 diputados del Congreso. En este terreno, el Partido Pueblo Soberano busca ampliar su presencia para blindar la gobernabilidad de Fernández. La lógica detrás es sencilla: sin una mayoría afín en la Asamblea Legislativa, cualquier plan de seguridad o reforma institucional podría naufragar.
Testimonios como el de María Ramírez, comerciante en San José, refuerzan esta idea: “Los otros partidos no la van a dejar trabajar; por eso hay que darle mayoría en la Asamblea”.
¿Una nueva era o más de lo mismo?
El desenlace electoral del próximo domingo determinará si Costa Rica se compromete a fondo con el estilo de gobierno impulsado por Chaves o si entre los indecisos se aglutina una mayoría que prefiera explorar nuevas alternativas. Lo cierto, sin embargo, es que la inseguridad ha dejado de ser una estadística fría para convertirse en el corazón del debate político.
Ya sea con Fernández o con un contrincante que logre remontar en el balotaje, el próximo gobierno tendrá que enfrentar no solo la violencia del narco, sino también las expectativas de un electorado que, harto de las élites tradicionales, ahora exige resultados inmediatos, visibles y firmes.
Siguiendo los pasos de su mentor, Laura Fernández podría ser la próxima líder en una región donde los discursos duros se siguen traduciendo en votos. Pero, ¿a qué costo?
