La Paz según Trump: Entre edificios tomados, líderes desconfiados y una nueva ONU a la medida
El expresidente de EE.UU. quiere establecer un 'Board of Peace' con sede propia, ignorando fallos judiciales, despertando tensiones diplomáticas y redefiniendo el orden internacional a su estilo
¿Puede una figura como Donald Trump instaurar un nuevo orden mundial a través de un organismo que rivalice con las Naciones Unidas? Bajo el nombre de Board of Peace y presentado en Davos, este nuevo ente busca instalarse en un edificio que ha sido OBJETO DE LITIGIO, en medio de un escándalo que involucra al otrora Instituto de Paz de EE.UU., múltiples controversias legales y la falta de respaldo de aliados clave. Aquí te explicamos en qué consiste esta movida diplomática, legal e institucional que ha provocado tanto apoyo como rechazo a nivel global.
Un órgano para la paz... o para el conflicto institucional
Durante el Foro Económico Mundial en Davos, Donald Trump anunció con bombos y platillos el nacimiento del Board of Peace, un organismo que, según su carta constitutiva, tiene como misión principal supervisar el alto el fuego en Gaza, pero con aspiraciones de mediar en otros conflictos internacionales. Según el expresidente, este foro es una alternativa “más eficiente” y “menos burocrática” que el Consejo de Seguridad de la ONU.
Este consejo ya tiene 27 miembros fundadores, elegidos y presentados como líderes globales aliados a la visión trumpista del orden mundial. Entre sus presuntas metas está pacificar territorios en crisis, facilitar acuerdos entre naciones en pugna y diseñar medidas de reconstrucción post-conflicto. Sin embargo, pocos detalles se han dado sobre cómo operará, con qué financiamiento, ni bajo qué marcos legales internacionales actuará.
¿Dónde estará ubicado el Board of Peace?
Y aquí comienzan las controversias más espinosas. La administración Trump busca localizar su nueva organización en el edificio que albergaba al Instituto de Paz de Estados Unidos (USIP), una institución independiente creada por el Congreso en 1984. El problema: ese edificio fue confiscado por la administración en 2025, despedidos casi todos sus empleados y renombrado como el Donald J. Trump U.S. Institute of Peace, todo ello mientras un litigio seguía activo en los tribunales federales.
Un juez dictó que esta toma fue ilegal, dado que el USIP no está bajo control del Ejecutivo. Sin embargo, se concedió una medida cautelar que aún mantiene paralizado el cumplimiento de la orden judicial definitiva. Mientras tanto, Trump avanza con el uso del edificio, incluso mostrando su icónica cúpula en materiales promocionales del nuevo ‘Board of Peace’.
“Una medida cautelar no es una licencia para que el perdedor de un caso secuestre la propiedad del ganador”, declaró George Foote, abogado del antiguo liderazgo del USIP.
¿Es el Board of Peace una nueva ONU alternativa?
Trump nunca ha ocultado su escepticismo frente a organismos multilaterales. Ya en su primer mandato criticó duramente a la ONU, la OTAN y demás instituciones globales, acusándolas de ser ineficientes y de abusar del presupuesto estadounidense. La creación de esta junta podría interpretarse como un movimiento para darle forma a una organización paralela que represente mejor los intereses geoestratégicos de EE.UU. bajo una administración propia.
No obstante, la mayoría de los aliados tradicionales de EE.UU., incluyendo Francia, Alemania, Canadá y Japón, han rechazado unirse al Board of Peace, sospechando que se trata más de una herramienta propagandística que un organismo genuino de resolución de conflictos.
Gaza como escenario de prueba
El alto el fuego en Gaza es la primera gran misión del Board of Peace. El plan de Trump incluye 20 puntos, entre ellos:
- La retirada gradual de Hamas del gobierno de Gaza.
- Un período de transición liderado por actores internacionales.
- Rehabilitación económica con fondos de inversión pública y privada.
Por ambicioso que parezca, el plan ha recibido poca aceptación entre los palestinos y ni siquiera cuenta con un compromiso formal de Israel hasta la fecha. Varios analistas internacionales califican el proyecto como "improvisado" y "falta de legitimidad frente al derecho internacional".
Golpes culturales y simbólicos: Trump también conquista la cultura
Paralelamente a su empuje diplomático, Trump también ha tomado control de espacios simbólicos en Washington. El Centro Kennedy para las Artes Escénicas, uno de los templos culturales más icónicos de EE.UU., ha sido otro de los focos de fricción reciente.
Kevin Couch, nombrado hace apenas unas semanas como vicepresidente de programación artística del centro, renunció abruptamente sin dar explicación. Poco antes, artistas de renombre como Philip Glass y Renée Fleming habían cancelado sus presentaciones como forma de protesta contra la nueva dirección impuesta desde la Casa Blanca.
“Kevin aporta un enfoque claro y sensato para curar una cartelera de espectáculos que inspire a todas las audiencias”, había dicho Ric Grenell, actual presidente del centro y figura cercana al expresidente.
Por si fuera poco, el mismo centro acogió el estreno del documental “Melania”, producido por la exprimera dama Melania Trump, que retrata los días previos al regreso de su esposo al poder.
Las sanciones a Rusia y el juego geopolítico
En otro ángulo que converge con la agenda del Board of Peace, la administración Trump impuso sanciones económicas severas a empresas rusas como Lukoil y Rosneft. Estas compañías representan cerca del 50% de las exportaciones petroleras rusas y son claves para la economía de Moscú. Las sanciones buscan acelerar el fin de la guerra en Ucrania.
Lukoil ha señalado que venderá sus activos internacionales al fondo de inversiones estadounidense Carlyle Group. Pero esta venta aún está sujeta a revisión por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro. Hasta el Kremlin comentó al respecto:
“Lo más importante para nosotros es que los intereses de la empresa rusa sean protegidos y respetados”, dijo el vocero Dmitry Peskov.
Esto se suma al rechazo de EE.UU. a que empresas como Gunvor —conocida por sus conexiones con el Kremlin— actúen como compradores, calificándolos públicamente como “títeres del Kremlin”.
¿Qué tan viable es este orden internacional "made in Trump"?
La creación del Board of Peace, la imposición de sanciones, la reedición del Centro Kennedy y la utilización de inmuebles en litigio muestran a un Trump que sigue rompiendo moldes incluso en su segundo mandato. Pero, ¿es viable realmente esta nueva arquitectura institucional que propone?
La falta de legitimidad internacional, las tensiones legales internas y el rechazo de artistas y diplomáticos hacen pensar que su aceptación será limitada. Sin embargo, el tablero geopolítico está en constante cambio, y organismos alternativos ya han surgido en la historia (la Liga de Naciones dio paso a la ONU, por ejemplo).
Trump ha demostrado que no necesita consenso unánime para actuar. En su visión, liderar significa imponer una solución, aunque eso signifique chocar con instituciones, jueces, críticos culturales y gobiernos extranjeros.
Resta por ver si el Board of Peace llega a consolidarse como un órgano funcional o si se convertirá en otro símbolo representativo de su visión unilateral del poder global.
