Zaporiyia bajo fuego: drones, diplomacia fallida y una guerra sin final a la vista

A medida que Rusia intensifica sus ataques contra civiles, las negociaciones de paz parecen cada vez más inconsistentes. ¿Está el mundo haciendo lo suficiente para detener esta tragedia?

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Zaporizhzhia, Ucrania — El sonido de sirenas antiaéreas se ha vuelto una macabra banda sonora en la vida de millones de ucranianos. En la madrugada del jueves, un ataque con drones rusos sobre la región de Zaporizhzhia dejó tres muertos y múltiples heridos, incendiando un edificio de apartamentos y sumiendo otra vez en el caos a comunidades que llevan casi cuatro años viviendo bajo ataque constante.

Mientras los bomberos luchaban por contener las llamas, el presidente Volodymyr Zelenskyy lanzaba una nueva advertencia: Rusia se prepara para otro ataque aéreo masivo, posiblemente involucrando cientos de drones, misiles de crucero y misiles balísticos. Esta vez, el objetivo probable es una vez más la infraestructura eléctrica —un arma indirecta para dejar sin energía a millones durante el crudo invierno ucraniano.

Un infierno aéreo silencioso

La guerra en Ucrania ha evolucionado en muchos frentes, pero uno de los más terroríficos es el uso intensivo de drones por parte de Moscú. Sólo en el último mes, más de 6.000 drones rusos fueron lanzados hacia territorio ucraniano, según el ministro de Defensa de Ucrania, Mykhailo Fedorov. Estos drones, cada vez más sofisticados, permiten atacar con precisión infraestructuras clave sin ningún combatiente ruso en peligro inmediato.

En palabras de Fedorov: “Rusia no solo mejora sus drones; también sus tácticas. Esto nos obliga a cambiar radicalmente nuestra estrategia de defensa aérea.”

Los civiles, como siempre, son los más afectados. A pesar del refuerzo de defensas antiaéreas con apoyo occidental, las cifras de muertos y heridos siguen aumentando.

Las cifras silenciosas de una tragedia humana

Un informe reciente de un think tank internacional estima que el número total de soldados muertos, heridos o desaparecidos en ambos bandos podría alcanzar los 2 millones para la primavera de este año. Esto convertiría al conflicto ucraniano en el más letal para Rusia desde la Segunda Guerra Mundial.

La comunidad internacional sigue condenando los ataques, pero el efecto de esa condena parece limitado. Cada vez que Rusia lanza una nueva oleada de misiles, cada comunicado de “profunda preocupación” se vuelve un ejercicio burocrático sin impacto en el terreno.

Una paz lejana: negociaciones sin compromiso

Este domingo están programadas nuevas negociaciones de paz, auspiciadas por Estados Unidos. Sin embargo, el propio Zelenskyy pone en duda la sinceridad de Moscú:

“Cada ataque ruso desacredita los diálogos de paz. Cada misil que cae sobre una casa, cada dron que pulveriza una escuela, anula esas mesas de negociación.”

Desde Bruselas, la alta diplomacia europea parece coincidir. Kaja Kallas, ministra de Asuntos Exteriores de Estonia, indicó que “Rusia no toma en serio estas conversaciones. Siguen atacando porque no pueden avanzar en el campo de batalla, y entonces atacan a los civiles.”

El bloque europeo teme que su voz quede al margen en unas negociaciones manejadas en gran parte por Washington, lo que les lleva a pedir estar plenamente involucrados ante una guerra que también amenaza su seguridad futura.

¿Es el mundo rehén de su propia pasividad?

Lo más alarmante es que, sin avances reales en las negociaciones, la comunidad internacional comienza a naturalizar la guerra. A pesar de los millones de damnificados, desplazados y fallecidos, muchos gobiernos han pasado de la acción al letargo diplomático.

La continuidad del conflicto pone en riesgo no solo a Ucrania, sino al sistema internacional de seguridad construido tras la Segunda Guerra Mundial. En palabras del presidente del Consejo Europeo, António Costa, desde Vietnam:

“En un momento donde el orden internacional basado en reglas está bajo amenaza por múltiples frentes, debemos permanecer juntos como socios principalmente confiables y predecibles.”

El ajedrez geopolítico más allá de Ucrania

El conflicto en Europa del Este también reconfigura alianzas en Asia. Países como Vietnam, India y China están cerrando tratados estratégicos y comerciales con potencias como la Unión Europea, fortaleciendo sus lazos frente a la inestabilidad global y la imprevisibilidad de actores como Rusia y, para algunos, Estados Unidos bajo liderazgos como el de Donald Trump.

El primer ministro británico, Keir Starmer, tras reunirse con Xi Jinping, pidió trabajar “por la estabilidad mundial en estos tiempos difíciles”. Y en Nueva Delhi, Narendra Modi remarcó que su acuerdo comercial con el bloque europeo contribuirá a fortalecer el orden internacional en plena tormenta.

Entre promesas de paz y lluvia de drones

Mientras las capitales del mundo hablan de tratados, asociaciones y futuros de estabilidad, las calles de Ucrania arden. La contradicción es dolorosa: ¿puede haber avances diplomáticos si cada reunión de cancilleres es precedida por una nueva masacre aérea? ¿Qué credibilidad tienen los actores sentados a la mesa de diálogo cuando uno de ellos instala el terror aéreo como herramienta de negociación?

Los ucranianos no tienen más tiempo. Necesitan compromisos reales y concretos, no declaraciones entre cafés diplomáticos. Y sobre todo, necesitan que el mundo deje de mirar al conflicto como un problema regional y lo entienda como lo que es: un punto de inflexión histórico que puede definir el rumbo del equilibrio mundial para las próximas décadas.

¿Qué se necesita para una paz real?

Algunos plantean opciones radicales: aumentar las sanciones, cerrar completamente el comercio energético con Moscú, implementar zonas de exclusión aérea bajo control de la OTAN, o acelerar el ingreso de Ucrania a la UE y la OTAN.

Aunque todas estas medidas tienen costos geopolíticos altísimos, la inacción tiene un precio aún más elevado: la normalización de crímenes de guerra y el debilitamiento total del derecho internacional.

La historia observará este momento con atención. La pregunta no será si condenamos la guerra. Será si hicimos lo suficiente mientras aún era posible evitar el abismo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press