¿Paz o estrategia? La reapertura del cruce de Rafah y el frágil alto el fuego en Gaza
Trump, Putin, sanciones a Irán y el punto crítico de Rafah: ¿qué hay detrás del aparente cese de hostilidades en Medio Oriente?
Un respiro bajo cero en la guerra de Ucrania
En medio de una devastadora ola de frío que azota Europa del Este, con temperaturas bajo cero y una infraestructura energética ucraniana al borde del colapso, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que su homólogo ruso, Vladimir Putin, habría aceptado suspender temporalmente los ataques contra Kiev y otras localidades ucranianas. Esta supuesta “pausa humanitaria” aún no ha sido verificada de forma independiente, y el Kremlin ha mantenido el hermetismo sobre los detalles, limitándose a afirmar que busca crear "condiciones favorables para las negociaciones".
Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, han sido múltiples los intentos de establecer ceses al fuego, aunque todos han sido en mayor o menor medida saboteados por ambas partes. El año pasado, una propuesta conjunta entre EE.UU. y Ucrania para una tregua de 30 días fue rechazada de forma tácita por Putin, quien insinuó respaldarla "en principio", pero siempre agregó condiciones adicionales. Otros gestos simbólicos, como el alto al fuego de 36 horas por la Navidad ortodoxa en enero de 2023, fueron acusados de estar plagados de violaciones por parte de Moscú.
El más reciente acuerdo se produce tras una conversación telefónica prolongada entre Trump y Putin, en la que ambos aparentemente pactaron dejar de atacar infraestructura energética por 30 días. Sin embargo, varias denuncias cruzadas de violaciones dificultan evaluar el impacto real de esta medida. Si bien la intención de Trump puede parecer pacificadora, también se lee como una jugada política previa a nuevas conversaciones multilaterales sobre el conflicto europeo.
El cruce de Rafah: un símbolo estratégico bajo asedio
En Gaza, el frágil segundo capítulo de un alto el fuego mediado por EE.UU. abre tímidamente una puerta: el cruce de Rafah, frontera vital entre Gaza y Egipto, reabre bajo estrictas limitaciones después de haber estado prácticamente cerrado desde que Israel lo capturó tras una ofensiva en mayo de 2024.
Esta frontera representa no solo la única salida al exterior para miles de gazatíes heridos en busca de tratamiento médico en el extranjero, sino también una válvula de esperanza para los más de 30.000 palestinos que esperan regresar a sus hogares. Sin embargo, lo que sobre el papel suena como un gesto de avance, en la práctica enfrenta una realidad distinta: sólo se permitirá el paso de unas pocas decenas de personas al día, sin habilitación aún para mercancías.
Las cifras hablan por sí solas: de acuerdo con el Ministerio de Salud de Gaza, más de 20.000 personas necesitan evacuación médica urgente. El protocolo, según fuentes israelíes y egipcias, permitirá unos 50 cruces diarios para salir y otros tantos para entrar, lo que representaría más de un año de espera en condiciones normales. Y eso, si no se producen nuevas restricciones.
Un mosaico de intereses: ¿quién controla realmente Rafah?
La reapertura ha implicado una red compleja de actores:
- Israel: controla tanto el cruce como la franja de territorio que conecta a Rafah con el resto de Gaza.
- Egipto: socio logístico y político clave en la región, permite la salida/entrada según protocolos omanados también desde Tel Aviv.
- Unión Europea: reanuda parcialmente su misión de asistencia fronteriza, suspendida desde 2007, cuando Hamas tomó el control de Gaza.
- Autoridad Palestina: funcionarios civiles estarán a cargo del sellado de pasaportes, como ocurrió brevemente en anteriores ceses a inicios de 2025.
“Cualquiera que entre o salga será totalmente inspeccionado”, enfatizó el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu el pasado martes. Esto confirma el control absoluto de Israel sobre las decisiones logísticas y humanas asociadas al cruce.
Desde el comienzo del alto el fuego, el número de obstáculos burocráticos pone de manifiesto que lo que se presenta como concesión humanitaria, funciona en realidad como una herramienta estratégica de control. El propio Netanyahu dejó en claro que no habrá reconstrucción en Gaza sin desarme previo de Hamas.
Sanciones a Irán: otra pieza del tablero regional
En paralelo, la Administración Trump intensificó sanciones contra Iran, enfocándose en figuras clave que han sido responsables de la represión interna o corrupción de alto nivel. Destacan:
- Eskandar Momeni, ministro del Interior, que supervisó la violenta represión de las protestas iniciadas en diciembre pasado. Más de 6.000 muertos, según ONGs, marcan uno de los episodios más sangrientos desde 2009.
- Babak Zanjani, inversionista acusado de desviar miles de millones de dólares del petróleo iraní hacia cuentas personales o para beneficiar redes del gobierno. Dos entidades cripto relacionadas fueron también sancionadas.
Además, se anunció la inclusión de 18 individuos y empresas en una lista negra de lavado de dinero. La medida, en palabras del secretario del Tesoro, Scott Bessent, busca “desmantelar las redes de élites corruptas que se enriquecen vaciando los bolsillos de las familias iraníes”.
Estas sanciones no son meramente punitivas; buscan debilitar la posición de Teherán en el conflicto regional entre Israel y fuerzas proiraníes como Hezbollah y Hamas.
Rafah antes de la guerra: un retrato del paso asediado
La historia del cruce de Rafah habla por sí misma: desde 2007, cuando Hamas se hizo con el control de Gaza, tanto Egipto como Israel impusieron estrictos bloqueos. En 2011 pareció abrirse una luz con la revolución egipcia, pero volvió a cerrarse en 2013 tras el golpe contra Mohammed Morsi, aliado ideológico de Hamas.
Se generó entonces una economía paralela subterránea: túneles que servían para el paso de bienes —y armas— bajo control de Hamas, que obtenía millones en impuestos irregulares.
En 2022, más de 32.000 camiones de bienes entraron por Rafah y más de 133.000 personas ingresaron. Sin embargo, la cantidad real de personas beneficiadas era mucho menor, ya que muchos debían cruzar una y otra vez por falta de garantías de permanencia o regreso.
¿Qué pasa con la ayuda humanitaria?
La ONU espera abrir Rafah también para suministros esenciales. Según Ramiz Alakbarov, coordinador adjunto de la ONU para Medio Oriente, la situación es crítica: “nos enfrentamos a demoras, negaciones y escasas rutas para transportar medicinas, gasolina y alimentos dentro de Gaza”.
Uno de los puntos más urgentes mencionados por el portavoz Stephane Dujarric es permitir la entrada de cargamentos humanitarios y del sector privado para ayudar a reactivar una economía totalmente colapsada. Esto requerirá acuerdos que aún no se han firmado.
Una tregua con sabor a pólvora
La reapertura limitada del cruce de Rafah no puede considerarse aún un símbolo de paz. En palabras de un funcionario israelí, “la demilitarización debe ir primero”. Es decir, hay condiciones estratégicas para cada centímetro que se concede.
Y mientras Donald Trump intenta posicionarse como el pacificador inesperado de conflictos internacionales, sus acciones —desde gestiones con Putin hasta sanciones contra Irán— parecerían más un juego de cartas diplomáticas que un proyecto genuino de paz duradera.
Lo cierto es que las pausas, los cruces y las reaperturas como Rafah siguen siendo instrumentos de presión y de poder, en una región donde las fronteras, más que líneas en el mapa, son reflejo directo de intereses políticos, militares y religiosos en permanente tensión.