El colapso financiero de la ONU: ¿una advertencia ignorada por Estados Unidos?
Con miles de millones en deudas impagas de sus miembros —principalmente EE.UU.—, la ONU enfrenta el riesgo real de una parálisis funcional histórica.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se encuentra al borde de una crisis financiera sin precedentes. El secretario general, António Guterres, encendió las alarmas en una misiva enviada a los 193 Estados miembros, advirtiendo que la organización podría quedarse sin liquidez para su presupuesto regular en cuestión de semanas si no se toman medidas urgentes. ¿Qué hay detrás del déficit millonario? ¿Quiénes son los mayores deudores? ¿Y qué consecuencias puede tener esta situación para la estabilidad global?
Una deuda que ahoga: Estados Unidos bajo el reflector
Aunque Guterres no menciona explícitamente a ningún país en su carta, todas las señales apuntan a Estados Unidos. Según funcionarios de la ONU, que hablaron bajo condición de anonimato, Washington debe actualmente 2.196 millones de dólares por su cuota obligatoria al presupuesto regular, y otros 767 millones correspondientes al presente año. Además, adeuda 1.800 millones más al presupuesto separado destinado a operaciones internacionales de paz, lo que eleva la cifra total por encima de los 4.700 millones de dólares.
La financiación de la ONU siempre ha dependido en buena medida de Estados Unidos, país que históricamente ha sido el mayor contribuyente. Pero la creciente tendencia del Congreso estadounidense a postergar o retener pagos, a menudo por motivaciones políticas, está golpeando con fuerza al organismo multilateral.
“No podemos ejecutar presupuestos con fondos no recolectados, ni devolver dinero que nunca recibimos.” — António Guterres, secretario general de la ONU
Un sistema financiero caduco
Guterres no solo pide el pago oportuno de las cuotas, sino una reforma estructural del mecanismo financiero de la ONU. Una de las reglas más controversiales —y problemáticas— del sistema actual es que obliga a devolver a los países miembros los fondos no utilizados, incluso si estos fondos nunca llegaron a ser pagados.
Según cifras del Departamento de Gestión de Estrategias de Financiación de la ONU, al finalizar 2025, el organismo había acumulado un récord de 1.568 millones de dólares en cuotas impagas, más del doble que al final de 2024. Muchos de los programas de desarrollo, ayuda humanitaria y mantenimiento de la paz penden de un hilo, y la infraestructura técnica y operativa corre serio riesgo de colapsar.
¿Qué debe cada quién?
La crisis no es producto exclusivo del incumplimiento estadounidense, aunque este sea el mayor responsable. Venezuela, por ejemplo, es el segundo país con mayor deuda, con 38 millones de dólares. Parte de esa deuda llevó a que el país sudamericano perdiera su derecho al voto en la Asamblea General por estar más de dos años en mora. A continuación, algunos deudores destacados según sus cifras estimadas:
- EE. UU.: $4.763 millones (presupuesto regular + operaciones de paz)
- Venezuela: $38 millones
- Brasil: $30 millones (estimación fluctuante)
- Israel: $10 millones (aproximadamente)
Y mientras tanto, 83 países sí han cumplido con el pago de sus cuotas a tiempo y en su totalidad en 2025, soportando una carga desproporcionada para sostener al organismo.
La postura de Estados Unidos: silencio e intereses cruzados
Hasta ahora, la misión estadounidense ante la ONU no ha emitido una declaración oficial sobre el reclamo de Guterres. Sin embargo, se sabe que la administración del expresidente Donald Trump fue ampliamente criticada por no pagar sus cuotas en años anteriores. De hecho, la ONU confirmó que durante el año 2024 EE.UU. no envió ningún pago, contraviniendo los acuerdos establecidos.
Este incumplimiento parece formar parte de una estrategia más amplia de desprestigio y desfinanciación de organismos multilaterales durante la era Trump. Hoy, esa herencia continúa afectando el funcionamiento de una organización clave para la diplomacia global.
Y no es solo una cuestión financiera: el mensaje es político. Muchos sectores conservadores en EE. UU. —incluyendo parte del Congreso y canales como Fox News— sostienen que la ONU representa una amenaza a la “soberanía nacional” y promueven una agenda “globalista” que consideran opuesta a los intereses estadounidenses.
¿Qué sucede si la ONU colapsa?
Un colapso financiero tendría consecuencias graves y de amplio alcance. La ONU mantiene:
- 17 misiones de mantenimiento de la paz alrededor del mundo
- Programas de ayuda humanitaria en más de 80 países
- Iniciativas de salud como UNICEF y la OMS (indirectamente)
- Despachos para refugiados (ACNUR), cambio climático y desarrollo sostenible
Reducir o paralizar estos programas implicaría más conflictos armados sin mediación, más personas desplazadas sin ayuda, y menos capacidad de respuesta ante pandemias, hambrunas o emergencias climáticas.
Alternativas propuestas: ¿reformar o desaparecer?
Ante esta crisis, Guterres solicita a los Estados miembros dos caminos:
- Pagar sus cuotas de forma completa y puntual.
- Rediseñar las reglas financieras internas de la ONU para que no se paralicen sus funciones por falta de entradas temporales.
La segunda opción podría incluir la creación de fondos de contingencia permanentes, flexibilización de pagos en cuotas o sanciones más severas a los países morosos, como la suspensión del voto en la Asamblea General.
No obstante, cualquier reforma estructural en la ONU requiere consenso de dos tercios de los países miembros, incluyendo a las potencias con poder de veto. Algo difícil de alcanzar cuando los intereses nacionales —y las crisis regionales— están a flor de piel.
Llamado a la responsabilidad global
Quizá la advertencia de Guterres no pueda ser más clara: la ONU está al borde del abismo operacional. La indiferencia de países clave como Estados Unidos pone en juego el equilibrio de una comunidad internacional ya golpeada por guerras, crisis climáticas y desigualdades crecientes.
Mientras tanto, las personas que más dependen de la ONU —millones de refugiados, niños sin acceso a vacunas, mujeres en zonas de conflicto y naciones vulnerables al cambio climático— quedan en el limbo. Todo por una deuda.
Tal como advirtió Kofi Annan en su día: “Más que un edificio en Nueva York, la ONU es una promesa. Hagamos que esa promesa no se rompa.”
