El incierto futuro del noreste de Siria: integración forzada, mujeres olvidadas y la sombra del Estado Islámico

La reciente tregua entre las fuerzas kurdas y el nuevo gobierno sirio reconfigura el equilibrio de poder en Siria, mientras miles de mujeres extranjeras ligadas al EI sobreviven en limbo en campos como Roj

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Por más de una década, el noreste de Siria ha sido sinónimo de autonomía kurda, conflicto constante y una lucha global contra el extremismo. Hoy, esta región vuelve al centro del escenario con un acuerdo sin precedentes que busca integrar lo que queda de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, por sus siglas en inglés) con el nuevo gobierno central de Damasco, mientras miles de mujeres y niños vinculados al Estado Islámico (EI) esperan una resolución a su situación en campos de detención como Roj y al-Hol.

Una paz frágil entre antiguas enemigas

El anuncio del acuerdo entre las SDF —predominantemente kurdas— y el gobierno interino del presidente Ahmad al-Sharaa marca un giro histórico. Tras semanas de intensos combates, particularmente en Alepo, ambas partes pactaron un alto al fuego y delinearon un proceso de integración que incluye:

  • Formar una brigada combinada con elementos de las SDF y las fuerzas armadas sirias.
  • Permitir que las fuerzas del Ministerio del Interior sirio ingresen en ciudades kurdas como Qamishli y al-Hassakeh.
  • Garantizar derechos civiles y educativos para la comunidad kurda.
  • Integrar las instituciones locales kurdas dentro del aparato estatal sirio.

Este proceso llega tras el colapso del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, cuando una coalición de antiguos rebeldes islamistas —algunos con pasado en al-Qaeda— tomó el poder en una ofensiva relámpago. El líder de esta coalición, Ahmad al-Sharaa, antes conocido como Abu Mohammed al-Golani, busca ahora consolidarse como el líder legítimo de una Siria fragmentada y diezmada por 14 años de guerra civil.

Estados Unidos, menos presente pero influyente

Pese a haber sido el principal respaldo militar de las SDF en su lucha contra el EI, Estados Unidos adoptó una posición más diplomática en los recientes enfrentamientos, presionando para alcanzar este acuerdo sin intervención militar directa. El giro coincide con el nuevo acercamiento de Washington al gobierno interino de al-Sharaa, quien ha mostrado en su discurso una postura más conciliadora hacia Occidente y se ha unido a la coalición internacional contra el EI.

Sin embargo, una tregua no garantiza estabilidad. Los enfrentamientos previos desplazaron a miles y agravaron la crisis humanitaria en los campos donde, desde hace años, mujeres y niños vinculados al EI viven en condiciones alarmantes.

Roj y al-Hol: campos ajenos al tiempo

Más de 26,000 personas permanecen hacinadas en los campos de detención del noreste sirio, principalmente en Roj (2,300 personas) y al-Hol (unos 24,000). Estas instalaciones albergan, sobre todo, a mujeres extranjeras —viudas o esposas de combatientes de EI— junto a sus hijos.

La mayoría fueron capturadas tras la derrota territorial del EI en 2019. Pero algunas, como la británica Shamima Begum o la tunecina Buthaina, llevan casi una década en estos campos, en condiciones extremadamente precarias. La situación ha generado alertas de organizaciones internacionales por el riesgo que representan tanto desde el plano humanitario como el de seguridad global.

“Lo que ocurre es justo lo que advertimos durante años. La existencia continuada de estos campos no es un accidente colateral; es una decisión política.” — Beatrice Eriksson, cofundadora de Repatriate the Children

¿Amnistía o impunidad?

Con el debilitamiento de las SDF, muchas mujeres en Roj expresan esperanza en una posible amnistía. Algunos ven en el ascenso de al-Golani (al-Sharaa) —quien fue eliminado de las listas de terroristas de la ONU y EE. UU.— un precedente para su propio perdón.

Él era el mayor terrorista. Ahora es presidente. ¿Por qué a mí no me dan amnistía?”, declaró Buthaina, madre tunecina que llegó a Siria con su esposo e hijos. “Yo no maté a nadie. Me castigaron nueve años como si fueran noventa”.

El miedo, sin embargo, persiste. Algunas, como Cassandra, una mujer belga cuyo esposo combatía con EI, temen represalias dentro del campamento tras mostrar colaboración con las autoridades kurdas. Otras, como Aysha, de nacionalidad alemana, simplemente no desean regresar a sus países natales.

Yo no vine de turismo. Siria es un país musulmán. Alemania está llena de infieles”, aseguró Aysha.

Un rompecabezas político y humanitario

Las cifras hablan por sí solas:

  • Más de 9,000 combatientes del EI permanecen detenidos en más de una docena de centros.
  • En Roj hay 742 familias de casi 50 nacionalidades distintas, la mayoría de antiguos países soviéticos.
  • En al-Hol, la mayoría de internas son sirias e iraquíes, facilitando su repatriación.

La inacción de la comunidad internacional ha generado un efecto paralizante. Mientras que varios países europeos han repatriado lentamente a niños y mujeres, el grueso sigue atrapado por la falta de voluntad política.

Entretanto, el gobierno de al-Sharaa toma control de los antiguos bastiones kurdos. Ha asumido la gestión de prisiones como al-Aqtan (cerca de Raqqa) y Shaddadeh (cercana a Irak), tras episodios de caos en los que al menos 120 prisioneros escaparon, aunque la mayoría fue recapturada.

¿Una solución duradera o el preludio de una nueva tormenta?

El acuerdo entre SDF y el gobierno central puede verse como un intento de reunificar Siria en un momento crítico, pero también como un proceso frágil que podría colapsar por falta de confianza, antecedentes de violencia y una base ideológica disímil entre kurdos y el nuevo liderazgo del país.

Los campos como Roj no son solo símbolos de detención, sino manifestaciones vivas de la incapacidad global para gestionar las consecuencias del conflicto con el Estado Islámico. Cada niña sin escuela, cada mujer sin juicio justo, es una fractura en el esfuerzo de paz.

En palabras de Buthaina: “Que juzguen a los culpables. A las demás… déjennos vivir”.

La historia de Siria sigue escribiéndose entre ruinas, acuerdos inciertos y esperanzas de mujeres que llevan nueve años esperando justicia donde la compasión escasea.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press