El legado roto de Grand Slam Track: sueños olímpicos, deudas millonarias y el grito urgente de los atletas
La liga que prometía revolucionar el atletismo cayó en bancarrota, dejando atrás promesas incumplidas, atletas endeudados y un deporte que sigue luchando por sobrevivir fuera de las Olimpiadas.
Una idea con nombre de campeón: el nacimiento de Grand Slam Track
Cuando el múltiple medallista olímpico Michael Johnson presentó Grand Slam Track (GST), lo hizo con una visión clara: sacar al atletismo del letargo económico en el que vive entre Juegos Olímpicos. Con promesas de bolsas millonarias, contratos firmados antes de competir y un nuevo modelo de negocio centrado en el espectáculo y los ingresos sostenibles, GST ilusionó a una comunidad ansiosa por una alternativa real.
En papel, todo sonaba revolucionario. Johnson, leyenda del atletismo y voz crítica del modelo tradicional, aportó 2,2 millones de dólares como préstamo para despegar la liga. Con la firma de estrellas como Sydney McLaughlin-Levrone, Gabby Thomas y Marileidy Paulino, parecía que el deporte estaba por fin recibiendo el trato económico digno que merecía.
La caída: bancarrota, deudas y silencio
Pero en menos de una temporada, el sueño se convirtió en pesadilla. GST declaró bancarrota, revelando que más de $40 millones de dólares seguían pendientes de pago a más de 300 atletas, entrenadores y proveedores. Eric Edwards Jr., un prometedor corredor de vallas, es uno de ellos. Solo recibió la mitad de los $38,000 prometidos. El resto —unos $19,000— sigue en el limbo.
“Nunca pensé que una liga no pagaría lo prometido”, dijo Edwards desde Francia, donde sigue compitiendo en la temporada bajo techo. “Lo veía como un nuevo comienzo, una oportunidad real. Ahora tengo que hacer entregas para Amazon para poder seguir entrenando”.
La realidad del atleta promedio
El caso de Edwards resalta una verdad incómoda en el mundo del atletismo de élite: la mayoría no puede vivir del deporte. Mientras las grandes estrellas llegan a portadas de revistas y acuerdos lucrativos, cientos de atletas de clase media deportiva como Edwards sobreviven apenas con lo mínimo.
En las palabras del propio Edwards: “Estoy en el puesto 15 del mundo. ¿Sabes cuánto gana el receptor #15 de la NFL? Millones. Yo no puedo ni pagar la renta”.
¿Qué fue mal en Grand Slam Track?
Las señales de alerta comenzaron temprano. En el primer evento, celebrado en Jamaica, atletas y proveedores comenzaron a reportar pagos retrasados. GST culpó a problemas de flujo de efectivo y prometió que las cosas mejorarían. Pero no fue así.
La cuarta competición, prevista para junio en Los Ángeles, fue cancelada sin explicaciones. Para entonces, los rumores ya eran gritos: los contratos firmados estaban siendo incumplidos.
Una segunda oportunidad injustificada
A pesar del desastre financiero, GST anunció planes para reiniciar la liga en 2026, con una nueva ronda de reclutamiento por $400,000 destinada a captar talentos... antes de pagar las deudas dirigidas a los atletas de 2025.
La indignación fue inmediata. La Association of Athletics Managers (AAM), que representa a 4 de cada 5 medallistas en mundiales y Juegos Olímpicos, tildó la idea de "inaceptable". En un comunicado contundente afirmaron: "La AAM no apoya este enfoque".
El daño emocional y psicológico
No se trata solo de números. La bancarrota de GST representa una traición emocional a atletas como Edwards, que sacrifican años de su juventud persiguiendo un sueño. Él ahora vuelva a vivir con su familia en Houston y trabaja jornadas de 10 horas para mantenerse a flote.
Despierta a las 6 a.m., se entrena en su antiguo colegio, y luego empieza su turno en Amazon. “No era el plan”, dice. “Todo lo que quería era vivir dignamente del esfuerzo que he hecho durante tantos años”.
La promesa rota de profesionalizar el atletismo
Michael Johnson apuntó alto, y su fracaso resalta el desafío intrínseco de convertir al atletismo, fuera de los escenarios olímpicos, en una industria rentable. A diferencia de otras ligas profesionales —NBA, NFL, MLB— no hay estructura ni contratos colectivos que respalden a los atletas todo el año.
GST tenía la ambición —y el respaldo mediático— para ser algo distinto. Pero terminó demostrando que no basta con soñar en grande. Se necesita gestión, transparencia y compromiso real con los atletas.
¿Y ahora qué?
El próximo miércoles hay una nueva audiencia de bancarrota. Los abogados, las agencias y los atletas esperan respuestas. Por ahora, el presidente de GST, Steve Gera, no ha respondido a los pedidos de declaración pública.
El mensaje que queda es claro: las ligas que dicen apoyar el atletismo no pueden construir castillos en el aire. Los atletas no pueden seguir pagando el precio de la irresponsabilidad empresarial.
Como concluye Edwards: “Mi sueño sigue siendo vivir del atletismo. Pero ahora lo veo con más escepticismo. Ya no creo en todo lo que brilla”.
Lo que significa para el deporte
El caso de Grand Slam Track debería abrir un debate real sobre la estructura económica del atletismo global. Mientras que el fútbol, el basket e incluso los deportes de combate han hallado maneras de mantener a sus atletas bien remunerados durante todo el año, el atletismo aún depende de eventos esporádicos, contratos individuales y esponsorizaciones cada vez más escasas.
Si el deporte no cambia, muchos talentos como Eric Edwards simplemente desaparecerán del mapa competitivo. No por falta de rendimiento. Por hambre.
Y lo que es peor: por culpa de promesas incumplidas que nunca debieron hacerse.
