El ocaso de los buffets en Las Vegas: De la comida barata a la experiencia de lujo

Cómo ha cambiado el alma gastronómica de la ciudad del pecado, y por qué los buffets accesibles están desapareciendo rápidamente del Strip

Las Vegas, la ciudad que nunca duerme y que una vez fue conocida por alimentar a millones con comidas baratas y generosas, está experimentando una transformación culinaria radical. Los icónicos buffets, una tradición que arrancó hace 80 años con el Buckaroo Buffet, están en peligro de extinción. En su lugar, surgen food halls de moda y experiencias gastronómicas de lujo a precios que rozan lo extravagante.

Del Buckaroo al bacanal: Un poco de historia

En 1946, el Buckaroo Buffet debutó ofreciendo fiambres y quesos por solo $1. Rápido, económico y abundante: ese era el mantra. Los buffets no estaban diseñados para hacer dinero directamente, sino para mantener a los clientes alimentados rápidamente y devolverlos a las máquinas tragamonedas. Este modelo perduró durante décadas, moldeando la imagen de Las Vegas como destino vacacional accesible.

Michael Green, profesor de historia y nativo de Las Vegas, relata con nostalgia cómo los buffets de $1.99 formaban parte esencial de los recuerdos de infancia: "pollo frito, maíz, pasteles… podías comer como un rey sin romper el banco".

La pandemia: Golpe letal para una tradición

Antes de 2020, el Strip albergaba decenas de buffets. Hoy, sobreviven menos de una docena. La pandemia de COVID-19 marcó un antes y un después. Muchos cerraron por razones sanitarias, pero jamás reabrieron debido al alza en los costos operativos y un cambio en las expectativas del consumidor.

Buffets emblemáticos como el Carnival World Buffet del Hotel Rio, con más de 300 platos internacionales, o el buffet del ARIA, célebre por su naan fresco y cocina india, han sido reemplazados por food halls como el Proper Eats. Incluso el buffet del Luxor —$32 por comida o gratis con bonos de casino— cerró definitivamente en 2023.

Del todo por poco al lujo por todo

La evolución de Las Vegas hacia un paraíso gastronómico impulsado por chefs de renombre llevó a una exigencia mayor de calidad. Al Mancini, periodista culinario y fundador de la guía Neon Feast, explica que hoy en día el buffet es una atracción en sí misma. Ejemplo de esto es el A.Y.C.E. Buffet en el Palms, donde por $80 puedes disfrutar de langosta ilimitada, cóctel de camarones, sushi, pasta y performances en vivo, desde mariachis hasta bailarinas hawaianas.

Marcus O’Brien, chef ejecutivo del Palms, compara la experiencia con un circo: “No solo es comer, es espectáculo, es indulgencia, es escapismo”.

¿Qué hemos perdido? Nostalgia y accesibilidad

Para muchos, el declive de los buffets no es sólo gastronómico, sino emocional. Ryan Bohac, habitual visitante desde Arizona, lo resume así: “Comías hasta explotar y luego ibas directo a la máquina tragamonedas. Era parte de la cultura, y es triste ver cómo cambia”.

Jeff Gordon, turista de California, compara esta transición con el adiós al cóctel de camarón de 99 centavos. Hoy prefiere los buffets high-end como el del Wynn o el Bacchanal en Caesars Palace, pero confiesa que extraña las opciones económicas: “Es como el hot dog de $1.50 en Costco: vas por eso, y terminas gastando $150 en cosas que ‘quizás’ necesitabas”.

El impacto económico

Aunque los nuevos buffets de lujo y food halls son exitosos, su existencia representa un obstáculo para el turismo de clase media. Como señala Gordon, Las Vegas empieza a parecer “tan cara como Nueva York o San Francisco”. La falta de opciones asequibles podría estar impactando negativamente en la afluencia de visitantes nacionales promedio.

La ciudad parece estar apuntando a viajeros más pudientes y a los foodies con gustos exigentes. Pero, como enfatiza Jim Higgins, guía gastronómico de la ciudad, “Las Vegas ha cambiado, sí. Pero también ha dejado atrás una parte de sí que era encantadora en su simplicidad”.

¿Qué queda, entonces?

Buffets como el del Wynn siguen ofreciendo montañas de patas de cangrejo, estaciones de corte de costillar ahumado y platos que parecen sacados de revistas gourmet. Eso sí, por precios que rondan los $175 por persona. Algunos aún ofrecen "comps" (cupones gratuitos del casino), pero son cada vez más escasos y limitados.

Y es que lo que era una solución alimentaria funcional, se ha convertido en un símbolo de estatus. “Un buffet en Las Vegas ahora es una atracción turística más”, resume Mancini. “Y eso significa que vas a pagar por esa atracción”.

El futuro: ¿Extinción o evolución?

La pregunta que muchos se hacen es si los buffets tradicionales volverán algún día o si su declive es definitivo. Mancini no lo cree: “El buffet no morirá. Evolucionará para adaptarse a la ciudad, como siempre ha hecho”.

Ese proceso, sin embargo, podría alejarlos cada vez más de aquellos que buscan viajes accesibles y memorias culinarias con sabor a nostalgia.

Los últimos sobrevivientes: ¿Dónde comer buffet en 2026?

  • The Buffet at Wynn: sin duda el más lujoso, con decoración sofisticada y platos de alta gama.
  • Bacchanal Buffet, Caesars Palace: una oda a la abundancia, con más de 500 platos rotativos.
  • A.Y.C.E. Buffet, Palms Casino: modernidad, temáticas semanales y calidad cuidada.

Pero son la excepción, no la norma. Otros, como el Main Street Station’s Garden Court Buffet o el buffet del South Point, luchan por mantenerse vigentes ofreciendo calidad decente a mejores precios.

Una transformación cultural

Lo que está en juego no solo es el modelo de negocio, sino parte de la identidad de Las Vegas. La ciudad antes ofrecía experiencias “de lujo para todos”, y los buffets eran una muestra clara de ello. Al hacerlos inaccesibles, Las Vegas corre el riesgo de perder su encanto democrático.

Como dijo una vez una vieja campaña del casino Silver Slipper: “Mañana, la dieta. Hoy, el gran buffet.” Una consigna que hoy solo resuena entre mesas cubiertas de fina porcelana y precios exorbitantes.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press