Gaza entre el sufrimiento y la desesperación: pacientes atrapados en un limbo médico mortal
Miles de palestinos, muchos niños, esperan evacuación urgente para recibir tratamiento fuera de Gaza mientras hospitales colapsan y el cruce de Rafah permanece cerrado o con acceso restringido.
Una historia que se repite: una niña, una rodilla rota y la espera interminable
Rimas Abu Lehia, una adolescente palestina de tan solo 15 años, vive una pesadilla desde que una bala israelí destrozó su rodilla izquierda mientras intentaba conseguir algo de comida. La escena se repitió decenas, incluso cientos de veces, desde que comenzó el conflicto en octubre de 2023: civiles desesperados por ayuda humanitaria y subsistencia básica, enfrentados a fuego militar.
Hoy, la vida de Rimas depende de una operación quirúrgica que debe realizarse fuera de la Franja de Gaza. Sin embargo, como ella, más de 20.000 palestinos —en su mayoría heridos de guerra o pacientes con enfermedades crónicas como el cáncer— siguen atrapados esperando una evacuación médica que se retrasa o nunca llega. Según el Ministerio de Salud de Gaza, hay al menos 4.500 niños en esta misma situación.
Rafah: una puerta cerrada al alivio
Gran parte de las esperanzas de estos pacientes están puestas en el cruce de Rafah, el paso fronterizo entre Gaza y Egipto. Pero desde que Israel lo tomó en mayo de 2024, el tránsito de personas ha sido mínimo. Antes del último anuncio de reapertura que promete permitir la evacuación diaria de 50 a 150 personas, sólo se permitía la salida de unas 25 personas por semana, según cifras de las Naciones Unidas.
Con una lista creciente de personas en espera, este ritmo sería insuficiente: tomaría entre 130 y 400 días completar la evacuación actual. Esto siempre que no se agreguen nuevos pacientes, algo impensable considerando que la guerra continúa dejando secuelas cada día.
Un sistema de salud colapsado
Desde el inicio del conflicto tras los ataques de Hamás a Israel en octubre de 2023, la infraestructura médica de Gaza ha colapsado. La mayoría de los hospitales están fuera de servicio o funcionan parcialmente, sin electricidad, sin medicinas y con personal médico exhausto. El hospital oncológico único de Gaza fue cerrado en los primeros meses del conflicto y destruido en una operación israelí en 2025, bajo acusaciones —no presentadas públicamente con pruebas— de que Hamás lo utilizaba con fines militares.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 10.000 pacientes han sido evacuados fuera de Gaza desde que comenzó la guerra. De ellos, apenas 17 pacientes por semana lo lograron después del cierre de Rafah, salvo durante una breve tregua a inicios de 2025. Mientras tanto, el Ministerio de Salud reveló una cifra estremecedora: al menos 1.200 personas han muerto esperando su evacuación.
Cáncer sin tratamiento: una condena silenciosa
El ejemplo de Rimas no es único. Ahmed Barham, estudiante universitario de 22 años, enfrenta el diagnóstico de leucemia. Sin acceso a quimioterapia —se estima que el 75% de los medicamentos contra el cáncer han desaparecido de los hospitales de Gaza—, el joven ha perdido más de 35 kilogramos mientras su familia desespera por una autorización de salida que no llega.
Gaza alberga más de 11.000 pacientes con cáncer. De ellos, al menos 4.000 necesitan tratamiento urgente fuera del enclave. Sin embargo, Israel ha prohibido enviar estos pacientes a hospitales en Cisjordania o Jerusalén Este, lo que antes era el destino natural de evacuación médica. Cinco organizaciones de derechos humanos israelíes han presentado un petitorio ante la Corte Suprema para revertir esta medida que, según ellas, exacerba las consecuencias humanitarias de la guerra.
Un cruce diplomático: países que no quieren permitir el regreso
Una de las grandes trabas para la evacuación —además del cierre del cruce fronterizo— es que muchos países han mostrado reticencia a aceptar pacientes, pues Israel no garantiza su derecho a volver a Gaza. Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Turquía han sido los principales destinos hasta ahora, pero la demanda supera por mucho la capacidad humanitaria disponible.
Un funcionario de Naciones Unidas, que prefirió mantener el anonimato, explicó que incluso con la apertura parcial actual del cruce, “la cifra diaria no es suficiente para atender la gravedad de la situación”.
Las balas del hambre: disparos en medio de la carencia
Otro factor alarmante que ha contribuido a la crisis médica ha sido el uso de munición contra civiles que se agolpan alrededor de convoyes de ayuda alimentaria. Rimas, por ejemplo, fue herida cuando acompañaba a su hermano, que había salido en busca de comida. Las autoridades israelíes han declarado que sus tropas disparaban tiros de advertencia.
No obstante, organizaciones de salud locales aseguran que “cientos de personas” resultaron heridas o muertas por disparos en este contexto. Se ha formado una narrativa constante donde la desesperación por alimentos termina en heridas graves o incluso muerte.
El infierno de espera: vivir, sufrir, morir esperando una autorización
Mahmoud Abu Ishaq, de 14 años, sufrió desprendimiento de retina después que el techo de su casa se derrumbara tras un bombardeo. Hoy es completamente ciego. Su padre, Fawaz, dice con tristeza: “Estamos esperando. Pero el cruce nunca abre”.
En este complejo contexto, muchas vidas como la suya transcurren en una espera en la que la muerte suele llegar antes que la autorización. Para algunos, como Rimas, cada día postergado significa más dolor. Su padre declaró recientemente: “Me dijeron que la evacuarían en enero... nada ha pasado. Solo la veo llorar en su silla de ruedas, sin esperanza”.
La salud como arma de guerra
Lo que sucede en Gaza no es sólo una crisis médica, sino una crisis de derechos humanos. En un conflicto prolongado, donde la infraestructura civil es atacada y el acceso a la atención médica es limitado por políticas externas, la salud se convierte en otra víctima más.
Siguiendo los informes de organismos internacionales, más de 440 personas en espera de evacuación presentan condiciones de vida o muerte. Impedir su salida, o dilatar el proceso por causas burocráticas o políticas, puede considerarse una forma de castigo colectivo, algo que la legislación internacional condena firmemente.
¿Dónde queda la humanidad?
En medio del debate político, geopolítico y militar, historias como la de Rimas, Ahmed o Mahmoud quedan relegadas a los márgenes de los reportes oficiales. Pero representan una verdad innegable: miles de vidas dependen de decisiones gubernamentales y diplomáticas sobre un simple cruce fronterizo. Y cada día de espera son horas sumadas a la cuenta regresiva del sufrimiento.
El conflicto en Gaza ha abierto muchas heridas, pero la crisis médica es, sin dudas, una de las más profundas y menos visibles. Hasta que Rimas pueda caminar de nuevo o Ahmed reciba su tratamiento, Gaza seguirá siendo el sinónimo de un limbo médico sin precedentes.