Trump vs. Powell: ¿Quién debe realmente manejar la política monetaria de EE.UU.?

El regreso de Kevin Warsh a escena marca una cruzada política por el control de la Reserva Federal

Por primera vez desde que abandonó la presidencia, Donald Trump parece decidido a dejar una huella aún más profunda en la Reserva Federal (Fed). Su nuevo intento: colocar a Kevin Warsh al timón del banco central más poderoso del mundo, reemplazando al actual presidente Jerome Powell.

En un contexto económico marcado por una inflación persistente, una recuperación desigual pospandemia y una deuda en escalada, el debate sobre quién debe dirigir la Fed —y cómo— es más relevante que nunca. Esta no es sólo una batalla técnica sobre tasas de interés y bonos del Tesoro; es también una batalla ideológica sobre el rol del gobierno en la economía, la independencia de las instituciones y, por supuesto, la influencia de la Casa Blanca.

Kevin Warsh: de promesa conservadora a esperanza trumpista

Con sólo 35 años, Kevin Warsh alcanzó en 2006 la Junta de Gobernadores de la Fed, convirtiéndose en uno de los más jóvenes en la historia de la institución. Graduado en Harvard y Stanford, y con paso por Morgan Stanley, Warsh parecía el arquetipo perfecto de tecnócrata con paladar de mercado. Sin embargo, no todos en la comunidad económica comparten esa percepción.

Durante la crisis financiera de 2008-2009, Warsh fue uno de los asesores más cercanos a Ben Bernanke. Este último lo calificó como "uno de mis asesores y confidentes más cercanos". Pero no se debe olvidar que, en un momento crítico para la economía estadounidense, Warsh defendía mantener tasas más altas a pesar del riesgo inminente de deflación. Su preocupación por la inflación resultó ser, en el corto plazo, infundada.

¿Por qué Trump quiere a Warsh?

Según Trump, Warsh es el candidato ideal porque "viene del casting central". La frase, aunque parece superficial, revela mucho sobre cómo el expresidente percibe el poder: la imagen importa tanto como la política monetaria.

Pero la razón de fondo es más pragmática: Warsh representa una oportunidad para tomar control político sobre la Fed. Desde el mandato de Trump, ha habido una creciente tensión entre la independencia del banco central y la presión de la Casa Blanca por recortes de tasas que estimulen el crecimiento, especialmente en momentos clave del ciclo electoral.

Trump ha criticado repetidamente al actual presidente, Jerome Powell, a quien él mismo nominó en 2017. "Recibí malos consejos", ha dicho sobre esa decisión, agregando que Powell ha fracasado en alinearse con sus políticas pro-crecimiento, particularmente en la batalla contra la inflación.

El mito de reducir tasas para ganar elecciones

Desde la administración de Richard Nixon, existe una persistente idea —no exclusiva de los republicanos— de que reducir las tasas de interés antes de unas elecciones puede beneficiar políticamente al gobierno de turno. Y aunque ciertamente puede tener impactos a corto plazo en los mercados, la política monetaria no es una varita mágica electoral.

Recortar tasas con una inflación aún alta (como ocurre en muchos sectores de EE.UU.) podría provocar mayores alzas de precios, reducir el poder adquisitivo y generar un escenario de recesión con estanflación. Esto fue precisamente lo que ocurrió en la década de 1970, y la Fed aprendió muy bien esa lección… al menos hasta ahora.

La visión de Warsh: entre Reagan y Silicon Valley

En artículos recientes, Warsh ha retomado una retórica profundamente conservadora sobre las causas de la inflación. Según él:

"La inflación no es causada por una economía que crece demasiado rápido o por trabajadores ganando mejores salarios. Es causada por un gasto gubernamental excesivo y una emisión desmedida de dinero" (The Wall Street Journal, noviembre de 2023).

Esta visión rompe con la ortodoxia keynesiana y se alinea con una nueva narrativa conservadora que responsabiliza directamente a políticas sociales progresistas (como gasto en bienestar o subvenciones) por los problemas estructurales de la economía estadounidense.

Además, Warsh impulsa la tesis de que tecnologías como la inteligencia artificial serán un factor "desinflacionario" porque aumentan la productividad. Este argumento —aunque optimista— tiene sus detractores. Para que la IA tenga impacto directo en los precios, primero debe difundirse ampliamente y cambiar dinámicas completas de producción, lo cual aún está en etapa incipiente.

¿Una Reserva Federal politizada?

La Fed ha sido históricamente uno de los pocos órganos de gobierno en EE.UU. con independencia operativa. La idea es sencilla pero poderosa: que decisiones monetarias técnicas no se contaminen con presiones partidarias de corto plazo.

Sin embargo, el deseo de Trump de instalar a Warsh no oculta sus fines políticos: someter a la Fed a su visión de crecimiento rápido, tasas bajas y estímulo económico incluso cuando los indicadores no lo recomiendan.

Más preocupante aún, Warsh ha dicho explícitamente que el banco central ha perdido su rumbo al inmiscuirse en temas como el cambio climático o la diversidad institucional. Para él y muchos conservadores, estas áreas no sólo son irrelevantes, sino amenazas a la neutralidad de la política monetaria.

El precedente histórico de la presión política sobre la Fed

Vale la pena recordar casos como el de Arthur Burns, el presidente de la Fed durante el gobierno de Nixon. Según documentos desclasificados, Nixon presionó directamente a Burns para mantener las tasas bajas con el objetivo de asegurar su reelección. El resultado fue un breve auge... seguido de una inflación galopante que requirió políticas monetarias dolorosas en los años de Paul Volcker.

Nadie quiere repetir esa historia. Pero el contexto actual tiene similitudes alarmantes.

¿Quién gana y quién pierde con Warsh?

De ser confirmado como presidente de la Fed, Warsh probablemente implementaría políticas que beneficien al sector financiero —del cual proviene él mismo— y a sectores con fuertes lobbies conservadores. Más aún, podría permitir una expansión económica insostenible en el corto plazo, lo cual genera efectos devastadores a largo plazo.

Los principales perdedores serían los trabajadores con salarios fijos, las pequeñas empresas que dependen de la estabilidad de precios, y por supuesto, la propia credibilidad de la Reserva Federal.

La batalla ideológica continúa

El enfrentamiento entre Trump y la actual visión institucional de la Fed no es aislado. Forma parte de una estrategia mayor para moldear todas las instituciones estadounidenses hacia una visión trumpista del poder, donde la lealtad pesa más que el mérito técnico, y donde los contrapesos se convierten en obstáculos políticos.

Kevin Warsh puede parecer un banquero tradicional, pero sus recientes declaraciones revelan una transformación ideológica: se ha convertido en el portavoz perfecto de una política monetaria subordinada al poder ejecutivo.

En un mundo en que la economía global depende del mensaje que emita cada comunicado de la Fed, ¿puede Estados Unidos darse el lujo de jugar a la política con sus tasas de interés?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press