¿Quién controla la narrativa cuando la policía mata?: El peligro de los juicios apresurados y las falsas declaraciones oficiales

Los casos de Alex Pretti y Renée Good reavivan un debate doloroso sobre el uso de la fuerza policial, la desinformación oficial y la lucha por justicia en América

Cuando las autoridades anuncian que una persona fue abatida por la policía bajo circunstancias justificadas, muchas veces la sociedad acepta la versión sin cuestionarla. Pero en un país con un largo historial de abusos policiales y desinformación, ¿quién debe controlar la narrativa?

El asesinato de Pretti y Good: una familiaridad escalofriante

La muerte reciente de Alex Pretti y Renée Good a manos de agentes federales en Minneapolis ha vuelto a encender el debate sobre el uso de la fuerza por parte del Estado, la credibilidad de los informes oficiales y las devastadoras consecuencias de una justicia que parece depender del color de piel o del contexto político.

Pretti, enfermero de cuidados intensivos, y Good, poeta, madre y esposa, fueron rápidamente descritos como radicales peligrosos por la administración federal. Sin embargo, videos que circulan contradicen esa versión: Pretti sostenía un teléfono y no un arma cuando fue agredido por agentes.

La sospechosa rapidez del relato oficial

Para los familiares de las víctimas y activistas por la justicia racial, el patrón es dolorosamente conocido. Leonard Sipes, exoficial y experto en comunicaciones policiales, sostiene que la regla de oro en casos controversiales debería ser simplemente decir: “Está bajo investigación”.

“La reputación de la agencia está en juego. Adelantarse sin pruebas puede arruinarla definitivamente”, declaró Sipes.

Sin embargo, en el caso de Pretti y Good, altos cargos como la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, hasta el presidente Donald Trump difundieron rápidamente que se trataba de militantes extremistas. Una afirmación jamás rectificada.

El precedente: George Floyd, Philando Castile y otros

No es la primera vez que la policía recurre a una narrativa que criminaliza a la víctima para proteger la actuación de sus agentes. Los casos de George Floyd (2020) y Philando Castile (2016) aún resuenan como ejemplos de cómo los estereotipos y prejuicios pueden desencadenar una ola nacional de injusticia.

“Nada más escuchar cómo las autoridades justificaban los disparos me transporté a cuando mataron a mi sobrino,” comentó Clarence Castile, tío de Philando. “Dijeron lo mismo: que el oficial temía por su vida. Y nunca investigaron a fondo.”

La voz de las familias como arma contra la impunidad

En medio del duelo, las familias de las víctimas tienen que organizar ruedas de prensa, presentar pruebas en redes sociales y presionar por investigaciones independientes solo para intentar que el relato oficial no opaque la humanidad y la inocencia de los suyos.

Así lo expresó Tiffany Crutcher, hermana gemela de Terence Crutcher, un afroamericano asesinado en 2016 en Tulsa. “Teníamos que contrarrestar la historia de que mi hermano era un ‘tipo malo’. ¡No lo era! Y nos tocó hablar cuando aún nos estábamos desmoronando.”

Cuando la víctima no es negra: ¿una nueva reacción social?

La muerte de Pretti y Good ha causado un eco distinto. Aunque ellos eran blancos, sus casos están generando indignación generalizada, incluso de quienes antes minimizaban la brutalidad policial hacia personas afroamericanas.

Según Justin Hansford, director del Centro de Derechos Civiles Thurgood Marshall, esto demuestra cómo “la experiencia negra siempre ha sido el termómetro de la injusticia que termina por afectar a todos.”

Melina Abdullah, cofundadora de Black Lives Matter Grassroots, remarcó: “Lloramos y nos enfurecemos por el asesinato de Pretti y Good. Porque lo que sufrieron es lo mismo que Black America sufre diariamente. Y ni es justo para ellos, ni ha sido nunca justo para nosotros.”

Un patrón sin corregir: de Michael Brown a Renée Good

Desde Michael Brown en Ferguson (2014) hasta los asesinatos más recientes, hay un patrón constante: matar, criminalizar, declarar que fue ‘justificado’, y pocas veces retroceder en la versión inicial.

El informe del Departamento de Justicia confirmó prácticas racistas en Ferguson, pero aún así, las narrativas policiales se repiten con poca o ninguna rendición de cuentas.

¿Justicia o propaganda institucional?

La desconexión entre el discurso institucional y la realidad de las víctimas ha erosionado la confianza en el sistema de justicia. Muchos expertos y activistas consideran que estamos ante un problema estructural, donde los controles externos son débiles o inexistentes.

“La policía tiene un privilegio institucional: puede construir narrativas sin tener que demostrar nada primero,” asegura Timothy Welbeck, académico en Estudios Africanos en Temple University. “Y eso es peligrosísimo en una democracia.”

Estudios del proyecto Mapping Police Violence revelan que más de 1,200 personas murieron a manos de la policía en EE.UU. en 2023. En la mayoría de los casos, los datos iniciales provienen únicamente de fuentes policiales.

El clamor por una institución independiente de supervisión

Ante la incapacidad de confiar en las investigaciones internas, numerosas voces abogan por la creación de organismos autónomos que puedan investigar estos crímenes con independencia política y sin vínculos con cuerpos de seguridad.

“No puede ser que quienes se ven implicados en un posible crimen sean los mismos que investigan y difunden la primera versión al público,” sostiene Hansford.

Reacciones sociales: ¿una oportunidad de cambio?

El nivel de empatía pública que han generado los casos de Pretti y Good podría marcar un punto de inflexión. Personas que antes desestimaban el malestar de la comunidad afroamericana comienzan a ver que la violencia institucional no respeta raza, género ni filiación política.

“Durante mucho tiempo, cuando denunciamos racismo estructural, nos dijeron que exagerábamos. Ahora muchos están despertando, aunque sea tarde,” dijo Abdullah.

Desde el caso de Rodney King hasta el de George Floyd, ha habido momentos de despertar social. ¿Será este otro hito que obligue a reformas reales?

La urgente necesidad de transparencia

En palabras del sociólogo David Garland, “la legitimidad de cualquier sistema penal reside no solo en sus actos de justicia, sino en ser visto como justo por todos.” Mientras las autoridades persistan en ocultar o distorsionar los hechos, esa legitimidad seguirá quebrándose.

La lección que dejan los trágicos asesinatos de Alex Pretti y Renée Good debe extenderse más allá de Minneapolis y más allá del presente. Se trata de justicia, pero también de memoria histórica.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press