Elecciones en Costa Rica: ¿Reforma del sistema o continuidad populista?
Con el crimen como telón de fondo, el país centra su futuro político entre la figura conservadora-populista de Chaves y una oposición aún fragmentada
San José, Costa Rica — Las elecciones presidenciales del 2026 en Costa Rica no solo deciden quién ocupará el cargo más alto del país, sino que marcan un parteaguas entre dos visiones extremas del rumbo nacional: la continuidad del proyecto populista-conservador de Rodrigo Chaves, o el retorno a partidos tradicionales que buscan recuperar vigencia reformando su imagen institucional.
Una nación entre el miedo y el cambio
El fenómeno Chaves emergió como una tormenta política en 2022, cuando, apoyado en un discurso antisistema y de mano dura, logró imponerse como presidente. Cuatro años más tarde, esa misma retórica mantiene a su candidata, Laura Fernández, liderando las encuestas previo a una elección crítica.
Fernández, exministra de planificación y de la presidencia durante la actual administración, representa no solo la continuación del modelo actual, sino una intensificación del enfoque polarizador de Chaves.
Mientras tanto, el país sufre un aumento preocupante de la criminalidad. En los últimos cinco años, Costa Rica ha experimentado una de las tasas de homicidios más altas de su historia contemporánea, pasando de 11,2 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2020 a más de 17 en 2025. Algunos analistas incluso hablan de la "colombianización" del crimen organizado costarricense.
¿Quién es Laura Fernández?
La figura política de Laura Fernández ha crecido a la sombra del presidente Chaves. Con apenas unos años en cargos públicos, su principal vínculo con el electorado viene dado por su promesa de “continuar y profundizar” la transformación iniciada por Chaves. Esta transformación ha implicado un enfrentamiento frontal con los otros poderes del Estado—especialmente el Congreso y la Corte Suprema—, a quienes el presidente ha acusado de “bloquear el progreso del país”.
Su liderazgo genera opiniones divididas. Mientras sus simpatizantes valoran su firmeza y coherencia con el discurso de orden, sus detractores la ven como una extensión autoritaria del actual mandatario.
Un Congreso fragmentado
Además de elegir presidente, los costarricenses renovarán los 57 escaños de la Asamblea Legislativa. El actual Partido Progreso Social Democrático (de Chaves) necesita una mayoría calificada para modificar leyes clave y avanzar en reformas constitucionales, entre ellas la controvertida intención de modificar el proceso de elección de magistrados del Poder Judicial y concentrar más atribuciones en el Ejecutivo.
Los analistas temen que una mayoría oficialista pueda generar un desequilibrio institucional: “La democracia costarricense ha funcionado en base al equilibrio de poderes; destruir eso en nombre de la eficiencia representa un riesgo”, apunta Constantino Urcuyo, politólogo de la Universidad de Costa Rica.
¿Y la oposición?
Con una abundancia de candidatos (20 personas compiten en esta elección), la fragmentación opositora sigue siendo uno de los mayores obstáculos para frenar a la maquinaria electoral chavista. Entre los que destacan se encuentran:
- Álvaro Ramos, economista y candidato del histórico Partido Liberación Nacional (PLN)
- Claudia Dobles, ex primera dama y candidata del bloque progresista Coalición Agenda Ciudadana
Aunque ambos han tenido un repunte moderado semanas antes del sufragio, distan mucho de igualar el nivel de intención de voto de Fernández. Solo un sorpresivo desempeño los colocaría en posición de forzar una segunda vuelta electoral el próximo 5 de abril, lo cual no es descartable del todo.
La sombra del populismo conservador
Rodrigo Chaves se unió a la lista de líderes populistas conservadores que han surgido en América en situación de crisis. Siguiendo una estrategia similar a la de Nayib Bukele en El Salvador—con altos índices de aprobación pese a medidas autoritarias—Chaves ha cultivado una imagen de salvador fuerte ante la inseguridad y la corrupción.
En su momento, su victoria se fraguó sobre una crítica directa a los partidos tradicionales—PLN y PUSC—por su ineficacia, clientelismo y corrupción. En 2026, esta retórica sigue vigente, y Fernández se encarga de recordarla en cada intervención pública.
“No quieren que este país avance, están atados a sus privilegios y no escuchan al pueblo”, dijo en un mitin reciente en Alajuela.
Los temas clave del electorado
Además del crimen, hay otras preocupaciones que dominan el voto ciudadano:
- Economía: Aunque hubo una leve recuperación postpandemia, el desempleo ronda el 11% y el costo de vida ha aumentado casi 20% en cinco años.
- Educación: Costa Rica fue históricamente referente centroamericano, pero las huelgas docentes y la falta de acceso a tecnología han disminuido significativamente los niveles de aprendizaje.
- Corrupción: Escándalos mediáticos han salpicado a casi todos los partidos, lo que refuerza el mensaje de outsider promovido por el oficialismo.
Una democracia en la cuerda floja
La politización del discurso ha llegado a extremos preocupantes. Recientemente, se denunció un supuesto plan para asesinar al presidente Chaves, aunque la veracidad de la amenaza aún está bajo investigación, lo que ha polarizado aún más la opinión pública. Algunos ciudadanos temen que estos hechos puedan utilizarse para legitimar medidas de control más rígidas en una democracia tradicionalmente considerada ejemplar.
“Este proceso electoral no es solo una votación, es un plebiscito sobre el futuro del sistema democrático costarricense”, analizó el constitucionalista Rubén Hernández Valle.
¿Costa Rica como espejo de la región?
Lo que ocurre en este pequeño país centroamericano también tiene resonancia regional. Desde Buenos Aires hasta México, pasando por Quito y Lima, partidos populistas han triunfado sobre establecimientos debilitados por años de ineficiencia.
La pregunta crucial es si Costa Rica cederá por completo al populismo autoritario o logrará consolidar una alternativa democrática renovada. La historia de América Latina muestra que, una vez consolidado el poder bajo un liderazgo fuerte, las instituciones se debilitan y resulta mucho más difícil revertir el camino.
En palabras de Urcuyo: “El verdadero reto es proponer soluciones al crimen sin sacrificar nuestra institucionalidad. Y eso, hasta ahora, solo lo promete Laura Fernández empujando un modelo que va más allá de simples reformas.”
Falta muy poco para saber cuál visión terminará imponiéndose el próximo 4 de febrero.