Protestas en Milán: el rechazo europeo a la presencia de ICE en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026

Multitudes en Italia se alzan contra la participación de agentes de ICE en tareas de seguridad, en una manifestación marcada por la memoria antifascista y la defensa de los derechos humanos

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Milán, enero de 2026. A menos de un mes del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno, la ciudad de Milán ha sido escenario de una protesta masiva que revela las tensiones internacionales y los temores históricos que aún resuenan en Europa. Cientos de personas, convocadas por organizaciones políticas, sindicales y de derechos humanos, salieron a la Piazza XXV Aprile para manifestarse contra el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), cuya asignación está prevista dentro de una unidad de coordinación de seguridad en el evento.

Lo que a simple vista podría parecer una decisión logística menor en materia de seguridad internacional ha desatado en Italia una respuesta visceral e ideológica, marcada por la memoria antifascista, los fantasmas del autoritarismo y una profunda desconfianza hacia las políticas migratorias y de seguridad del gobierno estadounidense.

El simbolismo de una plaza: XXV Aprile, la resistencia y la memoria

El lugar elegido para la protesta no fue casual. La Piazza XXV Aprile, cuyo nombre conmemora el día de la liberación de Italia del régimen nazi-fascista en 1945, se convirtió este 31 de enero en el epicentro de una nueva resistencia simbólica.

Convocados principalmente por el Partido Democrático, el sindicato CGIL y la ANPI (organización nacional de partisanos italianos), la movilización congregó a una variada coalición de ciudadanos, activistas y colectivos que no ven con agrado la presencia, aunque sea indirecta, de una agencia como ICE, que se ha hecho mundialmente conocida por su papel en la detención de migrantes y las deportaciones masivas en Estados Unidos.

“ICE solo en el Spritz”: creatividad contra la vigilancia

Entre pancartas y consignas, la protesta tenía un aire casi festivo: música desde una furgoneta, silbatos, colores, y un tono marcadamente sarcástico en las consignas. Una de las pancartas más fotografiadas fue la que proclamaba: “ICE solo en el Spritz”, haciendo alusión a la popular bebida italiana.

Otros carteles echaban mano de una retórica más grave y seria, con frases como “Ice = Gestapo” o “Nunca más significa nunca más, para nadie”.

Silvana Grassi, una de las manifestantes, explicó con voz entrecortada que le “partía el alma” ver las imágenes de agentes de ICE arrestando niños o disparando a manifestantes en ciudades como Minneapolis. “Son escenas que jamás deberían repetirse, y ver que tantos años después tenemos que volver a luchar contra eso, simplemente me hace llorar”, dijo.

¿Qué unidad de ICE estará en Milán?

Una parte de la confusión que alimenta la protesta radica en el desconocimiento (o rechazo) ante las distintas divisiones internas de ICE. Los agentes que estarán en Milán no pertenecen a Enforcement and Removal Operations (la infractora y más conocida unidad de deportaciones), sino a Homeland Security Investigations (HSI). Esta división se encarga de delitos transnacionales como tráfico de personas, contrabando e incluso ciberdelincuencia.

Su función en los Juegos será puramente de inteligencia y coordinación con la delegación estadounidense, y en teoría no tendrán contacto con civiles ni patrullarán las calles milanesas. Sin embargo, esto no ha apaciguado el rechazo ni impedido el surgimiento de un debate público encendido sobre la conveniencia de su presencia.

Giuseppe Sala y el Parlamento italiano alzan la voz

El propio alcalde de Milán, Giuseppe Sala, declaró a medios locales: “No están invitados. ICE no es bienvenido en esta ciudad”. Sala no es un radical de izquierda, sino una figura institucional moderada, lo que indica que la preocupación trasciende espectros ideológicos.

Por su parte, el ministro del Interior, Matteo Piantedosi, ha sido convocado al Parlamento para dar explicaciones sobre cómo se autorizó la participación de ICE, abriendo una grieta dentro del mismo gobierno italiano.

Algunos opositores acusan al gobierno de Giorgia Meloni de permitir esta colaboración como parte de una estrategia pro-Washington, que pondría en segundo plano la soberanía nacional bajo el pretexto de la seguridad internacional.

El temor al “fascismo en tránsito”

Paolo Bortoletto, otro de los manifestantes, dijo con firmeza: “Sabemos que estos agentes no son los que cazan migrantes, pero es la ideología que representan aquello que rechazamos. No queremos fascistas, no aceptamos su vigilancia, ni simbólica ni literal”.

Sus palabras resumen el pensamiento de muchos europeos que ven en la retórica y política antiinmigrante de ciertos sectores de Estados Unidos un reflejo de un pasado que Europa conoce bien: la demonización del “otro”, la criminalización de la pobreza y el uso de la fuerza como respuesta al conflicto social.

La consigna más coreada de la jornada: “Nunca más”, evoca deliberadamente el lenguaje usado para recordar y prevenir los horrores del Holocausto y otros regímenes autoritarios. La equivalencia simbólica entre ICE y la Gestapo, aunque exagerada para algunos analistas, encierra un mensaje político claro: lo que comienza como control puede terminar en represión.

¿Seguridad o provocación diplomática?

Desde Estados Unidos, el Departamento de Seguridad Nacional ha intentado explicar la naturaleza técnica de la misión que cumplirá ICE durante los Juegos. “Es un trabajo preventivo, investigativo y de análisis de datos. Nada más”, aseguró un funcionario bajo anonimato.

Sin embargo, la visita de altos funcionarios estadounidenses como el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio a la ceremonia de apertura añade un peso político adicional a la operación. No es solo un despliegue técnico: es una declaración diplomática.

El hecho de que la protesta haya estallado con este nivel de fuerza demuestra que el simbolismo cuenta, y mucho, en la política contemporánea.

¿Europa frente a la doctrina de “seguridad total”?

El mundo actual, marcado por guerras, terrorismo global, pandemias y migraciones masivas, ha visto aparecer nuevas doctrinas de seguridad total. Desde aeropuertos militarizados hasta reconocimiento facial en estadios, la idea de que “todo puede ser una amenaza” ha permitido el crecimiento de agencias como ICE a nivel internacional, fuera de su jurisdicción natural.

Italia y Europa, con su trauma histórico y enfoque basado en derechos humanos, parecen estar entrando en fricción directa con esta visión. Si bien nadie niega la necesidad de seguridad en eventos masivos como las Olimpiadas, se abre la discusión sobre quién debe garantizarla, cómo se hace y bajo qué marco ético.

Milán, 2026: entre las Olimpiadas y la resistencia

Este evento en Milán podría pasar como un capítulo más en la lista de anécdotas previas a grandes citas internacionales. Pero también podría ser recordado como el momento en que una ciudadanía europea dijo basta al avance silencioso de estructuras represivas disfrazadas de colaboración internacional.

Como gritaba un cartel al finalizar la marcha: “De Minnesota al mundo: los derechos humanos no se negocian”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press