Venezuela tras la captura de Maduro: ¿esperanza renovada o más de lo mismo?
A un mes de la operación que cambió el rumbo del país, los venezolanos enfrentan una nueva era con temores, expectativas económicas y heridas aún abiertas
Un país en pausa: el antes y después del 3 de enero
Caracas, 3 de enero de 2026. El cielo rugía con helicópteros y explosiones. Aquel día marcó un antes y después para los venezolanos. La captura del entonces presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en una operación relámpago sacudió los cimientos del poder chavista. Treinta días después, la nación oscila entre la incertidumbre, la esperanza y el temor persistente de nuevos episodios violentos o represivos.
“Me siento como si nada realmente hubiera pasado”, dice Julio Castillo, un jubilado de 74 años que resume el sentir de muchos. El cambio ha sido abrupto, pero para algunos ciudadanos, las estructuras fundamentales del poder siguen intactas.
Delcy Rodríguez, la sucesora cuestionada
Tras la caída de Maduro, su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asumió como presidenta interina. Sin embargo, su legitimidad y autonomía son motivo de debate. ¿Gobierna ella o actúa como brazo ejecutor de las decisiones de la Casa Blanca? Para muchos chavistas, su mandato se da en un contexto de coerción, mientras que para la oposición es insuficiente como cambio real.
“Estamos actuando bajo coacción”, declara José Vivens, un juez de paz y leal a Maduro, convencido de que Rodríguez se ve obligada a colaborar con los estadounidenses para evitar una mayor catástrofe nacional.
Privatización del petróleo: el fin de una era chavista
Uno de los giros más llamativos del gobierno de Rodríguez ha sido su apertura al capital privado en el sector petrolero. El anuncio de una reforma a la ley de hidrocarburos, aprobada por la Asamblea y firmada en tiempo récord, rompe con un principio clave del chavismo que defendía el control estatal absoluto sobre PDVSA.
Esta decisión sigue la línea marcada por el expresidente de EE.UU., Donald Trump, quien, tras la captura de Maduro, prometió revitalizar la industria petrolera venezolana atrayendo inversión extranjera.
La oposición, entre la cautela y la frustración
Muchas figuras opositoras percibieron la caída de Maduro como una oportunidad para retomar el control político. Sin embargo, el respaldo inicial de Washington a Rodríguez descolocó a sectores que apoyan a María Corina Machado, laureada con el Nobel de la Paz, pero aún sin espacio significativo en la nueva dinámica de poder.
“Esto es la continuación del autoritarismo con un maquillaje de apertura”, sentenció Andrés Velásquez desde su reaparición pública. Su comentario remite al riesgo latente de consolidar una dictadura renovada en lugar de una transición democrática genuina.
¿Una nueva ventana para los derechos humanos?
La transición, por tenue que sea, ha servido para que algunos reaparezcan. Decenas de personas mantienen vigilias frente a cárceles exigiendo la liberación de detenidos considerados presos políticos, incluyendo periodistas y miembros del ejército.
En un giro inédito, una televisora privada transmitió imágenes de Machado desde Washington, algo impensable durante los últimos años. Pero el miedo aún restringe la expresión política de muchos. Las redes sociales siguen sin menciones directas a los cambios, y las críticas se redactan en pizarras durante videollamadas, borradas de inmediato al terminar.
La economía, eje de esperanza
La principal expectativa de mejora recae en el terreno económico. La presidenta interina ha prometido un aumento salarial que aliviaría a millones que hoy viven bajo umbrales de extrema pobreza, con sueldos inferiores incluso a $1 mensual.
Según cifras del Observatorio Venezolano de Finanzas, el salario promedio en el sector público ronda los $160, muy por debajo de los estándares de subsistencia recomendados por organismos internacionales como la ONU, que establece $2,15 por día como línea base para no situarse en pobreza extrema.
“Vimos morir nuestras esperanzas durante años, pero quizás con esto algo pueda cambiar”, afirma Margarita García, una docente cuyo hijo no pudo dormir durante días tras el operativo de captura de Maduro y aún teme otro ataque.
¿Y las heridas del pasado?
La falta de celebraciones abiertas tras la captura de Maduro habla mucho del trauma acumulado. Muchos temen represalias aún con el cambio de cara en el poder. Carteles con rostros de opositores buscados como Edmundo González siguen presentes en oficinas públicas.
Una frase escuchada con frecuencia en las calles de Caracas: “Sí, cayó Maduro, pero ¿y qué más?”. Porque para buena parte de la población, la experiencia de 25 años de chavismo ha enseñado que los cambios en Venezuela suelen ser cosméticos… o peligrosamente efímeros.
La relación con EE.UU.: ¿resignación o realismo?
Durante años, los discursos del oficialismo calificaban a EE.UU. como el “imperio” que buscaba oprimir al pueblo venezolano. Hoy, la misma narrativa ha sido ajustada. Rodríguez habla de cooperación mutua y asegura que ni ella ni el país aceptarán órdenes externas.
Pero su legislación permite el control parcial del principal motor económico del país a manos extranjeras. ¿Es pragmatismo o sumisión?
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, fue claro al declarar en el Senado que “Washington no tiene intención alguna de acción militar adicional en Venezuela”. Aun así, la sombra del intervencionismo sigue viva en el imaginario colectivo.
Un delicado equilibrio entre luz y sombra
Venezuela se encuentra en la encrucijada. Las calles parecen tranquilas, demasiado tranquilas, sin protestas masivas ni celebraciones públicas. El miedo permanece como un sistema de control invisible pero eficaz.
Pero también hay señales de esperanza. Gente que vuelve a hablar, líderes que reaparecen, empresas que invierten tímidamente, y una posible mejora salarial que podría dar un respiro a millones. Nada es definitivo, pero por primera vez en años, los venezolanos sienten esa chispa de posibilidad.
La pregunta es si esa chispa prenderá el fuego de una verdadera transformación… o si se apagará una vez más, ahogada por la represión, la polarización y las viejas estructuras del poder.
Seguiremos reportando.