¿Qué tan pronto empieza el cerebro a categorizar el mundo? Lo que nos revelan los bebés de dos meses
Un estudio revolucionario demuestra que los bebés distinguen entre objetos y seres vivos antes de lo que se creía. ¿Qué significa esto para el desarrollo cognitivo temprano?
¿Cuándo comienza un bebé a entender el mundo que lo rodea? Hasta ahora, muchas teorías del desarrollo cognitivo infantil sugerían que no es sino hasta los 3 o 4 meses de edad que los bebés comienzan a categorizar el mundo: distinguiendo entre seres vivos y objetos inanimados, animales y plantas, personas y cosas. Pero un nuevo estudio sugiere que esta capacidad existe desde mucho antes — específicamente, a partir de los dos meses.
La investigación, publicada en Nature Neuroscience, utilizó imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar el cerebro de 130 bebés de dos meses y descubrió que ya son capaces de diferenciar objetos según su categoría visual. Este hallazgo no solo revoluciona cómo entendemos el desarrollo cognitivo temprano, sino que también podría tener implicaciones clínicas de largo alcance.
Un cerebro ya atento al mundo
La autora principal del estudio, Cliona O’Doherty, lo resume perfectamente: “Nos dice que los bebés están interactuando con el mundo de una forma mucho más compleja de lo que imaginamos”. Según los investigadores de Trinity College Dublin, el estudio permitió ver cómo el cerebro de un bebé reacciona de forma diferente cuando ve una imagen de un gato en comparación con una silla.
Este tipo de diferenciación se logró gracias a la técnica de resonancia magnética funcional —una herramienta que permite medir la actividad cerebral mientras el bebé está despierto— y esto significó un reto técnico importante. Como destaca la neurocientífica francesa Liuba Papeo, mantener a un bebé de dos meses despierto, cómodo y quieto dentro de un escáner de resonancia magnética es una hazaña por derecho propio.
“IMAX para bebés”: cómo se llevó a cabo el estudio
Para lograrlo, los bebés se recostaron sobre una especie de bean bag dentro del escáner, donde se proyectaban imágenes gigantes en una pantalla. El diseño buscaba mantener al bebé cómodo y enfocado, casi como si estuvieran viendo una película en un cine IMAX, adaptado para su pequeño mundo.
Durante la sesión, los bebés miraban imágenes de distintas categorías como árboles, animales, rostros humanos, figuras geométricas y objetos inertes. El cerebro de los bebés respondía de forma distinta a cada categoría, lo cual permitió registrar patrones de activación cerebral diferenciados.
Resultados inesperados: una mente más sofisticada
Los patrones cerebrales revelaron que incluso a los dos meses, los bebés pueden agrupar visualmente objetos similares. Esta habilidad había sido identificada previamente a partir de los tres o cuatro meses utilizando métodos más limitados como el tiempo de fijación visual (es decir, cuánto tiempo un bebé mira un objeto). Sin embargo, la fMRI permitió un análisis más profundo e inmediato.
O’Doherty destacó que “ya tienen esta capacidad de agrupar en categorías a los dos meses. Es algo mucho más complejo de lo que pensábamos antes”.
Un vistazo a los nueve meses
Muchos de los bebés que participaron a los dos meses, regresaron al estudio a los nueve meses. En estos casos, los cerebros mostraron una respuesta aún más organizada: la diferenciación entre objetos inanimados y seres vivos era mucho más intensa.
Esto sugiere que, aunque a los dos meses la capacidad ya existe, con el tiempo se vuelve más sofisticada y estructurada, reflejando el desarrollo del sistema visual y cognitivo del bebé.
Implicaciones para la ciencia del desarrollo
¿Por qué es tan importante este hallazgo? Porque plantea nuevas preguntas, como por ejemplo: ¿hasta qué punto la habilidad de categorizar objetos está determinada por la experiencia frente a la predisposición biológica? Y también lleva a considerar si estos patrones cerebrales tempranos pueden usarse como indicadores de desarrollo cognitivo futuro, e incluso detectar posibles trastornos del neurodesarrollo desde etapas muy precoces.
La cantidad de sujetos que formaron parte del estudio (130 a los dos meses y 66 a los nueve meses) también le da una fuerza estadística poco común en estudios de esta índole. “Es un trabajo impresionante y único”, comentó Papeo, destacando la dificultad técnica que implica este tipo de neuroimágenes en infantes.
Del laboratorio a la vida diaria: ¿qué podemos aprender?
Estos hallazgos pueden revolucionar el campo de la neurología pediátrica y la psicología del desarrollo. A medida que avancen las tecnologías de imagen y análisis, será posible incluso pronosticar o diagnosticar retrasos en el desarrollo cognitivo antes de que se hagan evidentes mediante el comportamiento.
Además, saber que un bebé de apenas dos meses ya empieza a “categorizar el mundo” puede tener un impacto en la forma en que los adultos interactúan con ellos. ¿Qué pasaría si los cuidadores supieran con certeza que cada objeto que el bebé ve activa una red categórica cerebral? Diseñar entornos estimulantes visual y cognitivamente podría jugar un papel mucho más importante de lo que se pensaba.
¿La neurociencia nos adelanta el futuro?
El estudio abre la puerta a futuras líneas de investigación. Por ejemplo, comparar el cerebro de bebés sanos con aquellos en riesgo de autismo, dislexia u otros trastornos del desarrollo para ver si estas diferencias de categorización visual se manifiestan desde el principio.
También podría ayudar a crear mejores modelos de inteligencia artificial basados en el desarrollo cognitivo humano. Si las máquinas pudieran aprender como lo hace un bebé de dos meses, podríamos acercarnos más a una inteligencia artificial verdaderamente humanizada.
Este es solo el comienzo de un nuevo capítulo en la ciencia del desarrollo cerebral. Y como toda gran aventura científica, nos deja con más preguntas que respuestas, pero con una certeza deslumbrante: los bebés entienden el mundo mucho antes —y mucho más— de lo que jamás imaginamos.
