¿Un ángel con rostro político? El escándalo de la Basílica de San Lorenzo que sacude a Italia

Una obra restaurada en una iglesia romana desata polémica por su aparente parecido con la primera ministra Giorgia Meloni. ¿Arte sagrado o propaganda disimulada?

Roma arde… aunque no literalmente. Esta vez, el fuego no lo provocaron gladiadores, ni emperadores sedientos de poder, ni siquiera turistas rebeldes alimentando palomas en la Fontana di Trevi. El epicentro del escándalo es nada menos que la Basílica de San Lorenzo in Lucina, donde un ángel pintado en una capilla restaurada ha causado un terremoto cultural, político e incluso religioso.

Un ángel demasiado terrenal

Cuando se habla de las tradiciones artísticas en espacios religiosos, hay un largo camino pavimentado por artistas que tomaron la licencia de representar rostros conocidos. Desde el uso de modelos reales por Caravaggio hasta los autorretratos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, el recurso no es nuevo. Sin embargo, el siglo XXI trae su propio tipo de controversia: un querubín en actitud sumisa frente al busto del último rey de Italia —Umberto II— y, aparentemente, con el rostro de la actual primera ministra, Giorgia Meloni.

La imagen apareció tras una restauración reciente en 2023, cuando infiltraciones de agua dañaron parte de la capilla. Aunque el restaurador, Bruno Valentinetti, niega que haya modelado el rostro con Meloni en mente, los parecidos son tan notables que incluso la prensa italiana se hizo eco con titulares sensacionalistas y miles de visitas a la iglesia.

El escándalo en contexto

El escándalo va mucho más allá de una anécdota estética. Lo que alimenta la polémica es el simbolismo del ángel, retratado sosteniendo un mapa de Italia y, lo más grave para muchos, en una pose de reverencia hacia Umberto II. Para entender la magnitud del asunto, conviene recordar que Italia abolió la monarquía tras la Segunda Guerra Mundial por sus vínculos con el régimen de Mussolini. Que ahora el rostro de una política contemporánea, cuyo partido tiene raíces en el movimiento neofascista post-Mussolini, aparezca en este contexto, ha hecho saltar las alarmas tanto en el Estado como en la Iglesia.

En un comunicado firme, la Diócesis de Roma anunció una investigación detallada del fresno. El Ministerio de Cultura también envió una comitiva encabezada por la delegada Daniela Porro para “constatar la naturaleza de la obra” y decidir si son necesarias acciones correctivas.

Giorgia Meloni: ¿ángel o estrategia?

Meloni, lejos de inflamarse, optó por la ironía. En sus redes sociales escribió: “No, definitivamente no me parezco a un ángel 😂”, con un emoji de risa-lágrima junto a una foto del querubín. Con esa respuesta procuró desactivar el drama con humor, aunque los sectores más críticos no quedaron satisfechos. Algunos ven en la decoración una suerte de propaganda subliminal: presentar a Meloni como figura redentora en un espacio sagrado, conectándola visualmente con la unidad italiana (representada por el mapa) y el poder monárquico.

¿Quién manda en el arte sacro?

La cuestión ha derivado en un debate más profundo sobre la apropiación de lo sagrado. El cardenal Baldassare Reina, vicario de Roma, fue tajante al anunciar una investigación e insistir en que el patrimonio religioso no puede prestarse a simbolismos políticos. “Las imágenes del arte sacro y la tradición cristiana no pueden ser mal utilizadas ni explotadas”, afirmó en un comunicado que pone el foco en separar Iglesia y Estado.

El párroco de la basílica, el padre Daniele Micheletti, ha intentado desmarcarse. “El sacerdote no es responsable directo de las decoraciones, el dueño es otro”, explicó a la prensa mientras atendía múltiples llamadas telefónicas. Según él, la pieza original fue creada en el año 2000, y el rostro no fue modificado en la restauración. Sin embargo, la omisión de documentos gráficos del estado previo de la obra hace que muchos duden de esa versión.

La historia detrás: el busto de Umberto II y la restauración del 2000

La capilla en cuestión fue restaurada por primera vez en el año 2000 como homenaje al rey Umberto II, quien pasó sus últimos años en el exilio en Portugal tras la abolición de la monarquía por plebiscito en 1946. Durante esa renovación se introdujo el busto del rey junto a otros elementos decorativos: el mapa de Italia, flores, y al famoso querubín, del que ahora se debate su morfología exacta.

El hecho de que el artista original, Valentinetti, también esté detrás de la restauración, complica el asunto. En varias entrevistas ha insistido en que no se inspiró en nadie en particular: “Es una percepción subjetiva. Cada quien ve lo que quiere ver”, declaró en prensa italiana. Pero como bien dicen los curadores de arte, el ojo no siempre miente.

¿Dónde están los límites del simbolismo?

El dilema planteado en Roma es apenas una muestra de un fenómeno global: la politización del espacio público y simbólico. Desde estatuas derribadas en EE.UU. por sus connotaciones racistas, hasta nombres de calles que generan controversia, todo lo simbólico está en revisión, especial cuando se vincula a figuras contemporáneas y, más aún, cuando se trata de líderes con filiaciones controvertidas.

Para algunos críticos de arte consultados por medios italianos como La Repubblica y Corriere della Sera, la pintura podría ser una “carta de amor visual” a Meloni, realizada por un artista simpatizante. Otros, en cambio, creen que todo está siendo sobredimensionado, y que la semejanza es un caso clásico de pareidolia, esa tendencia a ver rostros conocidos donde no existen.

Una iglesia bajo escrutinio

La Basílica de San Lorenzo in Lucina es una de las más antiguas de Roma, consagrada en el año 440 por el Papa Sixto III. Está situada en una zona prominente cerca de la Plaza de España. Entre sus secretos alberga el cuerpo de Nicolas Poussin, uno de los pintores barrocos más célebres de Francia, y en su sacristía se encuentra un cuadro atribuido a Guido Reni. A pesar de todas estas joyas, la atención mediática se la ha llevado un ángel polémico.

Esta curiosidad ha transformado el templo en casi un parque temático: decenas de turistas hacen fila para tomar una foto del querubín, interrumpiendo las misas e incomodando a los fieles. «Es una distracción innecesaria que aleja del espíritu del lugar», dijo una feligresa a Il Messaggero.

Reflexiones finales: ¿la religión al servicio de quién?

Este episodio recuerda que las expresiones artísticas, incluso en los lugares donde se espera neutralidad espiritual, nunca están desligadas del momento histórico ni de los actores de poder. Ya sea por devoción, estrategia, homenaje o provocación, el arte sacro continúa siendo un espejo de la sociedad. Y en el caso italiano, este espejo ha generado más ruido del que la curia esperaba.

Por ahora, la imagen del querubín sigue allí, testigo mudo de una tensión entre espiritualidad y política que parece no querer apagarse. Si el rostro representa o no a Meloni podría no importar tanto a largo plazo. Lo fundamental es que nos recuerda algo clave: en el siglo XXI, hasta los ángeles pueden ser controversiales.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press