El escándalo de Grand Slam Track: de promesa revolucionaria a deuda millonaria
World Athletics exige justicia para los atletas mientras se desvela el colapso financiero de una liga que prometía cambiar el atletismo
La industria del atletismo profesional vuelve a estremecerse, y no precisamente por una marca mundial. La liga Grand Slam Track (GST), fundada por el legendario velocista Michael Johnson, ha sucumbido a las deudas con más de $40 millones en pasivos, dejando a cientos de atletas —incluidos campeones olímpicos— sin pagar tras competir de buena fe.
En un deporte históricamente marginado en cuanto a ingresos masivos y cobertura mediática, GST se presentó como una alternativa prometedora: un circuito de élite, bien remunerado, con transmisión de alta calidad, y que unificaba a las principales estrellas del atletismo global. Pero tras apenas tres eventos y una bancarrota declarada, lo que queda es desilusión, frustración y exigencias de justicia desde los más altos organismos deportivos.
Un sueño ideado por una leyenda
Michael Johnson, cuatro veces campeón olímpico y una de las voces más respetadas del atletismo mundial, fue el rostro y cerebro tras Grand Slam Track. El propósito era revolucionar la forma en que se organiza y remunera la élite del atletismo profesional, compitiendo incluso con la Diamond League de World Athletics (WA).
Con eventos planificados en sedes icónicas como Atlanta, Los Ángeles y Filadelfia, GST funcionó de manera independiente a WA, aunque obtenía puntos válidos para el ranking mundial. Johnson y su equipo prometieron bolsas de premios mayores, contratos de participación garantizados y una puesta en escena que buscaba atraer patrocinadores no tradicionales.
La realidad fue otra. Según documentos judiciales, la liga acumuló deudas enormes, incluyendo $2 millones que el propio Johnson prestó al proyecto, posiblemente con la esperanza de salvar un último evento. El resultado: atletas de alto perfil, como Sydney McLaughlin-Levrone ($268,750), Gabby Thomas ($185,625) y Marileidy Paulino ($173,125), todavía esperan su pago.
World Athletics responde: "Inconcebible"
Ante la revelación de que GST está buscando financiación para reiniciar operaciones en 2026 —incluso antes de saldar las deudas existentes—, World Athletics no se quedó callada. A través de un comunicado oficial, calificaron la propuesta como "inconcebible" y tomaron una postura firme:
“Es inconcebible que se hagan esfuerzos para reiniciar Grand Slam Track en 2026 sin haber resuelto primero las obligaciones financieras pendientes con atletas, proveedores y prestadores de servicios. Es imperativo que quienes compitieron de buena fe sean tratados con justicia.”
La Asociación de Representantes de Atletas (Association of Athletics Managers), que representa a gran parte de los corredores de élite, también denunció los planes de la liga de usar $400,000 en reclutamiento de atletas sin antes cumplir con los pagos adeudados a unas 300 personas y empresas.
La crisis lleva meses gestándose
La bancarrota de GST no ocurrió de la noche a la mañana. Desde su tercer evento en Filadelfia, el circuito mostró señales de inestabilidad financiera. Varios atletas comenzaron a reportar retrasos en los pagos, mientras que proveedores de servicios técnicos, seguridad, y logística revelaron la falta de cobros por sus trabajos.
A lo largo de ese proceso, la organización no emitió declaraciones públicas y su presidente y CEO, Steve Gera, ha ignorado múltiples pedidos de comentarios por parte de los medios.
La próxima audiencia judicial relacionada con el caso de bancarrota está programada para este miércoles, con múltiples partes interesadas esperando algún tipo de resolución o cronograma de pago.
¿Demasiado bueno para ser verdad?
Muchos se preguntan ahora si el concepto de una liga independiente de atletismo profesional es simplemente inviable en el contexto actual. Aunque las intenciones de Johnson eran nobles, la realidad mostró que sin una estructura financiera sólida y sostenida por patrocinadores comprometidos, resulta extremadamente difícil mantener una iniciativa tan ambiciosa.
Lo cierto es que los atletas se han convertido una vez más en las víctimas de modelos organizativos fallidos. La experiencia de GST recuerda los fallidos intentos de otras ligas alternativas en el deporte profesional, como la XFL en el fútbol americano o la Superliga Europea en el fútbol.
El valor de competir con fe... y sin pago
Una de las mayores injusticias está en el hecho de que muchos atletas viajaron, entrenaron y compitieron confiando en la buena fe de la liga. Algunos incluso ajustaron sus calendarios para priorizar las competencias de GST por encima de otras oportunidades.
Al respecto, la velocista Gabby Thomas comentó en redes sociales:
“Nunca pensé que participaría en una competencia de atletismo profesional y no recibiría ni un centavo. Esto afecta no solo mi bolsillo, sino la confianza que tengo en el sistema.”
El daño no es solo financiero. La desilusión emocional y la pérdida de fe en nuevas oportunidades hacen retroceder años de trabajo por mejorar la visibilidad y sostenibilidad del atletismo profesional.
Comparaciones con otros deportes
A diferencia del fútbol, el baloncesto o el béisbol, donde los contratos millonarios y derechos televisivos garantizan estabilidad, el atletismo ha quedado rezagado en términos de ingresos. Pese a ser uno de los deportes principales en los Juegos Olímpicos, el circuito profesional carece de una sólida estructura comercial. La Diamond League domina actualmente el calendario competitivo, pero no siempre proporciona los ingresos que las estrellas del deporte consideran justos.
Propuestas como Grand Slam Track ofrecían esperanza, pero sin respaldo de organismos oficiales como WA o financiación de largo plazo, el camino es cuesta arriba.
¿Y ahora qué?
World Athletics ya ha declarado que no dará aval a ninguna operación futura de GST hasta que se hayan saldado completamente las deudas. La lección resulta clara: proyectos ambiciosos deben ser sostenibles, éticos y responsables. Mientras tanto, Johnson ha perdido no solo dinero, sino credibilidad ante la comunidad que una vez lo colocó en la cima del podio olímpico.
El episodio deja un sabor amargo en un deporte que lucha constantemente por reconocimiento. Cada vez que una liga cae, no solo pierde el atleta, también el fanático que anhela ver lo mejor del talento humano en la pista... sin que el reloj financiero explote antes de llegar a la meta.
