El legado tóxico de la industria de alfombras en el sur de EE.UU.: una amenaza silenciosa que persiste

Durante décadas, químicos usados para hacer alfombras resistentes a manchas han contaminado el agua potable de millones. ¿Qué sabían las empresas y por qué se tardó tanto en actuar?

En las tranquilas comunidades del noroeste de Georgia, donde el rugido constante de los telares industriales forma parte del paisaje sonoro cotidiano, se esconde un peligro silencioso. Se trata de los compuestos PFAS, conocidos como 'químicos eternos', utilizados ampliamente desde los años 70 en la producción de alfombras para hacerlas resistentes a las manchas.

Estos compuestos incoloros e inodoros, casi imposibles de degradar, han contaminado ríos, suelos y cuerpos humanos. Desde las fábricas hasta el agua potable, y de allí al torrente sanguíneo de miles de residentes, los PFAS se han infiltrado en cada rincón de la región. Y aunque las mayores empresas afirman haber dejado de usarlos, el daño parece irreversible.

¿Qué son los PFAS y por qué preocupan?

Los perfluoroalquilos y polifluoroalquilos (PFAS) son una familia de más de 12,000 compuestos químicos sintéticos desarrollados desde la Segunda Guerra Mundial. Estas sustancias fueron valoradas por su capacidad para repeler agua, grasa y manchas, características que las convirtieron en esenciales para sectores como el textil, alimenticio, cosmético e industrial.

Sin embargo, diversos estudios científicos han demostrado que los PFAS:

  • Se acumulan en el cuerpo humano a lo largo del tiempo
  • Están relacionados con ciertos tipos de cáncer, enfermedades tiroideas, daño hepático, infertilidad, problemas de desarrollo infantil y un debilitamiento del sistema inmunológico
  • Permanecen en el ambiente durante décadas o incluso siglos

De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental (EPA), concentraciones menores a una parte por billón en el agua pueden ser suficientes para causar efectos adversos en la salud. Para ponerlo en contexto, eso es el equivalente a una gota en una piscina olímpica.

Georgia: Capital de las alfombras y del PFAS

La ciudad de Dalton, Georgia, conocida como la “Capital mundial de la alfombra”, ha sido durante décadas el corazón de la industria textil en EE.UU. Empresas como Mohawk Industries y Shaw Industries, las más grandes del sector, establecieron vastas plantas de producción cuyas aguas residuales terminaban en ríos como el Conasauga. Esta agua contenía grandes cantidades de PFAS.

Aunque estas compañías han declarado que cumplieron con todas las regulaciones y dejaron de utilizar PFAS en 2019, documentos judiciales y reportajes de investigación revelan cómo los fabricantes continuaron empleándolos durante años mientras coordinaban con entidades locales para evitar supervisión estricta.

Impacto humano: 'Te levantas, trabajas, repites'

Marie Jackson, exempleada de industria textil, habló con los periodistas de FRONTLINE y definió con crudeza la situación:

"Aquí la gente no tiene otra opción. Nacemos y crecemos trabajando con alfombras. Yo tengo *PFAS en la sangre y nódulos en la tiroides*. Si eso no es una alerta, no sé qué lo sea."

Casos como el de Marie se repiten en todo el noroeste de Georgia y otras partes del sur de Estados Unidos donde operan estas industrias. Algunos residentes han tenido que abandonar sus pozos, comprar agua embotellada, e incluso han demandado a las compañías fabricantes por los daños sufridos.

Cuencas contaminadas, vecinos en riesgo

El escándalo no se queda solo en Georgia. El alcance de la contaminación se extiende a ríos de Alabama y Carolina del Sur. Según AL.com, ciudades como Gadsden (Alabama), donde viven más de 33,000 personas, se vieron obligadas a construir una nueva planta de tratamiento por ósmosis inversa tras los hallazgos de PFAS en su agua.

Este proyecto fue posible gracias a un acuerdo tras demandas judiciales. Sin embargo, la planta no estará operativa antes de 2027. Mientras tanto, la población sigue expuesta.

Filtración activada: una propuesta tardía

En Carolina del Sur, la vigilancia de grupos ambientalistas permitió trazar el origen del problema a una planta de Shaw Industries. La solución propuesta por la empresa fue instalar un sistema de carbón activado granular que captura los PFAS antes de llegar a cuerpos de agua.

Es una iniciativa positiva, aunque tardía. Y evidencia que, con la voluntad adecuada, es posible mitigar el impacto.

Una regulación inadecuada

Uno de los puntos clave en esta crisis es la falta de regulación efectiva tanto a nivel estatal como federal. Las empresas han cambiado de un tipo de PFAS a otro, aprovechando vacíos legales que no prohibían explícitamente su uso en aguas residuales industriales.

La EPA ha propuesto nuevas regulaciones para limitar seis tipos de PFAS en el agua potable pública. No obstante, hay una enorme disparidad cuando se trata de pozos privados: más de 40 millones de estadounidenses dependen de ellos, y en al menos 20 estados no existe un sistema de monitoreo regular.

¿Y ahora qué? Lo que deberías saber y hacer

Mientras las autoridades comienzan a imponer restricciones más estrictas, los ciudadanos deben tomar la iniciativa. Si usas pozo privado:

  • Solicita pruebas de laboratorio para detectar PFAS en tu agua
  • Considera sistemas de filtración certificados, como ósmosis inversa o carbón activado
  • Infórmate sobre demandas o iniciativas locales
  • Exige transparencia a tus representantes y empresas cercanas

Además, es importante exigir a las marcas una mayor responsabilidad, ya que los PFAS están en una gran variedad de productos de consumidor: sartenes, cosméticos, envases de comida rápida, ropa impermeable y tapicería.

¿Se avecina una nueva oleada de litigios?

La situación se asemeja a la de casos anteriores, como la contaminación del agua en Flint, Michigan. Ya hay decenas de demandas contra fabricantes de PFAS (como 3M y DuPont) así como contra distribuidores y empresas textiles. Se espera una cascada de litigios similares a los de la industria tabacalera en los años 90.

De hecho, en 2023, 3M acordó pagar más de 10 mil millones de dólares para resolver demandas por contaminación con PFAS en varios estados. Sin embargo, especialistas legales señalan que esto podría ser solo el inicio de indemnizaciones multimillonarias.

Una oportunidad para actuar

Lo que ocurre en el sur de EE.UU. es una advertencia para el resto del mundo: los avances industriales no deben suponer un costo oculto para la salud pública. Como sociedad, debemos exigir normativas más estrictas, mayor transparencia corporativa y estrategias globales para eliminar estas sustancias persistentes.

El documental “Contaminated: The Carpet Industry’s Toxic Legacy” de FRONTLINE ofrece un relato visual impactante del problema, con testimonios que encarnan el costo humano de esta catástrofe ambiental.

La historia de los PFAS no ha terminado. Pero puede empezar a resolverse hoy con conciencia, regulación adecuada y acción tanto ciudadana como empresarial.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press