Macron, Francia y la nueva edad de oro militar: ¿una respuesta efectiva o un símbolo de desgaste?
Análisis profundo del nuevo presupuesto militar francés, las tensiones políticas internas y el ascenso del papel de Francia en la geopolítica internacional
Un presupuesto con sello de guerra
Francia ha aprobado finalmente su presupuesto para el año, y lo ha hecho en medio de una de las crisis legislativas más intensas de los últimos años. La medida, impulsada por el presidente Emmanuel Macron y ejecutada por su primer ministro Sébastien Lecornu, marca un giro notable hacia el refuerzo de las capacidades militares del país, respondiendo a una oleada de amenazas percibidas tras la invasión rusa de Ucrania, el conflicto persistente en Medio Oriente y la creciente guerra cibernética global.
Pero lo interesante aquí no es solo el incremento de 6,7 mil millones de euros para el Ministerio de Defensa —lo cual lo convierte en el mayor aumento presupuestario del sector en décadas— sino el método poco convencional mediante el cual fue aprobado el presupuesto.
Un Parlamento roto y una democracia tensionada
Macron y su gobierno enfrentan un Parlamento fragmentado donde no cuentan con mayoría. Las negociaciones presupuestarias fracasaron una y otra vez, obligando a Lecornu a invocar el artículo 49.3 de la Constitución francesa, que le permite aprobar leyes sin obtener el voto legislativo, aunque con el riesgo de enfrentar mociones de censura.
Este mecanismo ha sido utilizado en repetidas ocasiones durante el segundo mandato de Macron, lo que ha generado duras críticas tanto de la izquierda como de la extrema derecha, que acusan al mandatario de gobernar a golpe de decreto. No obstante, Lecornu ha sobrevivido ya seis mociones de censura, y se espera que también supere las dos programadas para esta semana.
Francia se rearma, pero ¿a qué costo?
Macron no ha ocultado su deseo de reforzar las capacidades militares de Francia para hacer frente a las amenazas futuras. Entre las adquisiciones previstas se incluyen un nuevo submarino nuclear de ataque, unos 362 vehículos blindados para la modernización del ejército y nuevos misiles Aster tierra-aire. A esto se suma el lanzamiento este año del programa de servicio militar voluntario, cuyo objetivo es formar a miles de jóvenes —principalmente de 18 y 19 años— en habilidades militares y de defensa civil.
Esta orientación marca un regreso al discurso de soberanía militar que desde hace años Macron quiere insertar en la diplomacia francesa. Según él mismo expresó en el foro de Davos: “Francia prefiere respeto a los matones”, en una referencia velada a potencias como Rusia (e incluso a antiguos choques con Estados Unidos durante la era Trump).
Sacrificios selectivos y tensiones sociales
Mientras el Ministerio de Defensa celebra un aumento presupuestario significativo, otros sectores deben apretarse el cinturón. El déficit presupuestario se estima en 131,9 mil millones de euros y el gobierno trazó una meta de reducción del déficit al 5% del PIB frente al 5,4% del año anterior. Este ajuste se realizará principalmente a través de recortes sociales y aumentos impositivos.
Para garantizar la supervivencia del gobierno, Lecornu concedió lo que muchos consideran una concesión simbólicamente costosa: suspender temporalmente la impopular reforma de Macron que elevaba la edad de jubilación de 62 a 64 años. Esta medida había provocado semanas de huelgas y protestas masivas en 2024.
Además, las grandes empresas enfrentan un nuevo impuesto sobre beneficios, que se espera genere unos 7,3 mil millones de euros en 2026. En otras palabras, Francia apuesta por su músculo militar a costa de tensionar aún más su ya castigada arena social.
Geopolítica a la francesa: Macron el diplomático
Desde finales de 2024, Macron ha adoptado un perfil predominantemente internacional, alejándose de la política doméstica. Sus esfuerzos han estado dirigidos a buscar garantías de seguridad para Ucrania en caso de un futuro acuerdo de paz con Rusia, además de haber instado al reconocimiento del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán como grupo terrorista por parte de la UE.
La política exterior de Macron también ha buscado posicionar a Francia como un actor clave en la arquitectura de seguridad europea, defendiendo el concepto de autonomía estratégica. Esta doctrina plantea que Europa debe ser capaz de defenderse y actuar sin depender exclusivamente de aliados como Estados Unidos. En ese marco, el refuerzo militar francés cobra más sentido, aunque sigue siendo costoso.
Riesgo alemán al descubierto: redes ilegales hacia Rusia
El contexto en el que Macron impulsa su rearme no podría ser más preocupante. Pocos días después del anuncio presupuestario, las autoridades alemanas detuvieron a cinco sospechosos —ciudadanos alemanes, algunos con doble nacionalidad rusa o ucraniana— acusados de haber exportado ilegalmente productos a empresas de defensa rusas. Se estima que coordinaron hasta 16.000 envíos ilegales con un valor total de más de 30 millones de euros.
Este escándalo demuestra que Moscú sigue infiltrando redes de apoyo en suelo europeo y utilizando empresas fantasmas para esquivar sanciones. En este contexto, no sorprende que París acelere la máquina de rearme.
¿Un legado presidencial o una señal de desgaste?
Macron tiene 48 años y se aproxima al último año de su mandato, que expira en la primavera de 2027. Al haber perdido la mayoría parlamentaria tras las elecciones anticipadas de 2024, ha visto cómo se han desmoronado varios gobiernos. Lecornu es su cuarto primer ministro en apenas dos años, algo insólito en la Quinta República.
Este acelerado calendario político ha llevado a muchos analistas a preguntarse si el refuerzo militar no es también un intento de Macron por dejar detrás un legado que demuestre control y visión más allá del caos legislativo. En palabras del analista político Dominique Reynié: “Macron intenta pasar a la historia no como el presidente del caos interno, sino como el arquitecto de un nuevo orden en Europa.”
¿Defensa o disuasión electoral?
Más allá del rearme militar, Francia parece entrar en una fase en la que la seguridad nacional y el orgullo soberano se consolidan como discursos dominantes, en detrimento de los temas sociales y humanitarios. Esto recuerda peligrosamente a los marcos de narrativa utilizados por gobiernos conservadores, que suelen recurrir al refuerzo militar ante caídas en popularidad o parálisis institucional.
Macron, al final de su mandato, podría estar poniendo los cimientos para influir en la contienda electoral de 2027, ya sea impulsando a un sucesor moderado o asegurando que su visión internacionalista se consolide a través del poder militar.
Francia, ¿nueva potencia dura de Europa?
Después del Brexit y con Alemania lidiando con escándalos domésticos como el descrito anteriormente, Francia se perfila como la potencia con mayores capacidades militares reales dentro de la UE. Con un Ejército modernizado, un arsenal nuclear operativo, la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU cada cierto tiempo y un asiento histórico en las mesas del poder, Macron parece estar apostando a que el siglo XXI exigirá menos diplomacia romántica y más disuasión efectiva.
Los próximos meses dirán si esa apuesta resiste las tensiones internas, las críticas sociales y los desafíos presupuestarios. De momento, Francia se rearma, y Europa mira con atención.
