Pakistán en llamas: ¿Qué hay detrás de la ofensiva más sangrienta contra insurgentes en décadas?

Con más de 170 militantes abatidos en 48 horas, la ofensiva en Baluchistán plantea preguntas sobre separatismo, terrorismo y la geopolítica regional

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Baluchistán vuelve a ser el epicentro de la violencia en Pakistán, tras una serie de ataques insurgentes y una posterior ofensiva de las fuerzas de seguridad que ha dejado un saldo abrumador: 177 militantes muertos en solo 48 horas. Esta cifra marca un punto de inflexión en una insurgencia que, aunque persistente desde hace décadas, difícilmente había visto una respuesta tan masiva por parte del Estado.

¿Qué está ocurriendo realmente en esta vasta e inhóspita región al suroeste de Pakistán? ¿Quiénes son los responsables de los ataques y cómo encaja esta crisis en la compleja red de tensiones étnicas, extremismo religioso, rivalidades regionales y proyectos económicos globales que convergen en Baluchistán?

Un pasado de marginalización y luchas separatistas

Baluchistán, la provincia más grande pero menos poblada de Pakistán, siempre ha sido una región conflictiva. Riqueza mineral, acceso al mar Arábigo y una ubicación geoestratégica hacen de este territorio un enclave esencial —y a la vez conflictivo— para Islamabad. Los baluches, grupo étnico predominante, han denunciado durante décadas discriminación sistemática, ausencia de servicios básicos y explotación de sus recursos naturales sin beneficios para la población local.

En este caldo de cultivo nació la Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA, por sus siglas en inglés), un grupo separatista armado fundado en 2000 y declarado ilegal tanto por Pakistán como por Estados Unidos. Su objetivo: la creación de un estado independiente para los baluches. Con el paso del tiempo, el BLA ha escalado sus ataques desde convoyes militares hasta proyectos estratégicos chinos como parte del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC).

El ataque múltiple que desató el contraataque

El sábado por la noche, alrededor de 200 militantes del BLA ejecutaron una serie de ataques coordinados en varias ciudades y zonas rurales, atacando comisarías, instalaciones militares y hogares civiles. El saldo fue estremecedor: al menos 33 muertos, 18 de ellos civiles y el resto personal de seguridad. Fue uno de los ataques más organizados y letales del grupo en tiempos recientes.

Como respuesta, la Policía y el Ejército lanzaron una serie de redadas nocturnas por toda la provincia. Según el Ministro del Interior Mohsin Naqvi, en total han sido abatidos 177 insurgentes hasta el lunes siguiente. Naqvi calificó a los exterminados como “terroristas respaldados por India”, aunque sin proporcionar evidencia concreta. Nueva Delhi, por el momento, no ha respondido.

¿Una guerra por delegación?

Pakistán sostiene desde hace años que India financia y entrena a insurgentes baluches como parte de una estrategia para desestabilizar al país. India lo niega rotundamente, pero las tensiones entre ambas potencias nucleares siguen alimentando estas narrativas. El supuesto respaldo extranjero al BLA añade una dimensión geopolítica aún más tóxica al conflicto.

Además, las autoridades pakistaníes han señalado en varias ocasiones que el BLA ha colaborado con Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), un grupo terrorista vinculado ideológicamente con los talibanes afganos. Este tipo de alianzas entre insurgencias separatistas y grupos yihadistas pone en entredicho la escala y el alcance del conflicto.

Costos civiles y paralización del transporte

Si bien el BLA dirige gran parte de sus ataques a instalaciones estatales, la población civil es siempre víctima colateral. En Baluchistán, vivir cerca de una comisaría puede ser una sentencia de muerte. En marzo de este mismo año, al menos 31 personas murieron cuando BLA intervino el tren Jaffar Express, tomando rehenes y obligando una operación de rescate que acabó en masacre.

Como medida de seguridad, las autoridades provinciales suspendieron el servicio ferroviario entre Baluchistán y el resto del país, aislamiento que ya suma varios días. Esto perjudica no solo la economía de la provincia, sino también la movilidad de sus habitantes, que dependen en gran medida de ese medio de transporte.

El papel de China y el CPEC

China tiene ‘piel en el juego’. Uno de los objetivos recurrentes del BLA han sido intereses chinos en la región, incluyendo infraestructura, ingenieros y trabajadores vinculados al CPEC. El corredor China-Pakistán es la joya de la corona de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de Xi Jinping, y convierte a Baluchistán (donde está el estratégico puerto de Gwadar) en un punto clave.

Atacar estos proyectos no solo retrasa la expansión económica china, sino también pone en entredicho la capacidad de Pakistán para garantizar seguridad en su territorio. Beijing ha expresado su creciente preocupación y presiona a Islamabad para una mayor militarización en la zona.

¿Qué podemos esperar a corto plazo?

Si bien el gobierno ha declarado que la situación está bajo control, el nivel de hostilidad no da señales de bajar. El ataque del fin de semana fue inusualmente grande y bien coordinado, lo que demuestra la capacidad organizativa del BLA, a pesar de los golpes recibidos en operaciones anteriores.

En palabras del experto en seguridad Aamir Rana, este tipo de insurgencia “no se resuelve solo con fuerza militar”, ya que sus raíces están en quejas legítimas sobre autonomía, desarrollo y representación política. Si esto no se aborda de forma estructural, cada operativo podría resultar en una paz temporal y artificial.

La narrativa oficial vs. la percepción popular

El gobierno de Islamabad tiende a desestimar el componente político del conflicto, prefiriendo enmarcarlo como un problema de terrorismo o intervención extranjera. Sin embargo, muchos dentro de Baluchistán lo ven como una protesta armada contra décadas de abandono. Esta diferencia de lecturas ha entorpecido cualquier intento real de solución política.

Mientras tanto, los ciudadanos comunes pagan el precio: cortes de energía, paralización del transporte, miedo constante y estigmatización.

¿Separatismo o terrorismo?

Este es uno de los debates más candentes en torno a Baluchistán. Para el Estado, el BLA y otros grupos separatistas son simplemente terroristas. Para muchos baluches, aunque no necesariamente apoyen las tácticas del BLA, estos grupos representan una resistencia desesperada frente a un gobierno ausente y represivo.

El lenguaje que utilicen los medios de comunicación, los organismos internacionales y los actores estatales será clave en la manera en que este conflicto se aborde o se perpetúe.

¿Tiene final esta larga guerra olvidada?

Desde 2004, cuando comenzó la actual ola insurgente, el conflicto baluche ha cobrado miles de vidas. Sin embargo, rara vez ocupa titulares internacionales, eclipsado por temas más geopolíticos. La magnitud de la última ofensiva podría marcar un punto de inflexión... o ser simplemente otro capítulo sangriento en una guerra sin final previsible.

Solo una solución comprensiva que incluya diálogo político, inversión equitativa y respeto a los derechos humanos podrá ofrecer una paz duradera. Mientras tanto, Baluchistán sigue en llamas, atrapado entre insurgentes, soldados y grandes potencias.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press