Patagonia en llamas: ¿Una catástrofe ambiental o una tragedia política anunciada?
Los incendios en el Parque Nacional Los Alerces revelan el impacto del ajuste fiscal, la crisis climática y la negligencia estatal en Argentina
En medio de un entorno paradisíaco como lo es la Patagonia argentina, una escena apocalíptica sacude la conciencia ambiental y política del país: el icónico Parque Nacional Los Alerces está ardiendo como nunca antes en décadas. El desastre no sólo afecta a uno de los patrimonios naturales más importantes del planeta, sino que también pone en debate las decisiones recientes del gobierno del presidente Javier Milei.
Una joya natural bajo el fuego
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2017, el Parque Nacional Los Alerces es hogar de árboles milenarios como el alerce patagónico (Fitzroya cupressoides), cuya edad puede superar los 2.600 años. En sus más de 259.000 hectáreas, este parque es un símbolo de biodiversidad, belleza escénica y preservación ecológica.
Pero actualmente, más de 45.000 hectáreas han sido devastadas por incendios forestales que se han intensificado en las últimas semanas. Las llamas han obligado a evacuar a miles de pobladores y turistas, y han dejado una estampa de cenizas, humo y árboles carbonizados. El cielo rojizo, las noches iluminadas por el fuego y el paisaje ennegrecido contrastan con la imagen idílica que Patagonia evoca en el imaginario colectivo.
La raíz del desastre: más allá del cambio climático
Si bien el cambio climático juega un rol crucial —más sequías, olas de calor y condiciones propicias para incendios—, expertos y guardaparques coinciden en que este desastre no es simplemente natural: hay responsabilidades humanas directas.
Una de las críticas más contundentes ha sido contra el presidente Javier Milei, quien en su cruzada por reducir el gasto público ha aplicado recortes drásticos en áreas claves como el medioambiente y la gestión de incendios. Según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), el Servicio Nacional de Manejo del Fuego sufrió una reducción presupuestaria del 80% en 2024 respecto al año anterior. Y hay expectativas de un nuevo recorte del 71% para el 2026.
“Tomaron la decisión política de desmantelar las instituciones de lucha contra el fuego”, sostuvo Luis Schinelli, guardaparque del parque nacional.
Funcionarios ausentes, fuego presente
La inacción del gobierno central fue tan notoria como polémica. Por casi un mes, Milei evitó referirse a los incendios. Mientras las llamas devoraban bosques centenarios, él dedicaba tiempo a apariciones públicas polémicas, como bailar con su expareja en un escenario. La imagen fue ampliamente difundida por opositores y ambientalistas como símbolo de desconexión con las urgencias del país.
“Mientras la Patagonia se quema, el presidente canta”, denunció Maximiliano Ferraro, legislador centrista.
Finalmente, ante la presión mediática y social, Milei decretó el estado de emergencia y anunció una partida de 70 millones de pesos para brigadistas voluntarios. Pero para muchos observadores, esta respuesta llega demasiado tarde y es insuficiente frente al nivel de devastación y abandono institucional.
Política del ajuste vs. protección ambiental
Desde su campaña presidencial, Javier Milei ha promovido una agenda ultraliberal basada en la reducción del Estado, incluso en áreas estratégicas como el medioambiente. Su discurso niega categóricamente la existencia del cambio climático antropogénico, calificándolo como una “mentira socialista”.
En línea con esta visión, eliminó el Ministerio de Ambiente y transfirió sus funciones al Ministerio de Seguridad, lo cual fue duramente criticado por expertos ambientalistas. Lo alarmante es que Argentina está atravesando una de las temporadas de incendios más críticas por causa de eventos extremos climáticos cada vez más frecuentes.
Estas políticas también han favorecido la precarización de los trabajadores forestales. De los recomendados 700 brigadistas para los parques nacionales, actualmente sólo trabajan 391. Muchos han renunciado por salarios cercanos a la línea de pobreza: entre 400 y 600 dólares mensuales.
“Desde afuera parece que todo funciona, pero nuestros cuerpos pagan el precio”, confesó Hernán Mondino, bombero forestal.
La otra cara del ajuste: impacto local y social
Además de los recortes en la lucha contra incendios, el gobierno eliminó regulaciones que protegían la seguridad de los visitantes, facilitaban la prevención de siniestros y garantizaban asistencia profesional durante actividades de riesgo. La eliminación de guías certificados para actividades como trekking de glaciares o escaladas complica todavía más la ya difícil tarea de los guardabosques.
Alejando Fardjoume, representante gremial, fue enfático: “Cuando se reduce personal, se pierde el control y se pone en riesgo la seguridad de todos”.
La indignación en comunidades locales como Cholila es creciente. Ante la escasez de recursos, los propios vecinos organizaron brigadas improvisadas para combatir las llamas. Lucas Panak, uno de ellos, dijo: “Hay mucha bronca; la gente está muy incómoda con la política del país”.
Un incendio que quema también el relato político
La tragedia ambiental desnuda una grieta ideológica profunda en Argentina. Por un lado, una parte importante del país apoya las medidas de Milei como necesarios cambios estructurales que combaten el despilfarro estatal. Según datos oficiales, sus políticas redujeron la inflación del 117% anual en 2024 al 31% un año después.
Pero los efectos colaterales comienzan a sentirse en sectores sensibles. El “shock fiscal” ha debilitado no sólo las capacidades de acción estatal en emergencias, sino también el entramado social y cultural que define a Argentina como una nación con valiosos recursos naturales y humanos.
Las comparaciones con líderes como Donald Trump abundan, sobre todo porque ambos comparten una mirada escéptica sobre el cambio climático y una voluntad de “recortar lo innecesario”, incluso en áreas como ciencia, salud y medioambiente.
Un futuro en llamas si no se actúa ahora
El incendio en Los Alerces no es simplemente un evento natural más: es un síntoma de una política pública que no reconoce la importancia de la prevención, ciencia y responsabilidad estatal frente al calentamiento global.
El daño ecológico tardará décadas en repararse, si es que llega a regenerarse del todo. Pero tal vez el mayor peligro es que la indiferencia institucional frente a esta catástrofe se normalice. Porque no se trata solo de preservar un parque nacional: se trata de decidir, como sociedad, qué tipo de país se quiere construir y qué se considera digno de proteger.
Mariana Rivas, voluntaria que ofrece atención médica a los bomberos, lo resume con claridad:
“Duele porque no es solo un paisaje hermoso, es nuestro hogar. Hay bronca por lo que se pudo haber evitado. Y bronca porque cada año es peor”.
Argentina está viviendo los efectos del cambio climático de manera brutal. Pero la tragedia también demuestra que el desmonte del Estado en nombre de la eficiencia puede terminar costando vidas, biodiversidad y memoria cultural. En Los Alerces arde más que bosque: arde una advertencia que la Nación no puede ignorar.
