¿Nuevo equilibrio en Medio Oriente? Líbano redefine sus relaciones con Siria y enfrenta tensiones con Israel

Entre tratados de repatriación, viejas heridas y amenazas fronterizas, el Líbano busca un nuevo posicionamiento regional en medio de un panorama internacional volátil.

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Por primera vez en décadas, el Líbano parece estar tomando las riendas de su política exterior de forma más soberana, marcando distancia de su dependencia histórica con Siria y enfrentando retos complejos con Israel y Hezbollah.

Un antes y un después tras la caída de Bashar al Assad

En diciembre de 2024, el curso de la historia de Medio Oriente dio un vuelco con la caída del régimen de Bashar al Assad en Siria. Un movimiento liderado por grupos islamistas armados venció al longevo presidente, y aunque las consecuencias regionales aún están en pleno desarrollo, uno de los impactos más notables ha sido el cambio en la relación entre Siria y el Líbano.

El vicepresidente libanés Tarek Mitri lo resumió con claridad en declaraciones recientes: “La relación es radicalmente diferente. Ya no hay hegemonía ni interferencia por parte de Damasco en nuestros asuntos internos.”

A lo largo de los años, especialmente desde la guerra civil libanesa (1975-1990) y hasta el retiro de tropas sirias en 2005, Siria mantuvo una influencia opresiva en la política, economía y hasta el ámbito militar del Líbano. Hoy, el panorama es otro.

El espinoso tema de los prisioneros sirios

Actualmente, existen más de 2.500 prisioneros sirios en cárceles libanesas, muchos detenidos por su participación en movimientos insurgentes contra el gobierno de Assad. Este mes, el gabinete libanés aprobó un acuerdo con Damasco para transferir a más de 300 de estos reclusos a Siria, allí cumplirán el resto de su condena.

  • Solo están incluidos quienes no hayan cometido delitos violentos.
  • Los condenados por asesinato, violación u otros crímenes graves deberán haber cumplido al menos 7.5 años en Líbano para ser elegibles.

Mitri confirmó que se está trabajando un segundo tratado para el traslado de detenidos sirios pendientes de juicio, pero este necesita la ratificación parlamentaria libanesa y tomará más tiempo en concretarse.

Desaparecidos, heridas sin cerrar

Ambos países también han formado un grupo bilateral para investigar el paradero de libaneses desaparecidos en Siria y sirios de los que no se tiene noticia en el Líbano. Se sospecha que muchos ciudadanos libaneses habrían muerto en centros de detención sirios durante la época de Assad. Una espina aún clavada en la memoria colectiva.

¿Refugio para antiguos oficiales de Assad?

Uno de los grandes temores tras el colapso de Assad era la posible presencia subversiva de exmilitares o miembros del Partido Baath refugiados en territorio libanés.

Si bien Mitri reconoció que hay líderes de rango medio del antiguo régimen sirio actualmente en el país, aseguró que “no están militarmente organizados ni activos”, descartando amenazas inminentes.

“Se han investigado áreas donde había sospechas de que antiguos oficiales pudieran estar organizando operaciones subversivas, y no se encontró ninguna prueba al respecto”, afirmó Mitri.

Israel, Hezbollah y el polvorín del sur

La frontera sur del Líbano sigue siendo una zona altamente volátil. A pesar del alto el fuego mediado por Estados Unidos en noviembre de 2024 que puso fin a otro conflicto entre Hezbollah e Israel, los ataques israelíes han continuado de forma casi diaria.

Israel mantiene ocupadas cinco colinas estratégicas libanesas, y denuncia que Hezbollah está reconstruyendo su infraestructura militar. Por su parte, el grupo chií niega estas acusaciones.

En respuesta, las Fuerzas Armadas Libanesas han iniciado un ambicioso plan para desarmar a grupos armados no estatales en la zona sur del río Litani. La primera fase se ha completado, y se espera que esta semana se presente el plan para extender el proceso hacia el norte del río.

No obstante, Hezbollah ha declarado que solo acepta desmilitarizar el área sur del Litani —como estipula el alto el fuego—, y que no discutirá la entrega de sus armas en otras partes del país hasta que Israel cese sus hostilidades.

Según Mitri, “el movimiento del Líbano hacia el desarme no está condicionado a pasos de Israel”, aunque reconoció que las violaciones al cese de hostilidades dificultan gravemente las operaciones del ejército.

¿Un paso hacia la normalización con Israel?

A pesar de especulaciones recientes sobre negociaciones políticas entre el Líbano e Israel y una posible normalización diplomática, Mitri fue claro en que esas esperanzas aún están lejos de materializarse.

Las conversaciones actuales se limitan al Comité de Monitoreo del Cese al Fuego, del cual también forman parte Estados Unidos, Francia y la fuerza de paz de la ONU (UNIFIL).

Para abrir la puerta a nuevas negociaciones, Mitri señaló tres pasos ineludibles:

  • Retirada israelí de territorios libaneses ocupados.
  • Fin de los ataques contra territorio libanés.
  • Libertad para prisioneros libaneses retenidos en Israel.

UNIFIL y el futuro de la seguridad en la frontera

El mandato de la FINUL, que vence a fin de año, se ha convertido en otro tema crítico. Mientras algunos abogan por el retiro de la fuerza, Tarek Mitri ha enfatizado la necesidad de una alternativa viable:

“Necesitamos una fuerza neutral, con mandato internacional, que observe y garantice el cumplimiento de cualquier acuerdo alcanzado entre las partes.”

Se discuten nuevas propuestas para una misión internacional sustituta, pero cualquier sucedáneo tendrá que contar con respaldo de todas las partes y una aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU.

El delicado equilibrio libanés

El Líbano vibra entre líneas de tensión internas y externas. Por un lado, se aferra a una renovada independencia que se refleja en el pragmatismo de sus relaciones exteriores. Por otro, enfrenta la compleja realidad de tener a Hezbollah como actor político y militar interno, una situación que pocos países comparten.

La diplomacia libanesa se enfrenta a una de sus etapas más complejas en décadas. Pero con el fin del capítulo Assad, la posibilidad de reconfigurar su eje geopolítico se vuelve real. Un país históricamente dividido, ubicado entre fuegos cruzados y siempre víctima de conflictos ajenos, parece ahora dispuesto a protagonizar su propio destino, al menos si el equilibrio se mantiene.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press