China duplica su apuesta por el carbón en 2025 pese al boom solar y eólico

La paradoja energética de un gigante mundial: crecimiento récord en energías limpias acompañado por una expansión masiva de plantas a carbón

China, el mayor país emisor de dióxido de carbono del mundo, protagonizó en 2025 uno de los movimientos energéticos más contradictorios y sorprendentes de los últimos años. Mientras alcanzaba cifras récord en la instalación de energía solar y eólica, también ponía en marcha más plantas de carbón que en cualquier otro momento de la última década. ¿Se contradice su estrategia climática? ¿Qué impulsa esta dualidad?

Más carbón que nunca: cifras que alarman

Según un informe conjunto del Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA) y Global Energy Monitor (GEM), en 2025 se aprobaron y pusieron en funcionamiento 78 gigavatios de capacidad energética generada por carbón, lo que equivale a la cantidad suficiente para abastecer entre cientos de miles y más de 2 millones de hogares por cada gigavatio, dependiendo del consumo energético.

Más preocupante aún, más de 50 de esas nuevas unidades son plantas de gran escala con capacidades iguales o superiores a 1 GW, en contraste con el promedio menor a 20 por año registrado en la última década. Como lo señaló Christine Shearer, coautora del informe de GEM:

“La escala de expansión es abrumadora. Solo en 2025, China comisionó más capacidad energética a carbón que toda la que India instaló en la última década completa”.

El auge renovable también continúa, ¿entonces por qué el carbón?

En paralelo, China batió todos los récords en energías renovables:

  • 315 GW en capacidad solar nueva
  • 119 GW en energía eólica

Este crecimiento fue suficiente para reducir en un 1% la participación del carbón en la matriz energética total, lo que parece positivo a simple vista. Sin embargo, el aumento generalizado en la demanda de energía del país neutralizó ese avance.

¿Por qué seguir invirtiendo de forma tan intensa en carbón si las renovables están funcionando? La respuesta es compleja y se entrelaza con las necesidades de seguridad energética, desarrollo industrial y crecimiento del consumo en una nación de 1.400 millones de personas.

Lecciones del pasado: los apagones de 2022

Entre 2021 y 2022, China enfrentó cortes de energía generalizados, especialmente en regiones industriales del sur y suroeste. Fábricas interrumpieron operaciones y ciudades enteras enfrentaron apagones rotativos. ¿El motivo? Una combinación de sequías que mermaron la hidroeléctrica y una dependencia inestable de renovables aún no maduras en algunos sectores.

El gobierno chino tuvo entonces una respuesta clara: reforzar la seguridad energética a través del carbón. Esto provocó una oleada de aprobaciones en 2022 y 2023, cuyos frutos fueron las instalaciones que se completaron en 2025. Según Qi Qin, analista de CREA:

“Una vez que se aprueban los permisos, los proyectos son casi imposibles de detener”.

¿El carbón como respaldo? Una apuesta arriesgada

El argumento oficial es que el carbón debe servir de respaldo ante las intermitencias de la energía renovable, sobre todo en días nublados o de baja velocidad del viento. También se justifica por el auge del consumo energético vinculado a sectores tecnológicos como la inteligencia artificial.

La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma china estableció que el carbón seguirá teniendo un rol “clave de equilibrio” en el corto y mediano plazo, y que simplemente se trata de “hacerlo más limpio y eficiente”. Pero los críticos alegan que este enfoque puede generar un efecto inverso: retrasar la transición energética.

Riesgos, presiones y contradicciones

Una vez construidas, las plantas a carbón generan presiones políticas y financieras para mantenerse operativas. El informe de CREA y GEM alerta que ese exceso de capacidad podría desincentivar nuevas inversiones en energías limpias y consolidar una sobreoferta basada en combustibles fósiles.

Este posible bloqueo estructural haría que el objetivo de pico de emisiones para 2030 y neutralidad de carbono para 2060, anunciado por el presidente Xi Jinping, quede cada vez más lejos.

¿Qué debería hacer China?

El informe propone varias medidas urgentes:

  • Acelerar el retiro de plantas viejas e ineficientes
  • Fijar un tope a las emisiones del sector eléctrico antes de 2030
  • Relegar la generación con carbón rigurosamente al rol de respaldo

Qi Qin lo resume así:

“Si el carbón termina utilizándose como generación base y no de respaldo, las emisiones seguirán creciendo. El límite debe establecerse claramente en el siguiente plan quinquenal”.

Una tensión global: desarrollo vs clima

El dilema chino no es único. Países como India, Vietnam e Indonesia también enfrentan el mismo pulso: necesidad urgente de energía para desarrollarse versus presión global para cortar emisiones. La diferencia es que China lo hace a una escala mucho mayor.

Con el 28% de todas las emisiones globales de CO₂ y el mayor parque energético del mundo, lo que haga o deje de hacer Beijing en esta materia será determinante para el futuro climático del planeta.

Lo bueno y lo preocupante: un resumen contradictorio

Es innegable que China avanza en energía limpia a un ritmo sin precedentes. El problema es que también va a paso acelerado en dirección opuesta. En términos de capacidad instalada, 2025 fue a la vez su mejor y su peor año energético.

Este fenómeno, bautizado por analistas como “dualismo energético chino”, está sentando las bases de un sistema energético mixto cuya sostenibilidad dependerá, en buena medida, del compromiso político con una neutralidad climática real y no solo nominal.

La pregunta es: ¿actuará a tiempo el gigante asiático para evitar quedar atrapado en un modelo fósil justo cuando lidera la carrera por las renovables?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press