El cruce más temido: el retorno a Gaza y las denuncias de malos tratos en la reapertura de Rafah

Tres mujeres palestinas relatan humillaciones, amenazas e interrogatorios al cruzar de Egipto a Gaza tras meses de cierre del paso fronterizo

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Por primera vez desde mayo de 2024, el cruce fronterizo de Rafah volvió a abrir sus puertas y permitió el reingreso de palestinos a la Franja de Gaza. La medida simbolizaba para muchos una luz de esperanza y una posible tregua tras largos meses de conflicto entre Israel y Hamás. Sin embargo, para los primeros en pasar, el reencuentro con su tierra natal se convirtió en otra dolorosa experiencia marcada por la humillación, la incertidumbre y el temor.

Una travesía esperada que terminó en pesadilla

Rotana al-Regeb y su madre, Huda Abu Abed, habían salido el año anterior de Gaza para recibir tratamiento médico en el extranjero. Su retorno, esperado con ansias tras largos meses de separación de su familia, tuvo un giro inesperado cuando llegaron al puesto de control israelí tras pasar la frontera desde Egipto.

“Nos llevaron a un lugar que no puede llamarse sala de interrogación, fue una sala de humillación”, relató Al-Regeb. Según cuenta, las obligaron a arrodillarse, les vendaron los ojos y las esposaron. En esa situación, fueron interrogadas durante horas sobre asuntos de seguridad, con preguntas relacionadas con Hamás y grupos en Gaza con los que, afirman, no tenían ninguna vinculación.

“Me amenazaron con que no volvería a ver a mis hijos si no colaboraba”, señaló Al-Regeb, quien es madre de cinco niños y vive en un campamento en Jan Yunis junto a su esposo.

Sabah al-Qara: la tercera historia de indignidad

Otra mujer, Sabah al-Qara, de 57 años y también residente de Jan Yunis, pasó meses en Egipto recibiendo tratamiento médico. Su experiencia fue similar: interrogatorios, esposas, vendas en los ojos y un trato degradante. “Nos preguntaron cosas que no sabíamos. Nos acusaron de lo que no hicimos. Simplemente nos humillaron”, dijo al-Qara.

Este testimonio no es aislado; según organizaciones de derechos humanos y funcionarios palestinos, tales denuncias de abusos en los pasos fronterizos no son nuevas, pero sí preocupantes bajo el tenso contexto actual. Las autoridades israelíes negaron haber cometido abusos y aseguraron que no tenían constancia de incidentes irregulares.

El protocolo del retorno y la intervención internacional

El paso de Rafah se gestiona actualmente mediante una colaboración entre autoridades palestinas y una misión de observadores de la Unión Europea. Sin embargo, el proceso final de entrada está condicionado por la aprobación previa de Israel, que además mantiene un punto de control a cierta distancia del cruce. Es en ese punto donde los palestinos deben someterse a exámenes adicionales, físicos y vía interrogatorio.

Israel justifica estos protocolos señalando preocupaciones de seguridad. No obstante, human rights groups afirman que se utilizan para ejercer presión psicológica e incluso para reclutar informantes.

Raji Sourani, director del Centro Palestino para los Derechos Humanos con sede en Gaza, dijo recientemente: "Estas prácticas no son nuevas, pero aparecen amplificadas ahora debido a la desesperación de los que buscan regresar".

El incierto retorno de miles más

Antes del cierre de Rafah por las fuerzas israelíes en mayo de 2024, más de 110,000 palestinos habían abandonado Gaza, muchos por razones médicas. Actualmente, se estima que al menos 30,000 personas han solicitado regresar a través de la Embajada Palestina en Egipto.

Sin embargo, según fuentes diplomáticas, se están permitiendo retornos simbólicos —apenas 50 personas al día—, lo cual prolonga la espera para miles de familias.

El día que Al-Regeb y al-Qara cruzaron la frontera, 42 pacientes y sus acompañantes fueron trasladados al cruce desde las 6 a.m. A las 10 a.m. ya habían completado sus trámites, pero no fue hasta las 6 p.m. que un único autobús, con 12 personas, fue autorizado a cruzar.

“Nos quitaron hasta los recuerdos”

Después de ser autorizados a pasar, los recién llegados fueron sometidos a inspecciones adicionales por el equipo europeo y las autoridades palestinas. Al-Regeb dijo que les confiscaron teléfonos móviles, comida, juguetes y regalos destinados a sus hijos.

“Solo nos permitieron una bolsa por persona y la ropa que llevábamos puesta”, detalló. Esto, además del trauma psicológico, representa una pérdida material significativa para estas familias muchas veces desplazadas sin recursos.

Un funcionario, bajo anonimato, reconoció que hubo negociaciones por el exceso de equipaje y que Israel había avisado previamente de las restricciones, aunque no se detallaron las condiciones públicamente antes del cruce.

Una reapertura que siembra más miedo que alivio

La organización Human Rights Watch ha emitido alertas en las últimas semanas sobre las condiciones que enfrentan los palestinos durante el proceso de retorno. “La reapertura de Rafah, en lugar de ser un alivio, se convierte en una nueva instancia de opresión si las condiciones no son dignas, legales y respetuosas de los derechos humanos”, expresó en un reporte reciente.

Hamás, por su parte, calificó el comportamiento descrito por las mujeres como “conductas fascistas” y pidió a los mediadores internacionales que intervengan para proteger a los viajeros.

Según testimonios recogidos por Al Jazeera y Reuters, otros ciudadanos palestinos que buscan regresar ahora temen represalias, haciendo que la frágil operación de reapertura se tambalee incluso antes de consolidarse.

Un reencuentro con sabor a lágrimas

En medio de todo el dolor, Al-Regeb finalmente llegó a su ciudad y pudo abrazar a sus hijos en Jan Yunis, tras 19 horas de viaje, esperas y humillaciones. “Gracias a Dios estoy de vuelta y puedo ver a mis seres queridos”, dijo entre lágrimas. “Estoy feliz de estar con mi nación. Pero jamás olvidaré este día.”

El futuro del retorno a Gaza sigue siendo incierto. Mientras miles sueñan con cruzar el umbral de Rafah para volver a casa, sus esperanzas están atrapadas entre permisos militares, controles psicológicos y fronteras cerradas no sólo por barreras físicas, sino también por el miedo a lo vivido.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press