El infierno helado de Kyiv: La resistencia civil frente a los apagones y bombardeos rusos

Mientras Rusia intensifica los ataques a infraestructuras esenciales, miles de ucranianos como Yuliia Dolotova sobreviven entre apagones, frío extremo y una guerra sin tregua

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Por las calles de Troieshchyna, un distrito al noreste de Kyiv, se forman largas filas de personas abrigadas hasta los dientes. No esperan por gasolina ni entradas a un espectáculo, sino por un simple cuenco de sopa caliente. Es lo único que pueden llevar a casa para alimentar a sus hijos.

La guerra en Ucrania, que cumplió cuatro años desde la invasión a gran escala por parte de Rusia, sigue destruyendo no solo ciudades sino también el tejido cotidiano de millones de personas. Yuliia Dolotova, de 37 años, madre de dos hijos y residente de uno de los barrios más castigados de la capital, vive una rutina marcada por la escasez. “Todo el día sin electricidad, sin manera de cocinar para los niños. Prácticamente todos estamos en esta situación”, dice, mientras sujeta a su hijo de 18 meses, Bohdanchyk, contra su cuerpo para mantenerlo caliente.

Viviendo a -30°C: el regreso a lo esencial

En un entorno donde las temperaturas han alcanzado los -30 °C, la vida se reduce a los tres pilares básicos de la supervivencia: calor, luz y alimento. Pero estos, en la Ucrania de hoy, están lejos de estar garantizados.

Los ataques rusos, diseñados específicamente para destruir infraestructuras energéticas, han hundido a la población civil en una lucha constante por adaptarse. En edificios soviéticos de varias décadas de antigüedad, donde vive Dolotova, el sistema de calefacción central ha colapsado. “Cuando los ingenieros logran restaurar el suministro, llega otro bombardeo y todo empieza de nuevo”, relata un funcionario municipal.

Apagones crónicos y el colapso de los servicios básicos

Los sistemas de energía y saneamiento están en ruinas. Sin electricidad, muchas estaciones de bombeo no funcionan, lo que también ha provocado la congelación y ruptura de tuberías de agua. Según datos del Ministerio de Energía de Ucrania, más de 4,8 millones de ciudadanos sufren cortes intermitentes de electricidad todos los días en pleno invierno.

Esta situación se ha convertido en una repetición agotadora de restauración y destrucción. Con cada nuevo intento por estabilizar el sistema eléctrico, llega otro bombardeo con misiles o drones y el ciclo comienza de nuevo. Según informes de Reuters, los drones Shahed de fabricación iraní están siendo utilizados de forma masiva para comprometer zonas estratégicas.

El peso psicológico del conflicto: la espera eterna

Dolotova no solo soporta el peso físico de la situación —cargar un cochecito por seis pisos sin ascensor, con linterna en mano— sino también el peso emocional de la guerra. Su esposo, movilizado desde hace tres años, combate actualmente en la región de Zaporizhzhia, una de las más inestables. Ha visto a su hijo menor solo dos veces desde su nacimiento: “Vivo de permiso en permiso. Me repito que falta poco, y así sobrevivo”.

Cuando cae la noche, su apartamento queda en penumbra total. Las lámparas recargables son lo único que separa a sus hijos de la oscuridad absoluta. Para combatir el frío, cubre las camas con gomaespuma, mientras sus hijos juegan bajo la tenue luz del celular.

Economía devastada y ayuda humanitaria escasa

La economía ucraniana ha perdido más del 35% de su PIB desde 2022, según el Banco Mundial. Al nivel local, esto se traduce en empleos perdidos, comercios cerrados y una red de ayuda humanitaria sobrecargada.

Aunque organizaciones como la Cruz Roja, el Programa Mundial de Alimentos y Médicos Sin Fronteras han logrado establecer puntos de distribución, éstos no alcanzan a todos. “La ayuda llega, pero no en la cantidad que necesitamos ni a todos los barrios vulnerables”, afirma Tatiana Kovalchuk, una voluntaria local.

La sofisticación de los ataques: drones, oleadas y objetivos estratégicos

Las fuerzas rusas llevan meses afinando una estrategia de desgaste: golpear repetidamente los mismos puntos para forzar a Ucrania a malgastar sus recursos. Con cada ataque aéreo, las labores de mantenimiento de ingenieros y técnicos deben comenzar desde cero.

Solo en enero de 2026, Ucrania recibió más de 150 ataques con misiles y drones en cuatro semanas. Estas acciones buscan desmoralizar tanto a la población como al Estado. Pero en muchas ciudades, lejos de quebrar el espíritu ciudadano, estos ataques han generado lo contrario: una solidaridad nunca antes vista.

Resistencia civil: el alma indomable de Kyiv

Voluntarios han organizado cocinas comunitarias, bancos de batería móviles, recargas de gasolina gratuitas, y hasta guarderías improvisadas para los hijos de soldados en el frente. “Si Rusia quiere vencer quebrando nuestra moral, ha fallado brutalmente”, dice Viktor Romanenko, organizador de uno de estos centros de ayuda en Kyiv.

Yuliia Dolotova no pertenece oficialmente a ninguna de estas organizaciones, pero como muchas otras madres, ha aprendido a sobrevivir y ayudar a otros al mismo tiempo. Una vecina, Olena, la describe como la “mujer linterna” que ilumina las escaleras para otras personas durante los apagones.

Perspectivas de una paz lejana

Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos siguen estancados. Aunque se han registrado intentos de negociaciones en Abu Dhabi y Suiza, la distancia entre las demandas de ambas partes sigue siendo monumental. Analistas como Mark Galeotti, experto en geopolítica rusa, han señalado que “Putin busca mantenerse en una guerra de baja intensidad que agote, pero no derrote completamente, a Ucrania”.

En Kyiv no se habla mucho de diplomacia. Como dice Yuliia: “Lo único que quiero es que mi esposo vea crecer a nuestros hijos. Eso es lo que más deseo”.

¿Silencio internacional?

A pesar de la gravedad de la situación, la cobertura mediática ha disminuido en relación a los primeros años de la guerra. Esto ha generado frustración entre los ucranianos, quienes sienten que el mundo ha comenzado a olvidar su lucha.

“No queremos caridad. Queremos libertad y herramientas para reconstruir nuestro país”, concluye Dolotova, mientras las luces parpadean brevemente antes de apagarse otra vez.

El invierno apenas comienza, pero el temple del pueblo ucraniano parece más sólido que nunca.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press