El ocaso del New START: ¿comienza la nueva era de la competencia nuclear global?

A medida que expira el último tratado de control de armas nucleares entre EE. UU. y Rusia, el mundo se enfrenta al espectro de una carrera armamentista sin precedentes

El mundo ha entrado en una nueva etapa de incertidumbre nuclear: Estados Unidos y Rusia, las dos mayores potencias nucleares, han dejado caducar el último tratado vigente que limitaba sus arsenales: el New Strategic Arms Reduction Treaty o New START. Este hecho, cargado de implicaciones geopolíticas y estratégicas, marca el fin de medio siglo de esfuerzos por controlar la proliferación de armas nucleares.

¿Qué era el tratado New START?

Firmado en 2010 entre el entonces presidente de EE. UU., Barack Obama, y el presidente ruso Dmitry Medvedev, el tratado New START limitaba a cada país a un máximo de:

  • 1,550 ojivas nucleares desplegadas.
  • 700 misiles balísticos intercontinentales (ICBM), misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos estratégicos desplegados.

Además, contemplaba inspecciones in situ para verificar el cumplimiento, lo que proporcionaba una base de confianza y transparencia mutua. Sin embargo, esas inspecciones se suspendieron en 2020 debido a la pandemia de COVID-19 y no han vuelto a reanudarse.

¿Por qué no se renovó New START?

A pesar de los intentos iniciales para prorrogar el tratado por parte de Rusia hasta 2026, la tensión entre ambas potencias, incrementada por la guerra en Ucrania y el deterioro de las relaciones diplomáticas, impidió un avance. En febrero de 2023, Vladimir Putin suspendió la participación de Moscú en el tratado, alegando que no permitiría inspecciones estadounidenses mientras Occidente presionaba para la derrota de Rusia en Ucrania.

Aunque el Kremlin declaró su intención de seguir cumpliendo con los límites del tratado de forma voluntaria durante otro año, la administración estadounidense, bajo una postura evasiva de Donald Trump, no confirmó su disposición a lo mismo.

China en el tablero nuclear: ¿tercera vía en la carrera armamentista?

Una de las principales razones citadas por Washington para no avanzar en la renovación es China. Trump insistió en diversas ocasiones que cualquier nuevo tratado debía incluir a Beijing, cuya capacidad nuclear, aunque significativamente más baja, está en proceso de expansión acelerada.

Según el informe 2023 de la Defensa Nacional de EE. UU., China posee aproximadamente 500 ojivas nucleares, pero podría llegar a las 1,000 para 2030. Pekín, sin embargo, ha rechazado en repetidas ocasiones participar en cualquier limitación internacional de su arsenal, argumentando que aún mantiene una política de "mínima disuasión".

¿Qué pasa ahora?: La amenaza de una carrera armamentista sin control

Daryl Kimball, director de la Asociación para el Control de Armas en Washington, advirtió que sin límites, ambas potencias podrían expandir significativamente sus arsenales por primera vez en más de tres décadas. “Estamos ante un escenario donde EE. UU., Rusia y China podrían competir en tamaño y sofisticación de sus sistemas de armas nucleares, lo cual es extremadamente peligroso”, aseguró en una entrevista reciente.

La Corporación RAND también alertó sobre los riesgos: sin la previsibilidad que brindan los tratados, cada parte podría planificar "para lo peor", aumentando su arsenal como forma de mostrar firmeza o buscar ventaja negociadora futura.

El resurgimiento del pensamiento estratégico de la Guerra Fría

El fin del New START se suma a una cadena de colapsos anteriores en acuerdos de control armamentista:

  • SALT I (1972): el primer gran paso hacia la limitación nuclear durante la Guerra Fría.
  • Tratado ABM (1972): limitaba los sistemas de defensa antimisiles, abandonado por EE. UU. en 2001.
  • INF Treaty (1987): prohibía misiles de rango intermedio, cancelado en 2019 tras acusaciones de incumplimiento mutuo.

Todo esto ha dado lugar al desarrollo y despliegue de nuevas armas tecnológicas como el Burevestnik (misil de crucero con propulsión nuclear) o el Poseidón (torpedo nuclear autónomo). Rusia ha anunciado con orgullo que estas armas ya están listas para ser utilizadas en combate.

¿Una nueva doctrina nuclear rusa?

En 2024, Putin firmó una versión revisada de la doctrina nuclear rusa, bajando el umbral de uso. Esto significa que, en ciertas circunstancias —incluyendo ataques convencionales que “pongan en peligro la existencia del Estado”—, Moscú podría responder con armas nucleares.

El constante recordatorio del Kremlin sobre su arsenal nuclear desde la invasión a Ucrania ha sido interpretado como parte de su estrategia para disuadir a la OTAN de involucrarse directamente en el conflicto.

El impacto regional: Europa vuelve a estar en la mira

Uno de los desarrollos más preocupantes fue el uso por parte de Rusia del misil balístico Oreshnik —una versión convencional pero con alcance estratégico que también puede portar una ojiva nuclear— contra objetivos en Ucrania. Con un alcance de hasta 5,000 kilómetros, este artefacto puede impactar cualquier punto de Europa occidental.

Además, Dmitry Medvedev, hoy vicepresidente del Consejo de Seguridad Ruso, ha esgrimido amenazas veladas contra los sistemas defensivos propuestos por Trump, como el Golden Dome, que Rusia ve como una amenaza que justifica su rearme.

¿Vuelven los ensayos nucleares?

Trump ha insinuado en más de una ocasión que EE. UU. podría reanudar ensayos nucleares por primera vez desde 1992. Aunque el Departamento de Energía aclaró que se trataría de pruebas sin explosiones atómicas, Rusia ha dicho que respondería con pruebas de igual carácter, lo que debilitaría el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT), que, aunque no ha entrado plenamente en vigor, ha sido respetado en su espíritu por las cinco grandes potencias nucleares.

Kimball sentencia: “La reanudación de pruebas sería el principio del fin del sistema global destinado a reducir el riesgo nuclear”. China e India, aspirantes regionales a consolidar su poder, podrían verse incentivadas a seguir los pasos de EE. UU. y Rusia.

¿Hacia dónde va el mundo?

Los indicios apuntan a un retorno de las tensiones nucleares a niveles no vistos desde la Guerra Fría. Las armas son ahora más precisas, más rápidas y están integradas con inteligencia artificial. Sin un marco humanitario, legal o técnico que las limite, su mera existencia y la posibilidad de un error de cálculo podrían desembocar en una catástrofe global.

“Estamos entrando en un periodo mucho más peligroso de competencia nuclear global, algo sin precedentes para la actual generación”, advierte Kimball.

¿Es posible una nueva era de acuerdos? Tal vez. Pero por ahora, el horizonte muestra menos diálogo y más despliegue. Aquellos que en su momento celebraron la firma del New START deberán ahora buscar nuevos caminos para controlar el poder más devastador que ha conocido la humanidad: el nuclear.

Fuente adicional recomendada: Arms Control Association

Este artículo fue redactado con información de Associated Press