Los Juegos Olímpicos ante su mayor desafío: ¿Puede el deporte invernal sobrevivir al patrocinio de los combustibles fósiles?
El esquiador noruego Nikolai Schirmer lidera un movimiento global para expulsar a las petroleras del patrocinio olímpico, en una cruzada que enfrenta al negocio del deporte con la urgencia climática.
El deshielo literal y simbólico del olimpismo
En vísperas de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, el debate ya no gira únicamente en torno a récords deportivos o escenarios emblemáticos con nieve impoluta. Una nueva discusión, tan espinosa como urgente, ha cobrado protagonismo: ¿deben las empresas de combustibles fósiles seguir patrocinando los deportes de invierno?
Uno de los principales impulsores de esta conversación es Nikolai Schirmer, un esquiador freeride noruego reconocido por su activismo climático y sus producciones audiovisuales. Aunque su disciplina no forma parte del programa olímpico oficial, Schirmer ha abrazado la causa como propia por una razón muy simple: “el invierno está desapareciendo ante nuestros ojos”, tal como expresó al entregar personalmente una petición al Comité Olímpico Internacional (COI) en Milán con más de 21,000 firmas exigiendo cortar lazos con las petroleras.
“Ski Fossil Free”: más que una petición, una declaración de principios
La iniciativa, bautizada como “Ski Fossil Free”, no solo es un llamado de atención sobre el presente, sino una advertencia para el futuro inmediato del deporte invernal. Según un estudio de la Universidad de Waterloo, citado por la organización Protect Our Winters (POW), para 2050 solo 10 de las 21 sedes anteriores de los Juegos Olímpicos de Invierno podrán garantizar un clima suficientemente frío para volver a alojar el evento.
La petición exige que el COI y la Federación Internacional de Esquí (FIS) evalúen la idoneidad del marketing de combustibles fósiles antes de la próxima temporada, estableciendo un precedente semejante al que, en los años 80, obligó al olimpismo a “exiliar” los patrocinadores relacionados con el tabaco.
El COI responde, pero no convence
El Comité Olímpico Internacional respondió con declaraciones que, para muchos atletas y activistas, sonaron genéricas y carentes de compromiso: “el cambio climático es uno de los mayores desafíos que enfrentan el deporte y la sociedad”. Sin embargo, evitó prometer una revisión exhaustiva del patrocinio energético o la implementación de un informe independiente, tal como demanda la petición.
Julie Duffus, jefa de sostenibilidad del COI, recibió a Schirmer fuera de cámaras (el organismo negó el acceso a la prensa durante el encuentro) y aseguró que algunas iniciativas hacia la sostenibilidad ya están en marcha. Pero el esquiador fue contundente en su balance: “Parece que los Juegos Olímpicos aún no están listos para convertirse en la fuerza positiva de cambio que podrían ser”.
Atletas alineados con la causa
La campaña ha sido respaldada por figuras del esquí y del deporte paralímpico, que coinciden en que aceptar dinero de empresas que contribuyen activamente a la crisis climática es una contradicción insostenible.
Gus Schumacher, miembro de Team USA en esquí de fondo, comentó: “Es muy corto de miras aceptar su dinero mientras promovemos eventos que dependen de la nieve y el frío”.
Por su parte, el también estadounidense Jack Berry, aspirante paralímpico, agregó: “Esto puede ser un punto de inflexión para transformar el deporte desde su corazón financiero”.
Una petrolera italiana como principal patrocinadora
La controversia se agudiza por el hecho de que Eni, una de las siete grandes compañías de petróleo y gas del mundo, figura como patrocinadora “premium” de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026. La empresa italiana asegura estar comprometida con la transición energética, y afirma que su participación busca “reforzar su apuesta por un sistema energéticamente más sostenible”.
No obstante, el reporte independiente “Olympics Torched”, elaborado por el New Weather Institute junto a Scientists for Global Responsibility y Champions for Earth, desmonta esa narrativa al concluir que el patrocinio de empresas contaminantes contribuirá a aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero, acelerando el curso de la crisis climática que amenaza al propio espíritu olímpico.
Según el informe, el vínculo entre las empresas fósiles y el olimpismo se utiliza para ”lavar su imagen verde” y ganar legitimidad social en un momento en que el escrutinio público e institucional hacia estos sectores crece.
Un precedente inspirador: fin del patrocinio tabacalero
La analogía con el tabaco no es gratuita: desde 1986, el COI no permite patrocinadores del segmento tabacalero. Esta transformación no surgió de la nada, sino como resultado de campañas sostenidas por científicos, organizaciones de salud y deportistas contra la incoherencia de promocionar salud y rendimiento físico con empresas asociadas al cáncer pulmonar y a otras enfermedades.
Hoy el paralelismo es evidente. ¿Cómo pueden los Juegos rendir culto a la técnica, la pasión y la nieve… mientras son financiados por industrias responsables del calentamiento global, de la destrucción del permafrost y del retroceso de los glaciares?
El factor social y educativo del deporte
Entender el poder del deporte como vehículo de cambio es fundamental para contextualizar esta campaña. Los Juegos Olímpicos generan una visibilidad sin precedente, y su política de patrocinio educa simbólicamente a millones de espectadores sobre quiénes son los “aliados del deporte”.
En palabras de Erin Sprague, CEO de Protect Our Winters: “Este es el primer esfuerzo coordinado contra la publicidad fósil centrado en unos Juegos Olímpicos. Pero apenas estamos comenzando la conversación”.
Incentivo económico sin contradicción climática
Los promotores del boicot no están en contra del patrocinio como herramienta de financiación, sino del tipo de empresas que lo ejercen. Stuart Parkinson, de Scientists for Global Responsibility, sostuvo: “Existen cientos de posibles marcas patrocinadoras con huella climática neutra o positiva. No es necesario recurrir a empresas contaminantes”.
El desafío está en reconocer que el financiamiento de los Juegos puede y debe migrar hacia compañías tecnológicas, de energía renovable, transporte ecológico, alimentación orgánica o bioconstrucción, rubros que sí están alineados con el legado ecológico que la Carta Olímpica dice proteger.
¿Y ahora qué?
La disyuntiva para el COI y otras federaciones internacionales es clara: o se posicionan como catalizadores de una verdadera transformación sustentable, o corren el riesgo de que su prestigio quede vinculado al ”greenwashing” corporativo mientras la nieve continúa derritiéndose.
El reto es tan ético como estratégico. Sin inviernos confiables, no habrá futuro posible para disciplinas como el esquí alpino, el snowboard, el biatlón o el hockey sobre hielo al aire libre. La ironía es brutal: los mismos patrocinadores que hoy financian el evento podrían estar borrando su razón de existir.
El balón de la sostenibilidad está en la cancha de quienes toman decisiones. Y, esta vez, ni el cronómetro ni los medalleros determinarán la victoria.
