Trump, China e Irán: ¿Un juego estratégico global o mera retórica política?
El expresidente de EE.UU. afirmó haber discutido con Xi Jinping el aislamiento de Irán, una movida que deja entrever una geopolítica más compleja de lo que aparenta.
Por años, la relación entre Estados Unidos, China e Irán ha sido subordinada a intereses estratégicos, rivalidades económicas y cálculos políticos de largo alcance. No es ninguna sorpresa que el expresidente Donald J. Trump haya optado por entablar una conversación directa con su homólogo chino, Xi Jinping, en la que uno de los temas centrales fue la situación en Irán. Aunque su retórica suene familiar, esta nueva interacción deja abierta una avenida de múltiples interpretaciones sobre las tendencias del poder global post-2020.
Una “amistad fuerte” que busca redefinir el tablero
En su declaración hecha pública vía redes sociales, Trump remarcó el “extremadamente buen” estado de su relación personal con Xi. Señaló que ambos mandatarios entienden lo vital que es mantener una comunicación fluida y estable.
Este tipo de afirmación, aunque estilísticamente cargada del tono grandilocuente que define los comunicados de Trump, tiene un trasfondo importante. Establecer o aparentar tener una sólida relación bilateral con Pekín en pleno conflicto comercial y frente al incremento de tensiones en Taiwán es, en sí misma, una postura política cargada de mensaje.
¿Por qué Irán?
Desde el gobierno de George W. Bush, Estados Unidos ha visto a Irán como uno de los ejes del “mal”. Las razones: su programa nuclear, el respaldo a grupos que Washington clasifica como organizaciones terroristas y la rivalidad teológica-política con aliados estadounidenses como Arabia Saudita e Israel.
La administración Trump, en particular, intensificó las sanciones contra Irán tras salirse del acuerdo nuclear firmado en 2015, el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). Trump denunció el acuerdo como “el peor jamás firmado”, alegando que facilitaba a Irán enriquecerse mientras proseguía en actividades de desestabilización regional.
El nuevo enfoque: sancionar al que comercie con Irán
Una de las medidas más agresivas tomadas por Trump, anunciada en su momento vía redes sociales, fue la imposición de un arancel del 25% a todos los países que mantuviesen relaciones comerciales con Teherán. Esta medida, sin precedentes en su carácter extraterritorial, buscaba dividir a Irán de sus principales vínculos internacionales.
Pero ¿funcionó? Si revisamos los datos más recientes disponibles (2024, según la Organización Mundial del Comercio):
- Irán realizó $125 mil millones en comercio internacional en ese año.
- $32 mil millones fueron con China.
- $28 mil millones con Emiratos Árabes Unidos.
- $17 mil millones con Turquía.
La cifra puede parecer considerable, pero comparada con economías globales, representa una clara contracción que refleja el impacto del aislamiento financiero y comercial. Aun así, no se ha logrado desembridar a Irán de acuerdos estratégicos con algunos países clave.
China e Irán: un vínculo pragmático
China ha sido históricamente uno de los principales compradores del petróleo iraní, esencial para abastecer su creciente demanda interna y diversificar su matriz energética frente a tensiones con Occidente. En 2021, ambos países firmaron un acuerdo de cooperación de 25 años que incluiría inversiones chinas por más de $400 mil millones en sectores clave iraníes como energía, infraestructura y tecnología.
Entonces, cabe preguntarse: ¿qué tan receptivo puede haber sido realmente Xi Jinping a la invitación de Trump de “aislar” a Irán?
Probablemente muy poco. Para Pekín, Irán no sólo representa un proveedor estratégico de recursos, sino también una pieza clave en su ambicioso proyecto de la “Franja y la Ruta”. Además, aceptar presiones de Washington echaría por tierra su credo político de “no injerencia” y debilitaría su rol como potencia no alineada.
¿Y qué papel juega Taiwán en todo esto?
La inclusión de Taiwán entre los temas tratados por Trump y Xi no es casual. Taiwán es una herida abierta en la política exterior china. Que Trump lo mencione en la misma conversación que Irán puede insinuar una jugada geopolítica de proporciones mayores: la construcción de concesiones cruzadas bajo la lógica del “quid pro quo”.
¿Podría estar sugiriendo Trump, tácitamente, que Estados Unidos esté dispuesto a ceder cierta presión sobre asuntos como Taiwán a cambio de la colaboración china contra Irán?
Teniendo en cuenta que las relaciones de Trump con Taiwán durante su presidencia fueron, por momentos, volátiles —incluyendo la histórica llamada que aceptó de la presidenta Tsai Ing-wen en 2016, desafiando el protocolo diplomático de décadas—, esa hipótesis no parece tan descabellada.
Más palancas que diálogo
La estrategia de aislamiento de países “enemigos” no es nueva. Desde la Guerra Fría hasta las sanciones actuales contra Rusia por la invasión de Ucrania, EE.UU. ha utilizado su peso económico para forzar alineamientos. Pero China juega en otra liga. No sólo es la segunda mayor economía del mundo, sino que ha desarrollado mecanismos comerciales (como el yuan digital y sus propios sistemas de pago) para evadir parcialmente los mecanismos occidentales.
Mientras tanto, Trump hace uso de lo que siempre ha considerado su mayor fortaleza: la imprevisibilidad estratégica. “Los demás no pueden anticiparte si ni tú mismo sabes lo que harás”, dijo en una entrevista en 2017.
¿Qué viene luego?
La pregunta importante es si esto tiene peso real en la política exterior futura de Estados Unidos, tomando en cuenta que Trump ya no ocupa el Despacho Oval. Sin embargo, dado su peso dentro del Partido Republicano y sus aspiraciones hacia 2024 (que no se concretaron con éxito), sus declaraciones siguen teniendo repercusión.
En resumen:
- China no tiene incentivos reales para aislar a Irán.
- El comercio entre ambas naciones sigue siendo significativo.
- Trump busca reposicionarse geopolíticamente pese a estar fuera del poder.
Mientras analistas en Washington ahondan en el significado profundo de esta conversación transcontinental, lo cierto es que, más allá del ruido mediático, los verdaderos equilibrios del poder mundial siguen siendo determinados en capitales como Pekín, Teherán y Bruselas, más que en redes sociales.
Una llamada entre líderes puede enviar mensajes, pero es el comercio, la energía y la diplomacia los que mueven las piezas del ajedrez global.
