¿Renace la esperanza democrática en Venezuela tras la caída de Maduro?

La liberación de presos políticos, el regreso de voces opositoras y leves aperturas mediáticas marcan un momento clave, pero los riesgos de retroceso siguen latentes

CARACAS — Venezuela parece sentarse al borde de un cambio histórico tras años de represión política, censura, crisis económica y una democracia erosionada. La reciente caída del régimen de Nicolás Maduro, auspiciada por la presión internacional y principalmente por la intervención de Estados Unidos, ha abierto grietas en la estructura autoritaria que imperaba en el país desde 2013.

Hoy, rostros conocidos de la resistencia política venezolana están saliendo de las sombras, reapareciendo en espacios públicos, y medios de comunicación que se mantenían autocensurados están comenzando a mostrar señales de vida crítica. Pero ¿estamos viendo el nacimiento de una nueva era democrática o simplemente una estrategia de control más sofisticada bajo nuevos liderazgos?

Andrés Velásquez: de líder opositor en la sombra a voz desafiante

Uno de los emblemas del momento actual es Andrés Velásquez, exgobernador y figura destacada de la oposición. Luego de apoyar activamente la campaña presidencial de Edmundo González —quien oficialmente ganó las elecciones de 2024, según datos independientes— Velásquez optó por esconderse debido a la brutal represión desatada por Maduro tras desconocer los resultados.

La situación cambió tras la caída del régimen. Con barba espesa y mirada desafiante, Velásquez apareció públicamente el 19 de enero de 2026 en un video donde apoyaba la salida de Maduro y pedía elecciones libres. Pocos días después se atrevió a grabar un mensaje frente al Helicoide, un centro de detención símbolo de la represión chavista, exigiendo la liberación de los presos políticos.

Debemos desmantelar todo el aparato represivo del Estado”, declaró. “Venezuela será libre”.

¿Una nueva ‘glasnost’ criolla?

El término 'glasnost', que marcó la apertura política en la Unión Soviética antes de su desintegración, ha sido invocado por varios actores para definir lo que ocurre en Venezuela. No obstante, esta liberalización parcial no viene de una transformación interna espontánea, sino forzada desde Washington.

Bajo la administración Trump, EE.UU. ha utilizado sanciones económicas, presiones diplomáticas e incluso amenazas militares para remover a Maduro del poder. La figura que ha asumido el mando en Caracas es Delcy Rodríguez —una aliada histórica de Maduro— quien ahora actúa como presidenta interina respaldada por Estados Unidos.

En una jugada estratégica para apaciguar la crítica y posiblemente preparar el terreno para una transición más estable, Rodríguez ha anunciado iniciativas que incluyen:

  • Una amnistía general que podría liberar a cientos de presos políticos.
  • El cierre del Helicoide, prometiendo su conversión en un centro deportivo y cultural.
  • Creación de una comisión de coexistencia política moderada por el ministro de Cultura, Ernesto Villegas.

Medios resucitan y voces críticas emergen

El clima de represión generó durante años una autocensura brutal en los medios venezolanos. Sin embargo, medios como Venevisión y Globovisión —conocidos por su silencio cómplice— han comenzado a abrir espacios para las voces opositoras.

Por ejemplo, Globovisión readmitió al veterano periodista Vladimir Villegas, censurado en 2020 por criticar a Maduro. Su retorno al aire marca un momento simbólico en una prensa que parecía anestesiada.

Venevisión, por su parte, ha dado cobertura a las actividades internacionales de la líder opositora María Corina Machado, incluyendo su reciente reunión con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en Washington. Esta cobertura, impensable meses atrás, provocó la ira del número dos del chavismo, Diosdado Cabello, quien acusó a la televisora de ser parte de una conspiración mediática.

¿Estamos ante un verdadero cambio o una apertura táctica?

Pedro Vaca, relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pone los pies sobre la tierra: “El espacio cívico en Venezuela sigue siendo un desierto”, dijo. “Estas voces críticas emergen como brotes nacidos del terreno endurecido, sobreviviendo no porque haya libertad, sino porque la represión ha cedido tácticamente”.

Esta visión es compartida por muchos opositores que, si bien celebran las tímidas libertades, temen que sea una estrategia de contención y maquillaje para garantizar gobernabilidad sin alterar el esquema de control autoritario.

Los números de la represión

  • Más de 8.000 personas fueron detenidas desde julio de 2024 tras las elecciones.
  • Organizaciones como Foro Penal contabilizan al menos 286 presos políticos activos hasta enero de 2026.
  • Más de 300 medios de comunicación han cerrado o han sido censurados desde 2015.

Testimonios desde el encierro

Activistas como Carlos Julio Rojas, periodista detenido durante más de 630 días en condiciones infrahumanas, aseguran que el cambio no será posible si no se permite encarar abiertamente la verdad.

No hablar era seguir encarcelado”, expresó Rojas tras romper el silencio impuesto por su liberación. “Hoy decido quitarme la mordaza y hablar”.

La exdiputada Delsa Solórzano también emergió, visiblemente debilitada, revelando que pasaba días sin ver la luz del sol y necesitaba vitamina D para su salud durante su vida en clandestinidad. “Es que aquí, luchar por la libertad se convirtió en una condena mortal”, aseguró.

Sombra de control: el futuro incierto

A pesar de los gestos conciliadores de Rodríguez, la maquinaria institucional permanece intacta. El acceso pleno a redes sociales como X (antes Twitter) sigue restringido, y la censura digital se mantiene como herramienta política, lo que genera dudas sobre la autenticidad del proceso.

¿Qué tan genuina es esta apertura si el aparato de seguridad, control mediático y judicial continúan en manos de actores chavistas?

Mientras tanto, figuras como Velásquez insisten en que la única forma de evitar que esta ventana se cierre es ocupándola activamente: “Debemos seguir recuperando el terreno perdido. Se ha abierto una oportunidad y no podemos permitir que se cierre otra vez. Pero el mayor obstáculo que debemos superar es el miedo”.

¿Y ahora qué?

La presión internacional, especialmente por parte de EE.UU., continúa siendo un actor fundamental en este momento de inflexión. Las decisiones de Rodríguez están siendo cuidadosamente monitoreadas tanto por sus aliados como por la oposición interna y las instituciones internacionales.

Mientras unos celebran el inicio de una nova etapa, otros —con razón— continúan observando con escepticismo, alertas a cualquier reversa camuflada de democracia. La incógnita para Venezuela sigue siendo si el país tomará finalmente el curso hacia un sistema plural y libre, o si esta ‘apertura’ será simplemente otra etapa del prolongado laboratorio autoritario caribeño.

Pero una cosa sí es clara: el miedo ha comenzado a retroceder. Y eso, en Venezuela, es un síntoma de que algo se mueve.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press