Al-Hol: El Campo Olvidado que Simboliza el Limbo Humanitario de Siria

Entre el trauma del pasado, las precarias condiciones actuales y la incertidumbre del futuro: así sobreviven miles de mujeres y niños en el campo al-Hol tras años de abandono

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Una herencia del Estado Islámico

El campo al-Hol, situado en la provincia siria de al-Hasaka, fue concebido originalmente para albergar desplazados durante conflictos anteriores. Pero desde la caída oficial del Estado Islámico (EI) en 2019, ha funcionado principalmente como un centro de detención informal para más de 70,000 personas, la mayoría mujeres y niños considerados —con o sin pruebas— vinculados al grupo yihadista.

Actualmente, alrededor de 24,000 personas siguen atrapadas allí, en su mayoría sirios e iraquíes. Entre ellas, más de 6,500 provienen de otras nacionalidades. Para muchos, el campamento no es simplemente un centro de refugiados, sino una forma prolongada de confinamiento colectivo.

Regreso del control gubernamental

El 21 de enero de 2026, el régimen de Bashar al-Ásad tomó control del campo tras una ofensiva contra las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por kurdos y respaldadas por EE.UU., quienes lo habían administrado durante casi una década. Tras un breve periodo de violencia, se acordó un alto al fuego y los servicios básicos comenzaron a restablecerse.

Según Celine Schmitt, vocera de ACNUR, el acceso a servicios esenciales como alimentación, agua potable y atención médica se reanudó a partir del 23 de enero. “La situación se ha calmado”, informó desde Damasco. También se designó una nueva administración gubernamental para el campamento.

Sistema de salud frágil pero activo

La representante de la organización Siria Alyamama, Amal al-Hussein, informó que los servicios médicos operan las 24 horas y que hasta 150 niños y 100 mujeres son tratados cada día. En los últimos 10 días, se registraron cinco nacimientos naturales, mientras que las cesáreas se derivan a hospitales en Deir el-Zour o la ciudad de al-Hol.

No obstante, existen escaseces críticas: fórmulas infantiles, pañales y productos sanitarios están casi agotados. La falta de estos insumos cuestiona la sostenibilidad del sistema de salud improvisado en el campo.

Dignidad en entredicho

Safiya Suleiman, madre de seis hijos y residente en el campo por ocho años, denuncia la falta de educación, ropa para niños y alimentos frescos. “Necesitamos verduras, frutas… hace un mes que no comemos bien”, lamenta, mientras obliga a sus hijas a subsistir a base de pan y lentejas.

Por su parte, Mariam al-Issa, proveniente de Safira, desea dejar el campo por el bien de sus hijos. “No podemos vivir bien así; los niños merecen algo mejor”, declara. La ayuda alimentaria, centrada en lentejas y pan, resulta monótona y nutricionalmente limitada.

Un limbo legal y humanitario

Quizás el aspecto más polémico del campo al-Hol es la ambigüedad jurídica a la que están sometidos sus habitantes. La mayoría no ha sido formalmente acusada de ningún crimen, pero viven en un espacio cercado y vigilado, lo que recuerda a una prisión. Existen secciones de alta seguridad para personas extranjeras que apoyaron al EI, pero el resto de los residentes han sido agrupados bajo criterios vagos.

Esto ha generado críticas de diversas ONGs y organismos internacionales. Según Human Rights Watch: “El mantenimiento de estas personas en detención indefinida sin cargos ni juicio es una violación del derecho internacional.”

El rol de los repatriados: ¿una solución suficiente?

Varios países han comenzado procesos de repatriación. Irak, por ejemplo, recibió recientemente a detenidos del EI transferidos desde cárceles kurdas. Sin embargo, este mecanismo no ha incluido a la mayoría de quienes viven en al-Hol. Alrededor de 73,000 personas vivieron en el campo en su apogeo, y muchos de los repatriados enfrentan largos procesos judiciales en sus países de origen, en caso de ser recibidos.

Este limbo legal crea dilemas diplomáticos serios. ¿Qué hacer con los hijos nacidos dentro del EI? ¿Y con las mujeres que alegan haber sido forzadas o engañadas para unirse a los combatientes? Cada país responde de forma distinta, oscilando entre repatriaciones lentas o políticas de rechazo.

Inversión para una reintegración viable

Quienes logran salir del campo enfrentan un nuevo obstáculo: la reconstrucción. Celine Schmitt explica que el retorno seguro solo será posible si hay inversiones concretas. “Hay que ayudarlos a encontrar una casa, a reconstruir una vivienda y generar ingresos. De lo contrario, este éxodo se convertirá en otro círculo de pobreza y desplazamiento”, advierte.

La destrucción provocada por más de una década de guerra civil ha dejado a muchas ciudades sirias inhabitables. Incluso si alguien regresa a su aldea natal, probablemente enfrentará ruinas, falta de servicios y un ecosistema económico inexistente.

El espectro del extremismo persiste

Autoridades internacionales advierten del riesgo que supone mantener generaciones completas de niños en condiciones extremas, sin educación ni perspectivas. “Cada niño que crece aquí es una bomba de tiempo. Sin intervención, puede radicalizarse fácilmente o perpetuar la violencia”, señala Fabrizio Carboni, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja para Oriente Medio.

Además, la existencia de una sección de alta seguridad sugiere que elementos activos del extremismo islámico aún perviven en el campamento. La convivencia forzada con familias que no comparten esa ideología añade nuevas capas de conflicto interno.

¿Qué sigue para al-Hol?

Al-Hol se ha transformado en un símbolo de las contradicciones inherentes a la guerra en Siria: la línea borrosa entre justicia y contención, la tensión entre seguridad nacional e imperativos humanitarios, y la incapacidad del sistema internacional para dar respuestas rápidas y coordinadas.

Más que un campo de detención, al-Hol representa un vacío legal, político y moral. Mientras tanto, 24,000 personas permanecen atrapadas, esperando que alguien —alguna nación o alguna política internacional— determine su futuro.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press