El mago del confeti del Super Bowl: 30 años de arte y color en el evento deportivo más grande de EE.UU.

Noah Winter no lanza pases ni anota touchdowns, pero ninguna celebración del Super Bowl estaría completa sin el estallido multicolor de su confeti. Esta es su historia y la ciencia detrás de cada lluvia de papel.

Noah Winter ha estado en más Super Bowls que Tom Brady, y no, no es una exageración. Mientras Brady jugó en 10 finales de la NFL —el récord absoluto para cualquier jugador—, Winter ha participado en 30 y contando. Sin uniforme ni casco, su rol es completamente distinto, pero imposible de pasar por alto: él es quien hace que la magia caiga del cielo cuando termina el partido.

El hombre tras la lluvia de confeti

Noah Winter es el fundador y director de Artistry in Motion, una compañía con sede en Northridge, California, especializada en la producción y distribución de confeti para eventos de alto impacto: desde conciertos de rock y convenciones políticas hasta los Juegos Olímpicos. Pero su obra más celebrada ocurre en la arena más vista del deporte mundial: el Super Bowl.

“Se ha convertido en un momento icónico”, explica Winter desde su oficina-fábrica, rodeado de máquinas que cortan papel en formas imposibles. Al final del partido más importante del año, un estallido de millones de trozos de papel colorea el aire y marca la culminación del evento. Para muchos, ese instante es el verdadero cierre del espectáculo.

Una tradición que comenzó por accidente (y con Disney)

Todo comenzó en los años 80 cuando Winter, entonces diseñador de iluminación y técnico de pirotecnia, recibió un encargo muy particular de Disney: reproducir hojas girando suavemente para un espectáculo en vivo de *Pocahontas*. La solución: confeti diseñado para asemejar el vuelo de una hoja. Funcionó tan bien que pronto pasó a formar parte del desfile diario de Disneylandia.

La notoriedad que ganó este trabajo lo llevó hasta Mick Jagger, quien lo contrató para un concierto de The Rolling Stones en el Dodger Stadium en 1986. Desde allí, el confeti de Winter ha volado sobre multitudes en giras de U2, Madonna, Taylor Swift y más. Fue solo cuestión de tiempo para que la NFL tocara su puerta. En 1997, debutó oficialmente en el Super Bowl, cuando Green Bay Packers venció a los Patriots en Nueva Orleans.

Logística de una tormenta de papel

Hacer que millones de trozos de papel caigan en el momento exacto no es tarea sencilla. El equipo de Winter transporta alrededor de 300 libras (135 kg) de confeti bicolor para cada equipo finalista. A cuatro minutos del final, colocan los cañones alrededor del campo, pero no los disparan hasta que el reloj marque triple cero. Nada de improvisaciones.

“Es mejor tarde que temprano”, afirma Winter. Durante 30 años, nunca se han equivocado disparando los colores del equipo perdedor.

¿Cuál es la mejor forma de confeti?

Para lograr el máximo impacto visual, se ha descubierto que el confeti rectangular es el ideal: gira en el aire mientras cae, creando un efecto visual más duradero en la transmisión televisiva. Además, se adapta bien a los cañones y permite incorporar pequeños mensajes impresos, como ocurría cuando Twitter patrocinaba el Super Bowl e imprimía hashtags en cada trozo.

Doble dosis de celebración: el acto final

Pocos lo saben, pero cada Super Bowl tiene dos lluvias de confeti: una al finalizar el partido, y otra al presentar el Trofeo Vince Lombardi. Para esta segunda lluvia, el confeti es recortado en la forma del trofeo, un detalle que pocos logran notar pero que eleva el espectáculo a una categoría casi artística.

¿Es ecológico el confeti?

Sí. El confeti de Artistry in Motion está hecho de papel tisú biodegradable, producido en un 98% con material reciclado postconsumo, y fabricado localmente por Seaman Paper, una empresa de Massachusetts que produce hasta 68,000 kg de papel diarios. “Es un pedido prestigioso, aunque no masivo”, afirma Jamie Jones, uno de los propietarios de Seaman, y fan de los Patriots.

Winter asegura que toda la producción no usada se recicla. Eso sí, la limpieza del estadio no es responsabilidad suya. Cada estadio lo hace a su manera: algunos usan rastrillos, otros sopladoras, sobre todo si hay césped artificial.

Ver a los campeones revolcarse en papel

La fotógrafa Jane Gershovich, quien documentó la victoria de Seattle Seahawks en 2014, recuerda cómo los jugadores y sus familias no podían resistirse al confeti: “Es un momento extremadamente humano en medio de la gloria deportiva. Hacen ángeles de confeti, lo lanzan al aire, ríen. Es como si volvieran a ser niños”.

Es por eso que Winter es una figura constante y querida tras bastidores. No hay cena o reunión a la que asista sin que le pregunten por su oficio.

Cuando el espectáculo supera al fútbol

No hay que subestimar el impacto visual del confeti en la percepción del Super Bowl. En la edición 2025, el juego fue visto por 127.7 millones de personas en Estados Unidos, considerando televisión y streaming. Las imágenes del confeti donde el cielo parece pintado –mezcladas con euforia, llanto y abrazos– son compartidas millones de veces en redes sociales.

Winter incluso ha ofrecido colocar a sus hermanos (fanáticos de los New York Jets) a operar los cañones si algún día su equipo, cuya última aparición en el Super Bowl fue en 1969, regresa al juego grande. “Esa sería una forma hermosa de cerrar el círculo”, reconoce sonriendo.

¿Cómo se hace para trabajar con confeti?

Convertirse en experto en confeti no es algo que se enseñe en la universidad. Winter estudió diseño de iluminación, y su camino lo llevó al mundo de los efectos especiales en vivo. Pero tuvo visión y capacidad de adaptación. Supo detectar un nicho artístico en algo tan aparentemente trivial como papel que cae.

Así nació una carrera que ha llevado su empresa a crear efectos de nieve, hojas de otoño, burbujas y más papel flotante de lo que podrías imaginar. Con cada evento, Winter ha consolidado algo tan único como necesario: el arte de cerrar con broche de oro.

Más allá del papel

Hoy Noah Winter y su empresa son protagonistas de uno de los rituales más poderosos de la cultura popular estadounidense: la victoria final en el Super Bowl. Sin él, sería solo un silbido final y fuegos artificiales. Con él, es una pintura viviente, suspendida en el aire, que da forma al recuerdo de millones.

Y mientras Brady ya está retirado de los emparrillados, Winter sigue acumulando apariciones. Como él mismo bromea: “He estado en más Super Bowls que cualquier quarterback. Y con ambos equipos al mismo tiempo”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press