La reconstrucción de Antakya: esperanza entre los escombros

Cómo una joven arquitecta lidera la restauración de una iglesia ortodoxa tras el devastador terremoto en Turquía y defiende la memoria multicultural de su ciudad

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Por más de dos mil años, Antakya —la bíblica Antioquía— ha sido un crisol de culturas, religiones e historias entrelazadas. Sin embargo, un cataclismo natural sacudió sus cimientos y dejó a la ciudad enfrentando un duelo arquitectónico, histórico y humano. La restauración de la iglesia ortodoxa griega de San Pablo es solo una de muchas luchas que se viven en la región, pero también un símbolo de renacimiento.

Antakya: una ciudad histórica reducida a ruinas

La madrugada del 6 de febrero de 2023, un terremoto de magnitud 7.8 sacudió el sur de Turquía y el norte de Siria. Horas después, otro sismo le siguió. El resultado fue devastador: más de 53,000 muertos en Turquía y otros 6,000 en Siria.

La ciudad de Antakya, una de las más afectadas, vio colapsar su centro histórico. Las piedras que habían resistido siglos —y otros terremotos de magnitud similar, como los de 115 d.C., 526, 1872— esta vez no resistieron.

La misión de Buse Ceren Gul: restaurar la historia

Buse Ceren Gul, una arquitecta de 34 años oriunda de Antakya y miembro de la comunidad musulmana alawita, decidió no rendirse ante la tragedia. Ella ya trabajaba en los planes de restauración de la Iglesia Ortodoxa Griega de San Pablo mucho antes del terremoto. Afortunadamente, los planos arquitectónicos que había elaborado sobrevivieron, lo que permitió tener una base sólida para comenzar la reconstrucción.

Cuando vi la iglesia tras los terremotos, me pregunté: ‘¿Hemos desaparecido?’”, dijo Gul mientras caminaba entre los restos.

La Iglesia de San Pablo: testimonio de fe y resistencia

Originalmente destruida por el terremoto de 1872, la iglesia había sido completamente reconstruida en 1900. Era un punto de reunión vital para la comunidad ortodoxa griega de habla árabe en Antakya y símbolo viviente del diálogo interreligioso que ha caracterizado a la ciudad durante siglos.

El templo se encuentra en la famosa calle Saray, una vía donde convivían fieles de distintas religiones: cristianos, musulmanes y judíos. Hoy, esa armonía peligra tras el éxodo masivo.

Patrimonio bajo amenaza

En Hatay, la provincia donde se encuentra Antakya, cerca de 293 sitios patrimoniales fueron dañados por los sismos. Según estimaciones, vivían allí cerca de 10,000 cristianos antes del desastre —una cifra pequeña, pero significativa en el contexto turco.

La restauración del templo no solo es fundamental para preservar la memoria arquitectónica, sino también como punto de encuentro para una comunidad desplazada. Según estadísticas ofrecidas por Fadi Hurigil, presidente de la Fundación de la Iglesia Ortodoxa Griega de Antakya, apenas 90 de las 370 a 400 familias que vivían en la ciudad antes del desastre han regresado.

Un esfuerzo compartido

La reconstrucción no es una tarea solitaria. Gul cuenta con el apoyo del World Monuments Fund, una organización sin fines de lucro dedicada a la preservación del patrimonio cultural en riesgo. Gracias a su ayuda, se han retirado toneladas de escombros, identificado piedras rescatables y se realizan evaluaciones técnicas para comenzar la reconstrucción.

Sin embargo, como en tantas tragedias, el dinero sigue siendo un obstáculo. La comunidad perdió hasta el 95% de sus ingresos tras el cierre de comercios en la calle Saray. Muchos de estos locales eran propiedad de la iglesia y alquilados a turistas, condición que les daba autosuficiencia financiera.

La vida en el exilio interno

Evlin Hüseyinoğlu es un ejemplo de la diáspora interna. Su casa, a solo unos minutos de la iglesia, había sido reconstruida poco antes del terremoto y resistió en gran medida. Sin embargo, la falta de un plan de restauración urbana claro los llevó a mudarse a Arsuz, a tres horas de distancia, en lo que antes era su casa de verano.

Como ella, diversas familias cristianas, musulmanas y judías se han visto forzadas a dejar atrás una ciudad donde las diferencias se celebraban, no se condenaban.

¿Puede Antakya mantener su alma?

Crecimos en la calle Saray. Ahora no hay calle Saray”, lamenta Dimitri Dogum, funcionario de la iglesia de 59 años cuya familia ha vivido en la ciudad durante 400 años.

El temor de Dogum no se limita al cemento, sino a lo intangible: “Mi miedo es que perdamos la cultura de vivir juntos”.

El valor de la memoria y la convivencia

Antakya no es simplemente un punto geográfico. Es un símbolo de coexistencia interreligiosa que ha sobrevivido guerras, imperios y desastres naturales. Su historia se remonta al siglo VI a.C. y ha sido moldeada por capas helenísticas, romanas y otomanas. ¿Qué pasará si, en el proceso de reconstrucción, se pierde ese espíritu?

Restaurar la iglesia de San Pablo no es solo devolver una estructura de piedra a su sitio. Es apostar por la idea de que la identidad se reconstruye desde las cenizas, que un plano arquitectónico puede convertirse en puente de fe, cultura y esperanza.

Un futuro incierto pero no imposible

La labor de Gul aún no ha terminado. Las obras están parcialmente detenidas por falta de fondos, pero su intención es clara: demostrar que es posible reconstruir sin borrar.

Mientras tanto, el Ministerio de Medio Ambiente, Urbanización y Cambio Climático de Turquía ha contratado una empresa para comenzar la reurbanización de los comercios de Saray. La esperanza de recuperar cierta autonomía económica aguarda al final del túnel.

La historia de Antakya, su iglesia, sus vecinos y sus recuerdos está en juego. Esta ciudad milenaria merece volver a levantarse no solo con piedra, sino también con alma.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press