La tragedia ambiental del río Drina: cuando los países cierran los ojos
Cada invierno, toneladas de basura invaden las aguas del río Drina en Bosnia, en un símbolo preocupante de inacción política, crisis ambiental y consecuencias compartidas entre países vecinos
Por sus paisajes montañosos, sus aguas esmeralda y su potencia hidroeléctrica, el río Drina en Bosnia-Herzegovina debería ser un símbolo de belleza natural y desarrollo sostenible. Sin embargo, cada invierno se convierte en el epicentro de una catástrofe ambiental tan evidente como descuidada.
La ciudad de Visegrad, famosa por su puente otomano del siglo XVI –declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO–, es ahora notoriamente conocida por otra imagen: una espesa capa de basura que cubre el cauce del Drina. Plásticos, electrodomésticos, neumáticos e incluso animales muertos forman parte del desolador paisaje.
Un ciclo tóxico sin fin
Dejan Furtula, activista medioambiental y fundador del Eko Centar de Visegrad, describe la escena como una “película de desastre ecológico”. Y en realidad lo es.
“Esta es una catástrofe ecológica. El Drina está lleno de peces, y pueden imaginar las toxinas que se liberan aquí. Está prácticamente todo, es un gran desastre”, declara en una entrevista reciente.
Lo preocupante es que este fenómeno ya no sorprende a nadie: ocurre cada año, al ritmo de lluvias estacionales que arrastran cantidades enormes de desechos desde vertederos ilegales situados en las riberas de afluentes pequeños en Bosnia, Serbia y Montenegro.
De la promesa a la espera eterna
En 2019, se celebró en Visegrad una reunión de alto nivel entre ministros de Medio Ambiente de Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro. Se tomaron fotos, se emitieron comunicados de intención y se habló de cooperación transfronteriza para abordar la situación. Cinco años después, la basura sigue llegando.
“Esto demuestra que no hay voluntad política real”, subraya Furtula. “Las instituciones se reúnen, prometen, pero al final todo se queda igual”.
El problema parece incomodar a todos, pero no ser responsabilidad de nadie. “Viene de tres países... Pero ninguno admite que es suyo”, dice el activista.
Entre residuos y enfermedad
En medio de la basura, se pueden encontrar residuos médicos. Este es un tema particularmente preocupante, ya que la exposición prolongada a estos materiales puede representar un grave riesgo para la salud de los residentes locales. Y lo que no queda en el agua, es quemado lentamente en el vertedero de la ciudad, produciendo micropartículas tóxicas que contaminan el aire de Visegrad.
Así, se forma un ciclo vicioso de contaminación multimodal: el agua intoxica la vida acuática, el aire envenena a los ciudadanos y la tierra queda estéril o peligrosa.
¿Por qué sí importa la Drina?
El Drina forma parte del ecosistema del Danubio, considerado vital para la biodiversidad de Europa del Este. La calidad de sus aguas afecta no sólo a Bosnia, sino a toda la región. Por eso, la contaminación que aquí ocurre repercute más allá de fronteras visibles.
Además, el Drina es un atractivo turístico clave, especialmente en verano, cuando miles de personas hacen rafting por sus aguas. El ecoturismo representa una vía importante para el desarrollo económico sostenible en esta zona históricamente afectada por la guerra y el desempleo. Destruir el Drina es cerrar una de las puertas al progreso.
Bosnia, Europa y la deuda ambiental
Desde la firma de los Acuerdos de Dayton (1995), que pusieron fin a la devastadora guerra en la ex Yugoslavia, Bosnia y gran parte de los Balcanes Occidentales luchan por alcanzar los estándares políticos, sociales e incluso ambientales de la Unión Europea.
De hecho, cumplir con estándares ambientales de la UE es un requisito indispensable para aspirar al ingreso en el bloque. No obstante, los gobiernos locales todavía no han demostrado la seriedad suficiente para abordar robustamente problemas estructurales como:
- La inexistencia de sistemas de saneamiento adecuados en muchas áreas rurales.
- La persistencia de vertederos ilegales sin control institucional.
- La falta de campañas públicas de educación ambiental.
- La ausencia de sistemas regionales de recogida de residuos eficaces.
Mientras tanto, ciudades como Sarajevo o Belgrado encabezan regularmente las listas de aire más contaminado del continente, especialmente en invierno.
El cambio climático complica la ecuación
Con el calentamiento global intensificando las lluvias estacionales y aumentando la frecuencia de tormentas, el problema se agrava. De hecho, hace pocas semanas, una tormenta azotó la península ibérica dejando al menos dos muertos en Portugal y cortes de energía masivos en España. El denominador común: ríos desbordados, infraestructura mal preparada y personas atrapadas en sus vehículos o viviendas.
La historia se repite. En la ciudad portuguesa de Alcácer do Sal, el río Sado alcanzó los dos metros de altura, inundando el centro urbano. En Andalucía, España, más de 4.000 personas fueron evacuadas por peligro de deslizamientos e inundaciones.
Lo que ocurre en los ríos de Bosnia, España o Portugal no es un fenómeno aislado, sino parte de una nueva dinámica climática global que exige cooperación transfronteriza, inversión sostenida y acción ciudadana.
¿Qué se puede hacer?
Expertos como Furtula ha propuesto soluciones viables pero ignoradas:
- Mapeo de vertederos ilegales y su posterior eliminación.
- Instalación de barreras y cámaras de seguridad en municipios clave antes de que la basura llegue al Drina.
- Cambio en la legislación que responsabilice financieramente a los municipios que no controlen sus residuos.
- Campañas permanentes de educación ambiental y reciclaje en toda la región.
Además, la presión internacional tiene un papel importante que jugar. La UE podría utilizar su influencia para priorizar estos temas en la agenda de adhesión de países candidatos, asignando también recursos ampliados para programas de saneamiento.
¿Y los ciudadanos?
Por último, la ciudadanía debe asumir una parte activa en esta lucha: exigir a sus gobiernos respuestas, apoyar proyectos comunitarios de limpieza, reducir el consumo de plásticos y participar en campañas de protesta o visibilización.
La basura en el Drina es símbolo de un problema estructural y regional, pero también una oportunidad para trazar un camino hacia la sostenibilidad colaborativa.
Como dijo Furtula: “Todos miran hacia otro lado, pero el río sigue ahí, acumulando todo lo que nadie quiere asumir”.
