Los ríos que mueren: la lucha del salmón, las represas y el legado ambiental del noroeste de EE.UU.

Tras el colapso de un histórico acuerdo ambiental, los tribunales vuelven a ser el campo de batalla para definir el futuro del salmón y los pueblos originarios en la cuenca del Columbia

Una cuenca en crisis

La cuenca del río Columbia, uno de los sistemas fluviales más importantes de América del Norte, enfrenta lo que científicos y grupos ecologistas califican como una emergencia sin precedentes. Durante décadas, esta vasta red de ríos —que se extiende por más de 668,000 km², un área comparable al tamaño de Texas— ha sido el hogar de decenas de especies de peces migratorios, entre ellas el salmón y el steelhead. Hoy, este patrimonio natural y cultural está al borde del colapso.

Cuatro de las dieciséis especies originales de salmón y steelhead están extintas, mientras que otras siete están clasificadas como amenazadas o en peligro de extinción, de acuerdo con el National Wildlife Federation. Esta grave disminución no sólo afecta a los ecosistemas, sino también a las comunidades indígenas que han dependido del salmón para su alimentación, economía, espiritualidad y cultura durante milenios.

El acuerdo que pudo ser (y Trump desmanteló)

En 2023, la administración de Joe Biden firmó el Acuerdo de la Cuenca del Columbia Resiliente con los estados de Washington y Oregón, junto a las tribus Nez Perce, Yakama, Umatilla y Warm Springs. El pacto, que prometía la inversión de $1,000 millones en diez años, buscaba impulsar proyectos de energía limpia tribal y restaurar hábitats acuáticos clave para la supervivencia del salmón.

No obstante, la llegada de Donald Trump a la presidencia en 2025 cambió todo. Calificando el acuerdo como parte de un supuesto “radicalismo ambiental”, su administración lo desechó en junio del mismo año. Según la Casa Blanca, el trato ponía en peligro la estabilidad energética y las operaciones de las represas hidroeléctricas. La consecuencia inmediata: el colapso de una hoja de ruta que había servido para suspender un prolongado litigio legal sobre las operaciones de las represas.

Las represas: ¿progreso o condena?

Los opositores a modificar las operaciones de ocho represas clave argumentan que estas infraestructuras son fundamentales para la economía local. Entre ellas están las represas de Ice Harbor, Lower Monumental, Little Goose y Lower Granite en el río Snake, y las de Bonneville, The Dalles, John Day y McNary en el río Columbia.

Estas instalaciones, que datan en algunos casos de la década de 1930, proporcionan electricidad hidroeléctrica a millones de personas, facilitan la navegación para la agricultura y fueron históricamente importantes durante la Gran Depresión al generar empleo. Gracias a ellas, por ejemplo, Lewiston, Idaho, se convirtió en el puerto de mar más interior de la costa oeste de Estados Unidos.

Sin embargo, los efectos colaterales han sido devastadores. Las represas alteran el flujo natural de los ríos, cambian la temperatura del agua, destruyen hábitats de desove y representan obstáculos casi infranqueables para los salmones jóvenes, que deben migrar hacia el océano. Lo mismo sucede con adultos que retornan para reproducirse.

El argumento legal y el regreso a los tribunales

Con el acuerdo anulado, diversas organizaciones ambientalistas, pesqueras, y los gobiernos de Oregón y Washington han vuelto a recurrir al sistema judicial. Representados por el bufete sin fines de lucro Earthjustice, han solicitado una orden judicial preliminar para modificar de inmediato las operaciones de las represas.

¿Qué piden exactamente? Principalmente dos cosas: reducir los niveles de agua de los embalses —lo que acelera el paso de los peces aguas abajo— e incrementar el volumen de agua que se libera o “derrame”, permitiendo que los salmones juveniles eviten las turbinas, que son letales para muchas crías. La audiencia legal se llevó a cabo en la Corte de Distrito de EE.UU. en Portland el pasado viernes.

El gobierno federal ha respondido diciendo que la propuesta es un intento de “usurpar el control” sobre las represas, lo que pondría en peligro su operación segura y eficiente. Además, argumenta que cualquier modificación podría incrementar considerablemente las tarifas de electricidad.

Voces tribales: cultura, resistencia y ciencia

Para las tribus del noroeste del Pacífico, esta lucha no es nueva ni pasajera. “Estamos regresando a los tribunales porque la situación de los salmones y steelhead es desesperada”, declaró Kristen Boyles, abogada principal de Earthjustice en el caso. “Hay poblaciones al borde de la extinción, y el salmón es parte central de la vida e identidad tribal en el noroeste”.

Desde tiempo inmemorial, las tribus del río Columbia vieron en el salmón más que una fuente de sustento: lo consideran un pariente espiritual, símbolo de renovación y abundancia. Los tratados firmados con el gobierno estadounidense en el siglo XIX garantizan su derecho a pescar en sus territorios ancestrales, lo que añade un componente de justicia histórica a esta disputa legal.

“No se trata solo del salmón. Esta es una cuestión de soberanía, de supervivencia espiritual y de obligación intergeneracional”, declaró un representante de la Nación Nez Perce, una de las principales impulsoras del litigio.

Impacto ecosistémico: el efecto dominó

La disminución del salmón tiene consecuencias que trascienden su propia especie. Un ejemplo concreto es el de las orcas residentes del sur, una población emblemática del noroeste del Pacífico que también está en peligro de extinción. Estas orcas se alimentan casi exclusivamente de salmón chinook, la especie más grande y energética. Sin suficiente alimento, las hembras tienen tasas muy bajas de natalidad y mortandad elevada en crías.

Además, el salmón es un vector crucial de nutrientes marinos hacia los bosques templados de lluvia. Animales como osos, aves rapaces, linces y nutrias se alimentan de los peces que completan su migración, y los restos de los salmones fertilizan el suelo cuando mueren en los ríos donde nacieron. Este sistema alimentario interconectado es único —y está siendo erosionado por cada generación de salmones que no logra sobrevivir.

La política detrás del ecocidio

La anulación del acuerdo de 2023 por parte de la actual administración de Trump fue recibida con alarma tanto nacional como internacional. Si bien el expresidente ha justificado la acción como una medida para proteger los intereses económicos del país, muchos expertos argumentan que se trata de un sesgo ideológico y cortoplacista.

“Las inversiones en restauración ecológica y energía limpia no son radicales. Son necesarias si queremos evitar un colapso ambiental y diversificar nuestra matriz energética”, dijo en 2023 Jennifer Granholm, entonces secretaria de Energía, cuando aún respaldaba el pacto.

El gobierno de Trump ha defendido sistemáticamente una visión centrada en la explotación de combustibles fósiles y la desregulación ambiental, lo cual genera profundas tensiones con comunidades científicas, pueblos indígenas y sectores de energía renovable.

¿Y si el salmón se extingue?

Si las poblaciones de salmón y steelhead desaparecen, las consecuencias serían catastróficas. Además de la pérdida irremplazable de biodiversidad, ocurriría un colapso cultural sin precedentes entre las comunidades indígenas del noroeste. Económicamente, también sería un golpe letal para la pesca comercial y deportiva, que representaba más de $80 millones anuales en la región hace apenas dos décadas.

La pregunta clave es si los gobiernos estatales, federales y tribales lograrán forjar un nuevo acuerdo a tiempo, o si los tribunales deberán dictar medidas que, si bien necesarias desde el punto de vista ecológico, generarán una fuerte resistencia económica y política.

¿Un futuro con esperanza?

A pesar de la tensión, hay oportunidades de reconciliación. Diversos estudios científicos, incluidos los de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), han concluido que se puede mejorar la supervivencia del salmón sin apagar por completo la generación hidroeléctrica si se modulan los volúmenes de agua, se construyen vías migratorias más efectivas y se restaura el hábitat natural.

En última instancia, salvar el salmón no es solo una cuestión ambiental. Es también una decisión sobre el tipo de país que Estados Unidos quiere ser: ¿uno que honra sus tratados y protege su patrimonio natural? ¿O uno que prioriza intereses económicos a corto plazo sobre la vida en todas sus formas?

Las próximas decisiones judiciales podrían definir esto por generaciones.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press