Sudán, Nigeria y el ascenso del caos: ¿el nuevo rostro del colapso africano?

El hambre implacable en Darfur, la ofensiva islamista en Nigeria y la fragilidad de los derechos humanos en Asia reflejan una crisis global que exige atención inmediata

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África y Asia enfrentan batallas interconectadas, aunque geográficamente distantes. Desde los campos de refugiados saqueados en Sudán hasta pueblos arrasados por grupos islamistas en Nigeria, el continente africano vive una etapa crítica de violencia extrema, desinformación e indiferencia internacional. En paralelo, Asia experimenta una regresión en materia de derechos humanos mientras el poder económico sigue concentrándose en manos de unos pocos. En este artículo de análisis profundo, abordaremos estas múltiples crisis que delinean un escenario global de extrema fragilidad y que exigen un nuevo enfoque internacional.

Sudán: El hambre como arma de guerra

Sudán está experimentando lo que los órganos humanitarios internacionales califican como una de las peores crisis del siglo XXI. La guerra entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) ha provocado el colapso del suministro de alimentos, agua y servicios básicos, particularmente en la región occidental de Darfur, donde el hambre ya ha sido oficialmente clasificada como hambruna por el sistema IPC (Integrated Food Security Phase Classification).

  • Más de 40,000 personas han muerto desde abril de 2023, según estimaciones de la ONU.
  • 14 millones han sido desplazadas, generando una de las peores crisis de refugiados contemporáneas.
  • En algunas zonas como Umm Baru, el 53% de los niños menores de 5 años sufren desnutrición aguda.

El colapso de El Fasher, capital de Darfur del Norte, marcó un punto de inflexión. Su caída frente a las RSF en 2025 provocó una oleada de desplazados y la ruptura de las cadenas de suministros humanitarios. El asedio de otras ciudades como Kadugli sigue dificultando la distribución de alimentos.

“Una tregua inmediata y sostenida es esencial para evitar más muertes por hambre”, advierte el reporte del IPC con sede en Roma.

El infierno en Kouik: una guerra que ataca los centros médicos

Como reflejo del deterioro brutal del conflicto, un ataque perpetrado por las Fuerzas de Apoyo Rápido contra un hospital en Kouik, en Kordofán del Sur, dejó 22 muertos, entre ellos personal médico. El ataque no solo cierra otro centro esencial para una población en emergencia, sino que refuerza el patrón de que los hospitales han sido blancos sistemáticos del conflicto.

Organizaciones como Sudan Doctors' Network denuncian que muchos centros ya no pueden operar por falta de suministros, protección o personal médico. Mientras, la ONU y EE.UU. lanzaron el nuevo Fondo Humanitario de Sudán con una promesa conjunta de 700 millones de dólares para enfrentar la emergencia estructural del país.

Nigeria: fanatismo islamista y colapso estatal

En el oeste de Nigeria, específicamente en el estado de Kwara, la violencia islamista tomó una nueva y aterradora dimensión. Un ataque reciente en dos aldeas, Woro y Nuku, causó la muerte de 162 personas en una sola jornada. La masacre fue ejecutada por grupos extremistas como Boko Haram o la facción local del Estado Islámico, Lakurawa.

Estos asesinatos fueron cometidos, según el gobierno nigeriano, contra comunidades que rechazaron la interpretación radical del islam. Las aldeas eran predominantemente musulmanas, lo que contradice nociones simplistas sobre el conflicto: “La mayor parte de las víctimas del extremismo en Nigeria son musulmanes,” explica James Barnett del Hudson Institute.

Operación ‘Savannah Shield’: ¿una solución militar insuficiente?

En respuesta a estas masacres, el presidente Bola Tinubu anunció la creación de una nueva fuerza militar para desplegarse en la región: el batallón de Operación Savannah Shield. Esta ofensiva, sin embargo, ha sido recibida con escepticismo.

“Este despliegue llega demasiado tarde. Lleva años creciendo la presencia de células islamistas en Kwara, pero el Estado no ha actuado con firmeza”, denuncian activistas locales.

Mientras tanto, la zona se perfila como un nuevo frente para el yihadismo africano. Se suma a regiones ya golpeadas como Borno, el noreste del país, o la región del Sahel, donde el terrorismo ha provocado desplazamientos y crisis humanitarias masivas.

La difícil alianza Nigeria-Estados Unidos

Aunque exmandatarios como Donald Trump han usado el conflicto nigeriano para afirmar que la persecución de cristianos es generalizada, los datos desmienten esa narrativa. La colaboración entre Estados Unidos y el ejército nigeriano ha generado algunas mejoras puntuales, como ataques aéreos contra grupos extremistas. Sin embargo, la fragilidad estatal y la desconfianza en las fuerzas de seguridad hacen del modelo una estrategia parcial.

Asia: los derechos humanos al filo del abismo

Mientras África sufre una deriva violenta, Asia tampoco encuentra estabilidad. Un demoledor informe de Human Rights Watch denuncia que varios gobiernos de la región han intensificado la represión, limitando libertades básicas y debilitando las luchas contra la desigualdad y el abuso laboral.

Casos puntuales como los de Camboya, Laos y Myanmar muestran cómo las redes criminales organizaron “centros de estafa cibernética” donde miles de personas, muchas veces migrantes engañados, trabajan como esclavos modernos para estafar a otras víctimas en el extranjero.

En Myanmar, el golpe de Estado de 2021 y la actual guerra civil no solo han desplazado a 3.6 millones de personas, sino que han transformado al país en el mayor productor de opio del mundo y un hervidero del narcotráfico regional.

Progreso entre sombras: la resistencia de la juventud

A pesar del autoritarismo reinante, hay señales de resistencia. En países como Corea del Sur y Bangladesh, la presión popular consiguió revertir decisiones antidemocráticas. El alcance de los movimientos juveniles es limitado, pero su impacto simbólico y político es profundo.

“La gente sabe cuando vive bajo gobiernos injustos. Y están dispuestos a salir a las calles para cambiarlo,” asegura Elaine Pearson, directora asiática de Human Rights Watch.

Un llamado global: de la indiferencia a la acción

Lo que ocurre en Nigeria, Sudán y Asia no son episodios aislados, sino reflejos de un mundo donde la impunidad, el extremismo y la avaricia ganan terreno. Con más de 70 conflictos armados activos en el mundo y una cifra récord de desplazados —más de 110 millones según ACNUR (2023)— es imprescindible reimaginar la cooperación internacional.

El hambre, el terrorismo, la corrupción y la represión no conocen fronteras. Pero tampoco debería conocerlas la solidaridad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press