Temporales, evacuaciones masivas y un cambio climático implacable: El caso de Marruecos

Más de 140,000 evacuados, ciudades inundadas, cultivos arruinados y una lección urgente sobre la gestión del agua en tiempos extremos

Una catástrofe natural sin precedentes sacude el noroeste de Marruecos, donde intensas precipitaciones combinadas con el desborde de represas obligaron a más de 140,000 personas a abandonar sus hogares. Ciudades como Ksar El Kebir —conocida por su industria azucarera— están prácticamente deshabitadas, escenificando una crisis que es tanto ambiental como humana.

La tormenta perfecta: lluvias torrenciales y represas al límite

El Ministerio del Interior marroquí confirmó que cerca de 143,164 personas fueron evacuadas en las últimas semanas. Los niveles de agua subieron abruptamente en ríos como el Loukkous, produciendo inundaciones en múltiples localidades y desplazando comunidades enteras. La represa Oued Al Makhazine, una de las más grandes de Marruecos, se vio forzada a liberar más de 372 millones de metros cúbicos de agua, superando su capacidad crítica en un 46%.

“Casi todos se fueron”: el testimonio de Ksar El Kebir

Mohamed El Hachimi, residente de Ksar El Kebir desplazado por las inundaciones, declaró ante medios locales: “Casi todos se fueron… El temor ahora es la represa, que ha superado su capacidad máxima y la lluvia no cesa”. Con el 85% de la población evacuada, la otrora bulliciosa ciudad presenta calles desiertas, viviendas dañadas y un silencio que pesa más que las aguas que la cubren.

Imágenes de destrucción y esperanza

Videos difundidos por residentes muestran casas colapsadas, deslizamientos de tierra y maquinaria pesada intentando despejar caminos obstruidos en la zona rural de Bni Zid. Mientras tanto, el ejército y la Protección Civil han establecido refugios temporales y están liderando las misiones de rescate y asistencia humanitaria masiva.

Una paradoja climática: lluvia tras años de sequía

Paradójicamente, esta devastadora lluvia también marcó el fin de una sequía de siete años. Marruecos ha registrado 150 milímetros de lluvia en seis meses, un 32.5% más que el promedio anual, de acuerdo con la Dirección Nacional de Meteorología. Este abrupto aumento ha sido calificado de “condiciones excepcionales” por las autoridades, quienes han emitido alertas rojas por más precipitaciones venideras.

Algunos embalses, si bien han colapsado, han asegurado un año entero de abastecimiento de agua potable para varias regiones, lo que evidencia el desafío de equilibrar entre escasez e inundación en un país donde el agua se ha convertido en un recurso político, económico y estratégico esencial.

Efectos colaterales: más allá de la emergencia

  • Agricultura afectada: se reportan daños severos en cultivos clave como aguacates, papas y olivos.
  • Infraestructura colapsada: carreteras cerradas, barrios bajo el agua y el servicio ferroviario detenido en múltiples líneas del norte.
  • Tráfico marítimo interrumpido: el flujo de pasajeros y mercancías entre Marruecos y España quedó paralizado temporalmente.

Una lección de resiliencia y preparación

Marruecos ha sido históricamente un país altamente vulnerable al cambio climático. El Banco Mundial incluye al país entre los más expuestos a los riesgos hídricos extremos. En su Plan Nacional del Agua 2020–2050, el gobierno marroquí estimó una inversión de más de 40,000 millones de euros para garantizar la seguridad hídrica en el país. Sin embargo, fenómenos como el actual demuestran la urgencia de acelerar estos planes.

¿Qué está fallando?

Las críticas se centran en la pobre previsión climática, insuficientes planes de absorción río abajo y una infraestructura hídrica mal distribuida. Algunos expertos, como el hidrogeólogo Omar Rami, sostienen que muchas represas fueron “diseñadas para otras condiciones climáticas” y ya no son adecuadas ante las nuevas realidades.

“No solo se trata de almacenar agua, sino de saber cuándo y cómo liberarla sin poner en peligro vidas humanas ni territorios enteros,” explica Rami.

Migraciones climáticas: un fenómeno en crecimiento

Las más de 140,000 personas desplazadas en Marruecos son una muestra concreta del fenómeno de las migraciones climáticas internas, un problema que se vislumbra como la próxima gran crisis humanitaria del siglo XXI. Naciones Unidas estima que, a nivel global, más de 200 millones de personas podrían verse forzadas a abandonar sus hogares por causas climáticas hacia 2050.

Lo que hoy vive Marruecos podría replicarse con igual o mayor intensidad en regiones costeras y fluviales de otros países del Mediterráneo si no se actúa rápidamente.

El dilema de los agricultores

Uno de los sectores más afectados han sido sin duda los agricultores. Muchos de ellos habían sobrevivido al largo periodo de sequía vendiendo ganado o endeudándose para sembrar, confiando en las lluvias. Ahora han perdido todo por el exceso de agua. “Es como morir de sed, y después ahogarse en agua bendita”, dijo con amargura uno de ellos a medios locales.

¿Qué lecciones deja el desastre actual?

  • Infraestructura climática adaptativa: urge una red de presas y canales con capacidad de adaptación dinámica a cambios climáticos y precipitaciones irregulares.
  • Educación y alerta temprana: implementar sistemas efectivos de alerta y evacuación podría haber reducido los riesgos en zonas como Ksar El Kebir.
  • Política transversal del agua: incluir al sector agrícola, urbano e industrial en una gestión integral de aguas que contemple tanto escasez como exceso.

Un futuro incierto, pero no inevitable

Las tragedias naturales en sí mismas no son siempre evitables, pero sus consecuencias pueden reducirse con planificación, ciencia y conciencia social. Marruecos enfrenta ahora el reto de reconstruir comunidades, restaurar cultivos y modernizar su sistema hídrico. Pero también tiene la oportunidad de convertirse en un líder africano en gestión hídrica inteligente.

En palabras del climatólogo francés Jean Jouzel: “El clima del siglo XXI requiere decisiones del siglo XXI. Cada desastre es una alerta, no un destino final.”

Que Marruecos tome nota. Y el resto del planeta también.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press