60 Super Bowls, una sola pasión: la historia del club que nunca faltó al gran juego
Tres amigos octogenarios han asistido a todos los Super Bowls desde 1967. Esta podría ser la última vez que lo hagan juntos.
La historia del Super Bowl no solo se escribe con touchdowns y trofeos. También se escribe con lealtad, pasión y un grupo muy selecto de fanáticos que, contra todo pronóstico, se han mantenido firmes año tras año. Este es un homenaje a ellos.
Un club único en el mundo
Don Crisman (Maine), Tom Henschel (Florida) y Gregory Eaton (Michigan) tienen algo en común: los tres son los únicos miembros sobrevivientes del exclusivo club de personas que han asistido a todos los Super Bowls desde el primero, en enero de 1967. Una hazaña impresionante si consideramos los más de 60 años de historia que tiene el evento más icónico del deporte estadounidense.
“No sería el Super Bowl si no estuviéramos los tres”, dice Crisman, de 89 años, quien fue acompañado este año por su hija, Susan Metevier. A pesar del cariño por el evento, él mismo reconoce que este sería su último viaje: “Hemos llegado hasta los 60, es suficiente”.
Una amistad forjada en la pasión
Los tres hombres comenzaron a asistir por separado, pero sus caminos se cruzaron en diferentes ediciones del partido. Crisman y Henschel se conocieron en el Super Bowl de 1983, mientras que Eaton se unió más tarde, en la década del 2010. Desde entonces, han compartido una camaradería que trasciende el deporte, a pesar de tener equipos rivales (Pittsburgh Steelers para Henschel y New England Patriots para Crisman).
“Lo que más espero es ver a mis amigos una vez más”, dijo Henschel, que recientemente sufrió un derrame cerebral y ha visto reducida su movilidad. Aun así, no quiso perderse esta ocasión.
Más allá del juego: el valor sentimental
Los recuerdos de esta tradición no solo están en las jugadas memorables, sino en las vivencias que los rodearon. Crisman recuerda su viaje en tren de 24 horas para ver el Super Bowl de 1968 en Miami. Henschel consiguió una entrada por 12 dólares el mismo día del juego en 1969. Por su parte, Eaton, quien es afroamericano, recuerda los tiempos antes de que Doug Williams se convirtiera en el primer mariscal de campo negro en ganar un Super Bowl en 1988, marcando un punto de inflexión en la inclusión racial en la NFL.
El precio de la pasión
Asistir al Super Bowl ya no es lo que era en cuestión de presupuesto. Un viaje hoy puede costar hasta $10,000 dólares. Crisman solía permanecer una semana en la ciudad sede para disfrutar de toda la parafernalia. Ahora, la visita se ha reducido a tres o cuatro días centrados netamente en el juego.
Eaton, el único de los tres que aún no está jubilado y que tiene una empresa de transporte en Detroit, dice que seguirá asistiendo mientras tenga salud y medios. Su sueño aún por cumplir: ver algún día a sus amados Detroit Lions llegar al Super Bowl.
Una historia familiar
Para la familia de estos fanáticos, la tradición también se ha convertido en herencia. La hija de Crisman, Susan, dijo que considera el viaje con su padre como un momento “agridulce”. “No se trata solo del fútbol americano, es algo más. Es crear memorias.”
Su hijo, Don Crisman Jr., también apoya esta tradición: “Está un poco mayor, pero si yo pudiera todavía moverme y tuviera la oportunidad de ir, iría sin pensarlo.”
¿El fin del club?
En sus comienzos, el “Never Miss a Super Bowl Club” incluía no solo aficionados, sino también empleados de la NFL, fotógrafos, ejecutivos e incluso el encargado del césped. Sin embargo, la edad ha reducido este club a solo tres miembros. Uno de los que también formaba parte, el fotógrafo John Biever, confirmó que dejará de asistir después de 60 ediciones.
La permanencia de este club depende ahora de la persistencia de Gregory Eaton, que con 86 años continúa reinando como el último en pie dispuesto a seguir asistiendo al evento, pase lo que pase.
Un legado imborrable
El valor sentimental que estos hombres y sus familias asocian con el Super Bowl es un testimonio del poder de los rituales en las vidas humanas. A través de las décadas, con guerras, crisis económicas, cambios de presidentes y pandemias, estos tres amigos se aseguraron de estar en el lugar adecuado, en el momento justo: el día del Super Bowl.
El Super Bowl, más que un juego
Desde aquel lejano primer touchdown lanzado por Bart Starr a Max McGee hace casi seis décadas hasta las modernas ofensivas lideradas por Patrick Mahomes, el Super Bowl ha evolucionado en todos los aspectos. Pero algo permanece constante: su capacidad para aglutinar historias humanas llenas de perseverancia, amistades duraderas y pasión sin medida.
“Hemos vivido épocas en las que los boletos costaban lo que vale un almuerzo hoy día”, recuerda Crisman entre risas. “Pero lo que no ha cambiado es el sentimiento cuando entras al estadio y escuchas el himno nacional. Es mágico”.
¿El último viaje?
Quizás este año haya sido la última vez que los tres amigos se encuentren bajo las luces del espectáculo más visto del mundo. Pero como bien dicen todos, no se trata solo de asistir a un evento deportivo, se trata de compromiso, memoria y amor por una tradición compartida.
Estos “tres mosqueteros del Super Bowl” nos enseñan que la verdadera historia del fútbol americano no solo se cuenta desde el campo, sino también desde las gradas, con aquellos que nunca dejaron de creer.
“No importa quién gane el partido. Para mí, cada Super Bowl fue una victoria solo por estar ahí”. - Don Crisman
